Microrrelato

Tóxica

Por Jesús García Jiménez

Flotando constantemente en la atmósfera, exhalando susurros cargados de veneno. Permanente, omnipresente en la existencia procurando atrapar en sus oscuros abrazos. Siempre acechante, dispuesta a lanzar sus redes y a clavar su tridente infectado cual reciario cegado por la ira en la arena ardiente del anfiteatro, una arena manchada con la sangre vertida de las heridas en la estima y regada por lágrimas cargadas de frustración, desilusión y fracaso. Una sombra que levita en derredor, asfixiante compañera que observa atenta y murmura sin descanso palabras punzantes que se clavan como dagas afiladas, las mismas que utiliza para cercenar las alas de los anhelos, las esperanzas, los deseos, la confianza, la fe y la seguridad. Y pese a todo, en sus orígenes puede mostrarse encantadora y amable, aduladora y lisonjera, obsequiosa hasta el extremo, ocultando con una maestría admirable su verdadera naturaleza, disfrazando con hermosa y adorable careta y con elegante y luminoso traje su cráneo y rostro descarnados y su esqueleto consumido, deleznable refugio de gusanos cebados con la pérfida sustancia de la vileza y la iniquidad. En sus orígenes examina cuidadosamente cualquier defecto o falla en los pilares de la estabilidad mental y emocional, en los cimientos de la certidumbre y la convicción con el objetivo último de penetrar en cada poro de la frágil estructura sobre la que se apoyan la voluntad y el entendimiento de almas quebradizas y sin esperanza para dejar tan solo las tristes ruinas de lo que quizás algún día fue perspectiva, ilusión, optimismo ondeando en la inmensidad del cielo azul o de la noche oscura. Una sombra que levita en derredor, asfixiante y tóxica.

Un espectro de cuya boca cavernosa emergen vientos gélidos que sisean en su agónica carrera por el mundo de los vivos, empujando inmisericordemente negros nubarrones que oscurecen el horizonte dotándole de una tétrica estampa carente de fe o esperanza. —Este es el peor de los mundos posibles— dice, —mirad a vuestro alrededor si dudáis de mi palabra y comprenderéis que no solo digo la verdad, sino que además mis palabras son suaves y aterciopeladas en comparación con aquellas que debiera emplear para describir la realidad, vuestra realidad, de manera más precisa y sin resquicios por los que poder cernerse esperanzas falsas y sin fundamento. Te veo sorprendido, ¿acaso no me crees? ¿quieres ejemplos? A buen seguro que resultan familiares a tu entendimiento estos que muy sucintamente voy a exponer: conflictos bélicos y tensiones regionales sin resolver; la variación global del clima de la Tierra y sus funestas consecuencias económicas y sociales; la pobreza; los populismos y sus arriesgadas y peligrosas políticas; el riesgo perpetuo de una pandemia global; los conflictos religiosos en los que se pretende imponer un único dios y una sola forma de ver y comprender el mundo; la corrupción en cualquiera de sus formas que lleva aparejada una limitación del desarrollo económico y social y de las inversiones; la violencia sobre las personas cualesquiera que sea su género y sus graves consecuencias físicas, económicas y psicológicas sobre aquellos que las sufren; la inseguridad alimentaria y energética, que cada vez está más cerca de convertirse en una realidad incontestable para Occidente; las migraciones masivas e incontroladas a las que son inherentes problemas sociales tan extremadamente serios como la delincuencia, la inseguridad en las ciudades, la drogadicción, los abusos físicos y psicológicos e incluso los de tipo sexual; y por último, o más exactamente, para dar por concluida la lista en algún momento, la falta de oportunidades económicas y el desempleo—. Tras una inquietante pausa atestada de siniestras carcajadas, remata: —Tenéis razones para desesperar porque el destino de todo mortal no es sino intentar alcanzar aquello que nunca podrá poseer, y quizá sea por eso por lo que el sentimiento de pena y congoja al que llamáis dolor y al que sois tan proclives, sea lo único que adquiere un carácter de perpetuidad en vuestra mísera existencia.

Este maldito fantasma que se cierne intimidante goza indeciblemente arrojando un tono de constante crítica y tensión, aunque puede que no sea por su propio yerro y que el germen de su indiferencia e insensibilidad esté contenido en un seno familiar ya inexistente que le dejó como legado la predisposición a aplicar y provocar conductas cínicas y dañinas. Maldito fantasma hacedor de nexos complejos e inestables, de situaciones conflictivas, embarazosas e irritantes; mente obtusa incapaz de comprender una coyuntura, aunque despejada y veloz para voltearla en su propio beneficio y desprestigio del prójimo; ánimo sombrío, hostil e insociable de círculo limitado y vínculos ligeros y sutiles como el vapor; hallase siempre sumergido en sus propias tinieblas, carente de percepción alguna de cualquiera que se mueva en su estrecha y movediza órbita… —¿Cómo has dicho? — corta repentinamente el fantasma con su voz sórdida y grotesca. —No entiendo lo que dices, ni a qué te refieres. ¿Que me ponga en tu lugar? No necesito hacerlo, ni quiero. Estás equivocado, ¿o es que no lo ves? Os pasáis la vida intentando entender a los demás cuando de sobra es conocido que eso es una utopía. ¿Avenirse? ¿compenetrar con el otro? Suerte con la empresa, porque el ser humano, o más bien, la mente humana, es un enrevesado entresijo poseedor de insondables secretos que ni siquiera alcanzan a asomar por la mirada, la cual dicen que es el reflejo del ama. ¡Tonterías! ¿Qué me ponga en tu lugar? Me temo que eso no es posible porque no existe tu lugar sin incurrir en equivocación; en cambio, mi posición está auspiciada por la razón y la experiencia. ¡Yo soy el juicio y la cordura!

La ominosa sombra, maestra de la ocultación, se camufla en la penumbra del enorme y robusto muro que ella misma ha construido con sus terribles garras. Interpuesto en el camino, lo ha erigido pacientemente a lo largo de los años colocando cuidadosamente óbice tras óbice hasta alcanzar la altura de lo imposible, de lo inviable, e incluso de lo ficticio. Aunque repleto de resquicios y minúsculas hendiduras, pese a no ser paredón insuperable, la tarea de franquearlo es ardua y compleja, presentándose la imperativa necesidad de batallar contra vientos glaciales que empujan salvajemente y de atravesar un escabroso camino henchido de frondosos rosales con espinas furiosamente afiladas cual gumía mora. —¿Adónde vas? — reprende la voz desde la oscuridad, —¿Acaso no ves la barrera que he puesto? No sigas por este camino, te conducirá a ninguna parte y hasta que llegues a comprenderlo tendrás que sufrir las tempestades del infortunio. Te estoy haciendo un favor, ¿no te das cuenta? Te ahorro sustos y un áspero y escarpado sendero plagado de piedras y serpientes tras los arbustos. No sigas, te digo. ¿Que no soy feliz? Tú tampoco, porque la felicidad siempre viaja de incógnito y sólo después de que haya pasado sabemos de ella. Y si no, ¿por qué te empeñas en continuar? No buscas metas ni objetivos, buscas la felicidad disfrazada de logros y conquistas. Pero te diré algo: esa felicidad siempre te será esquiva, porque deseas una vida mejor y aunque la tengas, ese deseo no cambia y se convierte en una obsesión que se agrava tornando en una frustración de la que eres incapaz de escapar. Siempre estarás impaciente en espera de una fecha, y cuando llegue esperarás otra, y otra, y otra… Puedo verlo, hoy tu plan perfecto es un hermoso tapiz salpicado de agujeros del que mañana tan solo quedará un basto trapo lleno de remiendos el cual será irreconocible incluso para ti.

—¿Adónde vas? —grita horrorizada la sombra al ver que me alejo de ella, dándole la espalda, —¡Vuelve aquí! Yo soy la cruz de tu existencia, nos necesitamos el uno al otro para ser y estar— dice mientras intenta acercarse a mí arrastrándose entre las brumas. —¡No te acerques! — le ordeno con voz decidida, —yo también he puesto una barrera entre tú y yo, infranqueable a partir de ahora, orientada hacia el horizonte que se abre ante mí y construida a base de fe y confianza en mí mismo. —Lo único que harás será acarrearte problemas— me responde la voz. —No, ciertamente creo que el problema lo tienes tú, sombra. En todo ves impedimentos, frenos y escollos. No es fácil, lo sé, traigo un bagaje forjado con el sabor agridulce y los aciertos y tropiezos de cuatro décadas de existencia. Querer no es poder, simplemente es querer, pero se trata ni más ni menos que del primer escalón en la angosta y empinada escalera que conduce a la pseudofelicidad esa que tanto criticas. Me guardaré de ti, sin perder la noción de que estás y de que nunca desaparecerás, pero te tendré alejada de mí cubriendo esta distancia que se interpondrá entre nosotros de lógica y fundamento. Como dijo Mahatma Gandhi, «no permitiré que nadie camine en mi mente con los pies sucios».

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2 comentarios

  1. María

    Hola Jesús,

    Es cierto que en los últimos tiempos la vida parece que se ha empeñado en ponernos toda clase de obstáculos, uno detrás de otro. En algunos momentos sentimos que nos ahogamos, que nos asfixiamos y que no podemos respirar “ Y no me refiero a la mascarilla “, pero como tú bien dices, debemos tener confianza y fe en nosotros mismos para poder salir adelante ante las adversidades. Tenemos que intentar de algún modo ser positivos para poder afrontar y superar los obstáculos que nos presenta la vida, porque si te das cuenta, de todo se sale.
    Todo en la vida es temporal. Lo bueno hay que disfrutarlo mientras lo tenemos y lo malo tarde o temprano se termina y lo único que debemos tener es paciencia ya que los problemas también forman parte de la vida.
    Como suele decirse “No hay mal que dure 100 años “.

    Feliz tarde y nos vamos siguiendo 😊🙋🏻‍♀️👌

    1. jgarcia

      Hola María,

      Gracias por leerme y por dejar tu comentario, en el cual llevas toda la razón del mundo: de todo se sale, todo en la vida es temporal (incluso la vida misma) y bueno hay que disfrutarlo, saborearlo.

      Y una cosa muy muy importante que hay que tener en cuenta: las personas tóxicas, cualesquiera que sea la relación mantenida con ellas, mientras más lejos mejor, ya que son la fuente de todos los pensamientos negativos que relato en el texto.

      Lo dicho, muchas gracias por leerme y siempre es un placer establecer contigo estos ciberdiálogos. Cuídate mucho María, nos vamos siguiendo 🙏🏻🙋🏼‍♂️🤗

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