Unión Europea: paradigma de proyecto fallido

La política es, demasiado a menudo, el arte de traicionar los intereses reales y legítimos para crear otros imaginarios e injustos

Arturo Graf

Geográficamente hablando, y muy a grandes rasgos, Europa es un continente ubicado enteramente en el hemisferio norte y mayoritariamente en el hemisferio oriental. En tamaño, es el segundo continente más pequeño del mundo tras Oceanía, con una extensión de 10.530.751 km², representando el 7 % de las tierras emergidas, y sin embargo es uno de los más importantes e influyentes en los negocios del mundo, con una población estimada a inicios de este año 2023 de casi 749 millones de habitantes. Geográficamente, el continente es bastante complejo y, a pesar de su pequeño tamaño, presenta una gran variedad de paisajes. Europa está dividida políticamente en 50 Estados soberanos, 6 Estados con reconocimiento limitado y 5 territorios dependientes de Reino Unido. En lo que a geopolítica y economía se refiere, Europa, o más propiamente dicho, la Unión Europea, es una comunidad política de derecho constituida en régimen sui generis , compuesta por veintisiete Estados europeos y establecida con la entrada en vigor del Tratado de Maastricht el 1 de noviembre de 1993.

Mapa físico de Europa. Imagen tomada de contenidos.educarex.es
Mapa político de Europa. Imagen tomada de agrega.juntadeandalucia.es

Cuna de las potencias coloniales en la historia del mundo, Europa se lanzó a la conquista militar de nuevos territorios desde finales del siglo XV, con España como pionera bajo la voluntad de los Reyes Católicos y su almirante Cristóbal Colón con el descubrimiento de las Américas, continuando este colonialismo en el siglo XVI, llevado a cabo a cabo por los imperios español y portugués, seguidos por ingleses, franceses y holandeses.

Entre 1870 y 1914, la denominada Segunda Revolución Industrial propició una oleada de innovaciones científicas y tecnológicas que transformaron la economía y la sociedad europea, culminando con el ascenso de Francia y Alemania -y también de Estados Unidos- como potencias económicas junto con Gran Bretaña, favoreciendo así la conquista de extensos territorios en todo el mundo. Los principales países colonialistas en esa época fueron, aparte de los ya citados, Bélgica, España, Portugal, Italia, Rusia, Dinamarca y Países Bajos. Las causas de este colonialismo fueron principalmente tecnológicas y económicas, influyendo además factores políticos y culturales.

La fundación de Santiago, óleo de 1898, de Pedro Lira Rencoret. Museo Histórico Nacional, Santiago de Chile

La organización que se convertiría en la Unión Europea se creó en el período de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial con el fin de acabar con los frecuentes y sangrientos conflictos que culminaron en ésta, cuando los políticos europeos iniciaron el proceso de construcción de la llamada Comunidad Europea del Carbón y del Acero, fundada en 1951, constituyendo un importante paso para garantizar una paz duradera.

Estos inicios consistieron en impulsar la cooperación económica, ya que, según la versión oficial, «el comercio produce una interdependencia entre los países que reduce las posibilidades de conflicto». Así, en 1957 Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos, miembros fundadores, firmaron los Tratados de Roma, estableciendo así la Comunidad Económica Europea (CEE) y una nueva era de cooperación cada vez más estrecha en Europa. Desde entonces, se han adherido veintidós países más -aunque en 2020 el Reino Unido salió de la UE- y se ha creado un mercado interior.

La Unión Europea, en su página web oficial, establece sus objetivos y valores, que para no reflejarlos todos al completo y meter demasiada literatura en el artículo, tan solo recogeré aquí el Artículo 2 del Tratado de Lisboa, que reza así: “La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres”.

Disturbios y graves enfrentamientos en Suecia debido a diferencias religiosas. Imagen tomada de bbc.com
Suecia está siendo desestabilizada por la inmigración de refugiados musulmanes. La Policía pide ayuda y solo es cuestión de tiempo para que el país necesite una intervención de sus fuerzas militares para evitar una catástrofe humanitaria. Imagen tomada de infobae.com
La pobreza en Europa. Imagen tomada de lavozdegalicia.es

Desde su fundación, la organización ha evolucionado y ha ido creciendo institucionalmente con el paso de las décadas, sorteando con más o menos éxito algunos baches históricos como la construcción del muro de Berlín en agosto de 1961, la revuelta estudiantil en París de mayo de 1968, la Primavera de Praga en agosto de ese mismo año, la crisis del petróleo de 1973, la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, la desintegración de la Unión Soviética el 25 de diciembre de 1991, la división de Yugoslavia también ese año -dando origen a una década de sangrientos conflictos en los Balcanes-, la creación del euro el 1 de enero de 1999 -esto puede ser considerado como la ruina de muchísimos ciudadanos europeos-, los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, la brutal crisis financiera de 2008 que sacudió la economía mundial y que se prolongaría durante años, los ataques terroristas en Europa a partir de noviembre de 2015, los millones de solicitudes de asilo en Europa en diciembre de 2015, la crisis de la pandemia de COVID-19 que sacudió al mundo en 2020, la salida de Reino Unido de la Unión Europea el 31 de enero de 2020 y la invasión por parte de Rusia a Ucrania en Febrero de 2022.

Sin embargo, y pese a haber salido relativamente airosa de todos estos eventos, ha sido durante la crisis de la pandemia y en la guerra de Ucrania cuando Europa ha mostrado sus debilidades y fragilidad, además de airear de una forma vergonzosa sus puntos débiles, sus precariedades y sus deficiencias. Así, cuando se suponía que debía darse una respuesta unida y desde un frente común durante las primeras semanas de la pandemia, y estoy seguro que usted que lee estas líneas lo recordará tan bien como yo que las escribo, las soluciones y actuaciones frente a la crisis fueron dispares, independientes, cada país se limitó a cerrar fronteras y a hacer la guerra por su cuenta sin tener en consideración al vecino y ni mucho menos a sus lejanos socios de la Unión. Y empezaron a crearse enfrentamientos y a llover puyas entre países, tensionando al límite muchas de las estructuras políticas que dan forma a nuestra sociedad por la incapacidad de llegar a un acuerdo entre todos los países miembros, poniendo de manifiesto la división Norte-Sur (ricos-pobres) y haciendo saltar las costuras del proyecto europeo.

Imagen tomada de epe.es

Wopke Hoekstra, ministro de Finanzas de los Países Bajos entre 2017 y 2022, dijo que Bruselas debía investigar a países como España por no tener margen presupuestario para luchar contra el coronavirus, pese a que la zona euro creció en los últimos siete años. Y siendo objetivos, no le faltaba razón. José Luis Rodríguez Zapatero había arruinado a España con sus políticas socialistas, Mariano Rajoy lo había sustituido, pero tal era el desaguisado que le había dejado su antecesor que, si bien la economía mejoró en general, no le dio tiempo a recuperarse en su totalidad. Y después vino otra vez el PSOE, esta vez con Pedro Sánchez, y todos sabemos el curso que sigue esa historia: España volvió a caer en las garras de las políticas socialistas, hundiéndose nuevamente y… lógicamente no pudiendo hacer frente a una crisis como la de la pandemia. En el fondo, Wopke Hoekstra tenía razón.

Wopke Hoekstra, ministro de Finanzas de los Países Bajos entre 2017 y 2022. Imagen tomada de elconfidencial.com

Producto de los conflictos internacionales que se desarrollan en la actualidad, la crisis migratoria ha atacado a los países miembros de la Unión Europea de manera elevada desde el año 2015, dejando a la vista los engaños y errores cometidos en las volátiles e impredecibles políticas migratorias y la necesidad de elaborar soluciones de manera coordinada que hagan frente a este fenómeno, teniendo en cuenta que la seguridad fronteriza es un tema que le compete a todos los Estados y precisa la disposición de toda la Unión para encontrar una solución a esta problemática común. Sin embargo, la realidad en lo referente a colaboración dista mucho de ser coordinada. Solo hay que ver algunos titulares de la prensa para comprender el gravísimo problema que supone este fenómeno, como este de okdiario.com de agosto de 2021 en el que se recoge que el CNI busca a contrarreloj a terroristas infiltrados entre los refugiados afganos que vendrían a España, o este otro de elconfidencial.com de noviembre de 2022 en que puede leerse que “la gestión del desembarco del Ocean Viking, una embarcación de la ONG francesa SOS Mediterranée, y que ha provocado un choque directo entre el Gobierno francés y el recientemente elegido Gobierno italiano ha vuelto a poner el foco sobre la gestión migratoria. Pero lo cierto es que los números justifican esa tensión: se trata de los mayores flujos desde el año 2017. Y, de nuevo, Europa no está preparada: el pacto migratorio que saltó por los aires en la crisis de 2015 no se ha sustituido y los Estados miembros siguen tan divididos y enfrentados por esta cuestión como durante los últimos años o incluso más”. Por cierto, al respecto del nuevo gobierno italiano de Giorgia Meloni, la actual presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijo que “deberá cumplir las normas, tenemos herramientas”. Lo dijo en tono amenazante una señora a la que no ha votado nadie pero que tiene potestad para decidir sobre la voluntad de los pueblos soberanos que conforman la Unión. Contradicciones de la muy mal llamada democracia y sus valores…

Imagen tomada de andina.pe

España también ha sufrido, como no, el infortunio y la desventura de la inmigración ilegal en sus fronteras. De todos los avatares soportados en las últimas décadas, es especialmente reseñable el acaecido en mayo de 2021, cuando a causa del deterioro de las relaciones diplomáticas entre España y Marruecos, después de que el primero admitiera el traslado del mayor representante del movimiento independentista saharaui Frente Polisario a un hospital español en La Rioja, las fuerzas de seguridad marroquíes situadas en las fronteras de Ceuta y Melilla relajaron, a modo de venganza, los mecanismos de control, produciéndose un cruce masivo por las playas emplazadas en los límites entre ambos países en dirección a estas dos ciudades de aproximadamente 8.000 inmigrantes ilegales, de los cuales 1.500 correspondían a menores de edad. Hasta la fecha, se trata de la entrada de personas por la frontera de forma irregular más numerosa en España.

Miembros del Ejército observan a un grupo de menores a su llegada a la playa de El Tarajal en Ceuta. Imagen tomada de vozpopuli.com
Según recoge este artículo de larazon.es, los menas magrebíes cometen el 80 % de los delitos en Barcelona según la Guardia Urbana. Imagen tomada de okdiario.com

El 2 de septiembre de 2023 hará 78 años que terminó la Segunda Guerra Mundial. Casi inmediatamente después comenzó la Guerra Fría, y desde entonces Europa no ha levantado cabeza. Un continente desangrado por dos superpotencias extranjeras, Estados Unidos y la Unión Soviética, cada una empujando desde frentes opuestos. En la actualidad, las previsiones no son ni mucho menos halagüeñas, ya que Europa se encuentra vapuleada en mitad de una guerra comercial que se está librando entre Estados Unidos y China. Esta última se está afianzando cada vez más en la escena internacional, se ha vuelto más agresiva dentro de su región, especialmente en el mar de la China Meridional, en la frontera con India o en el Tíbet, y no ha dudado en dejar de lado los compromisos internacionales con la imposición de la ley de seguridad nacional de Hong Kong. Por otro lado, Estados Unidos intenta tomar medidas para contener a China en términos de comercio, tecnología y seguridad. Se habla incluso de una nueva Guerra Fría de una naturaleza muy distinta. Por supuesto, en esta ocasión las circunstancias son diferentes, sobre todo porque la Unión Soviética nunca fue la potencia económica y tecnológica que sin duda es hoy China. En esta guerra sin ejércitos, las posiciones se están endureciendo y aumentan los defensores de la desconexión tanto en Washington como en Pekín. Esta rivalidad entre Estados Unidos y China probablemente será el principio rector dominante de la geopolítica mundial, y entre estos dos gigantes se encuentra Europa, prácticamente indefensa por culpa de sus políticas, con un futuro cuando menos incierto, y con una probabilidad preocupantemente alta de que llegue a producirse una explosión nuclear en suelo europeo derivada de la guerra en Ucrania.

Imagen tomada de bolsamania.com

Y hablando de la guerra de Ucrania -una guerra que se libra en el frente militar, pero también en el mediático, informático y económico-, muchos de los analistas de primer nivel no tienen ninguna duda de que Europa será una víctima más. Con el pretexto del conflicto, las principales potencias se han lanzado a una carrera de rearme, apostando por la extensión y prolongación de un conflicto que podría volverse incontrolable. Mientras tanto, llueven las sanciones económicas sobre Rusia por parte de Estados Unidos y Europa, aunque lo cierto es que Europa se verá mucho más afectada que la propia Rusia, ya que depende de las importaciones de productos energéticos, materias primas, fertilizantes y productos agrícolas del país sancionado. Rusia es algo así como la gasolinera del mundo, y no en vano, el 27 % del petróleo, el 46 % del carbón y el 40 % del gas en Europa provienen de Moscú, mientras que Estados Unidos importa solo el 8 % del petróleo, el 5 % del carbón y el 0,5 % del gas. No es de extrañar, pues, que a los americanos les interese prolongar la guerra de Ucrania cuanto más mejor, pues con esta situación pasa a ser el principal proveedor de gas y petróleo a Europa, mientras ésta anda sumida en una crisis energética, que se agudiza y crea incertidumbre, y económica -muchos expertos aseguran que el problema de la inflación persistirá durante años- sin precedentes.

Un hombre con un niño en brazos en el paso de Porubne, en la frontera entre Ucrania y Rumanía. Imagen tomada de okdiario.com
«Cada guerra es una destrucción del espíritu humano»
Henry Miller

Como no podía ser de otro modo, en una institución elefantiásica como la Unión Europea, con 50.000 funcionarios, una gigantesca maquinaria burocrática y una ineficacia más que probada en momentos y situaciones de emergencia crítica, no podían faltar la corrupción, los sobornos, la depravación y la podredumbre. El pasado mes de diciembre de 2022 se destapó un escándalo de corrupción relacionado con Qatar que sacudió el seno de la Unión Europea. El país árabe habría tratado de influir económica y políticamente en el Parlamento Europeo a través de importantes sumas de dinero. Eva Kaili, la ahora exvicepresidenta del Parlamento Europeo y una de las involucradas en el caso, fue cesada de manera fulminante como vicepresidenta de la Eurocámara.

La vicepresidenta del Parlamento Europeo, Eva Kaili, reunida con el ministro de Trabajo de Qatar, Ali bin Samikh Al Marri. Imagen tomada de elespanol.com

El escándalo comenzó a destaparse después de varios meses de sospechas por parte de la policía judicial federal de Bélgica, al tener indicios los investigadores de que un país del Golfo influía en las decisiones económicas y políticas del Parlamento Europeo, haciéndolo a través de sumas de dinero u ofreciendo importantes regalos a personas en una posición relevante en la Eurocámara. Y todavía hay quien habla de transparencia, de democracia, de libertades, de valores y otras patrañas por el estilo. Además, es más que probable que la tal Eva Kaili haya sido la cabeza de turco, la que ha pagado los platos rotos de una trama mucho más grande en la que estarían involucrados muchos otros personajes más poderosos que ella. Pero en un patético intento de dar la imagen de claridad y franqueza, han enviado a la cárcel a esta mujer seguramente prometiéndole pocos años de privación de libertad y un futuro asegurado a costa del bolsillo de todos los europeos. Para que no tire de la manta.

La imagen de Europa salió enormemente perjudicada de la pandemia que sacudió al mundo en 2020. La Unión Europea es un club meramente económico, aunque los demagogos de turno nos quieran vender lo contrario, y efectivamente ha habido quien ha sabido aprovechar esa oportunidad: Estados Unidos, China e incluso Rusia, esta última socavando su credibilidad más aún si cabe con la guerra de Ucrania.

La Unión Europea se enfrenta a diferentes crisis dentro y fuera de sus fronteras, y lo cierto es que no sabe responder de forma creativa y convincente a la pregunta de cómo impulsar un modelo de progreso que responda a los intereses de sus gentes, en especial las más jóvenes, que genere empleo y reduzca la elevada desigualdad, que garantice la seguridad frente al terrorismo y promueva una gestión eficaz de sus fronteras, que impulse una globalización al servicio de las personas y su bienestar y no al servicio del sistema financiero y los flujos de capitales, que le permita mantener una presencia relevante en la escena internacional, cada vez más debilitada.

El problema de fondo en la Unión es el enfrentamiento entre los países ricos del norte -encabezados por Alemania, Holanda, Austria, Finlandia, Dinamarca y Suecia- y los más endeudados del sur a la hora de acordar ayudas comunitarias. La falta de instrumentos de política fiscal es unos de los fallos originarios de la construcción del euro que todavía no se ha corregido. Existe una manifiesta crisis de liderazgo y consecuentemente de proyecto, no hay nadie que lidere, y como consecuencia de esa falta de liderazgo también falta el convencimiento europeísta entre la población. Mucho discurso grandilocuente pero la realidad es que Europa está descoordinada y llega tarde a los aspectos que definirán la geopolítica del mañana -actividad comercial, energía, tecnología e Inteligencia Artificial, entre otros-. Según el prestigioso analista Pedro Baños, experto en geoestrategia, política y seguridad, en el transcurso de pocas décadas Europa será una entidad que pintará muy poco -prácticamente nada- en el panorama internacional, será un continente envejecido y totalmente fraccionado, donde probablemente se haya dado un vuelco social y sea el islam la religión que impere en la mayoría de los países -por una mera cuestión demográfica-, que no se parezca casi en nada a la Europa que actualmente conocemos y que habrá dado paso a Asia como poder hegemónico del mundo.

Para concluir este artículo, y como prueba de la desunión europea a la que vengo refiriéndome a lo largo del mismo, me gustaría recoger el monumental repaso que la eurodiputada húngara Enikő Győri, militante del partido conservador Fidesz-Unión Cívica Húngara, da al gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez, aduciendo que la Comisión Europea viola su debida imparcialidad cuando sanciona a Viktor Orbán -el actual primer ministro de Hungría- pero permite a Sánchez rebajar la malversación. Y no le falta razón. Aquí el vídeo de la magistral intervención:

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