Microrrelato

Muerte lenta

Por Jesús García Jiménez

Alzo la vista al cielo azul, límpido y diáfano. Abrumadoramente grande en su infinitud, o nosotros extremadamente pequeños en nuestra nimiedad e insignificancia. Haciendo gala de mi afición por reflexionar acerca de casi todo lo que me rodea, pongo mi atención en la ausencia absoluta de nubes, en la inexistencia total de su apariencia algodonosa y geometría caprichosa. Tan solo un azul ilimitado e indefinido. Interminable. «¿Dónde estáis? ¿Por qué os mostráis tan esquivas?» pienso mientras bajo la mirada y la vuelvo a posar en el horizonte seco, duro y polvoriento. Voy caminando por una pista de tierra que me lleva hacia lo que debería ser un gran embalse con decenas de hectómetros cúbicos de agua. En su lugar, se alzan las estructuras hidráulicas de hormigón armado, impertérritas e imponentes, fantasmagóricas, sin ningún fin desde hace un tiempo preocupantemente lejano en el pasado. Puedo ver el fondo del desaparecido pantano, ahora convertido en tierra árida y cuarteada, del cual emergen aquí y allá troncos viejos en forma de esqueletos de madera, antaño robustos y saludables árboles de verde follaje que albergaron vida y actividad entre sus desaparecidas ramas. —Buenas tardes­—, me saluda un señor mayor que camina por el carril en dirección opuesta. —Que pena como está todo, sequito. Tengo setenta y dos años y nunca antes había visto algo así. —Buenas tardes— le respondo. —Dios quiera que llueva, por el bien de todos. Porque si no… —El tiempo del agua está pasando. Si no llueve ahora, ya no va a llover por lo menos hasta finales del otoño o el invierno, y el verano va a ser muy malo. Y no va a haber agua ni para las personas. —Pues entonces los políticos tendrán que hacer algo al respecto, por primera vez en su vida, y tendrán que poner soluciones. Tendrán que trasvasar agua desde otros lugares de España, no nos van a dejar morir. —Y entonces empezarán los problemas con la política y los políticos. Que si esta agua es mía, que si me tenéis que hacer favores a cambio, que si me tenéis que pagar… —Como si no estuviésemos todos en España, no fuésemos todos españoles y el agua no perteneciese a todos. Es una vergüenza— le respondo yo, con un marcado tono de indignación. —Que pase usted buena tarde—. Igualmente. Vas con Dios— me responde el señor, estando ya a varios metros de mí mientras continúa su camino.

Segundos más tarde me giro para observar brevemente al hombre, que sigue andando con paso lento hasta desaparecer por un recodo entre la arboleda. Su actitud, nuestra actitud durante la efímera conversación mantenida hace unos instantes, denota una sumisa conformidad y paciencia en esta adversidad. —No se puede hacer otra cosa que no sea mirar al cielo en busca de las anheladas nubes, u observar en derredor y ver la tierra seca y baldía, imaginar frondosos y saludables cultivos que debieran estar pero que no existen por la falta de agua. Contemplar pesarosos los cauces secos, cubiertos de cantos rodados amontonados esperando a ser sumergidos de nuevo por la corriente de vida líquida que no debiera faltar en todo el año­— pienso mientras camino bajo un sol de justicia ciertamente impropio de la época que lo alberga. He aquí un claro ejemplo de la insignificancia e indefensión del ser humano. Resignado, desvalido ante la dinámica de la Naturaleza y avocado irremediablemente a un destino que ni mucho menos controla. Eso es todo cuanto puede hacer, mirar hacia el cielo deseando verlo gris, suspirando por sentir las gotas de agua golpeando suavemente el rostro, oler a tierra mojada, ver los sembrados prosperar, la vida aflorar. Eso es todo.

De nuevo alzo la mirada y observo las estelas blancas que dejan los aviones en su periplo por los cielos. Recuerdo cuando, empujado por mi curiosidad, leí acerca de estos rastros kilométricos y averigüé que son nubes artificiales compuestas por cristales de hielo que se originan detrás de los escapes de las turbinas y en los vórtices de las alas, y que, a pesar de su intimidante apariencia, no son contaminantes ni generan tipo alguno de polución. —Lo que sí es intimidante es la posibilidad de que estos pájaros metálicos sean empleados para fines oscuros y pilotados por manos negras con intereses mucho más oscuros aún. ¿Quién sabe qué habrá de verdad acerca del uso del yoduro de plata para disipar las nubes e impedir así que llueva? — voy reflexionando acerca de esta polémica, controvertida y aún conspirativa teoría. Porque dada la maldad y los pocos escrúpulos que, de forma generalizada, son inherentes al ser humano, no es descabellado pensar en grandes compañías aseguradoras intentado ahorrarse indemnizaciones millonarias por culpa de devastadoras tormentas, en gigantescos parques solares tratando de evitar que una espesa capa de nubes se interponga entre los miles de paneles anclados a la superficie de la Tierra y el Sol, así como tampoco es nada disparatado suponer que interesa más que haya muchos días de sol al año para que los turistas ricos -o por lo menos adinerados- puedan venir al sur de España y jugar cómodamente al golf sin otra preocupación que la de elegir el restaurante al que ir a cenar esa misma noche. — Científicamente, por ahora, no hay pruebas de la existencia de estas aeronaves, aunque piensa mal y acertarás…— me digo a mí mismo. —¿Y qué hay de la siembra de nubes? Países con climas muy secos ya han utilizado esta técnica para combatir la sequía, aunque sin los resultados deseados pese a ser un campo de investigación activo desde la década de los años cuarenta del siglo pasado. Muchos ven con esperanza la posibilidad de jugar a ser Dios y hacer que llueva al antojo, ignorando los efectos impredecibles para el medio ambiente y el clima ya no solo de la región, sino de áreas circundantes mucho más extensas que abarcarían países e incluso continentes. Por no hablar de que la manipulación de las lluvias no es ni mucho menos la defensa ante la amenaza real: el cambio climático.

Un problema que, para no estar provocado por la mano del hombre, es muy sensible al comportamiento de éste. Esta maldita pandemia, que aún no ha finalizado aunque su mera existencia es ya testimonial -en estos días otros problemas ocupan la atención del mundo-, ha mostrado de una manera clara, obvia y manifiesta que la Madre Naturaleza sufre pacientemente el comportamiento despiadado del ser humano. Durante el encierro forzoso al que miles de millones de personas nos vimos abocados durante meses, pudimos observar como los centros urbanos de otrora bulliciosas ciudades se poblaban de fauna salvaje que se acercaba merodeando ante la ausencia de personas y vehículos; como el tráfico aéreo y sus estelas blancas desaparecían casi por completo y las precipitaciones se hacían mucho más frecuentes; como la actividad industrial caía en picado y el agujero en la capa de ozono reducía considerablemente su tamaño; como, en fin, la ausencia del ser humano permitía a la Naturaleza recuperar todo lo que le había sido arrebatado durante milenios.

Pese a todo, y sin ignorar el tremendo maltrato que en general se le ha brindado al mundo desde la Primera Revolución Industrial, no sería justo culpar de las sequías única y exclusivamente a la acción del hombre, ya que han tenido lugar cuatro megasequías en los últimos 1.000 años que asolaron a la especie humana.  Es decir, quizás el mundo, desde su origen, va encaminado por sí mismo hacia algo que desconocemos y cuyo proceso, al que llaman «cambio climático», puede estar acelerándose motivado por el uso que del Planeta Tierra está haciendo la especie inteligente . Como sea, es muy probable que en un futuro muy cercano lo ocasional sean las lluvias y no las sequías, porque nuestro mundo, o al menos gran parte de él, será casi con seguridad un lugar afectado por la escasez permanente de agua. Aunque de momento, todavía sobreviene el milagro de la lluvia y pueden verse los cauces rebosantes de ese líquido transparente sin color, olor ni sabor que fluye por nuestra existencia trazando la línea que separa la vida de la muerte.

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4 comentarios

  1. elatri

    Hola Jesús,

    Me ha encantado el microrrelato. Es cierto que aunque haya llovido, el problema no ha terminado. El peligro de las sequías y la escasez de agua continúa amenazando, para lo cual habrá que modernizar las políticas de gestión de los recursos y prestar atención a las infraestructuras existentes y por hacer.

    Cuídate mucho y espero volver a leerte pronto,

  2. María

    Hola Jesús,

    Llevamos muchos años hablando del calentamiento global y del cambio climático. Nuestro planeta nos está avisando cada año de que se está muriendo lentamente y no se hace nada. Se celebran cumbres para hablar del tema y todo queda en palabras, no en hechos. El planeta se muere y en consecuencia nosotros con él.
    La Tierra se encuentra arrasada por la falta de agua y cualquier forma de vida será extinguida irremediablemente.
    Según los científicos el Sol se convertirá en una gigante roja que engullirá a otros planetas entre ellos la Tierra y poco después morirá también. Y mi pregunta es ¿ Con todos estos datos en serio no se puede hacer nada más que lamentarnos por el futuro de la Tierra? pues que pena todo.

    Como ya sabes de vez en cuando te dejo alguna frase para reflexionar. Aquí te dejo esta:

    «Solo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado y el último pez atrapado, los POLÍTICOS se darán cuenta que no podemos comer dinero».

    Hasta la próxima lectura 🙋🏻‍♀️🤗

    1. jgarcia

      Hola María,

      Muchas gracias por leerme y por dejar tu magnífico comentario, muy interesante y con algunos puntos para reflexionar. Dices que llevamos muchos años hablando del calentamiento global y del cambio climático, y no te falta razón, ya que nos han sometido a un bombardeo continuo y despiadado. Dices también que se celebran cumbres para hablar del tema y todo queda en palabras, no en hechos. Y aquí tampoco te falta razón, pues como todo lo que toman los políticos para sí, o mejor dicho, para su beneficio político, se corrompe irremediablemente y se convierte en un negocio sucio y peligroso.

      Permíteme decirte que, en mi humilde opinión, claramente el mundo está sometido a una sobreexplotación de sus recursos, que la contaminación es evidente y que el planeta está superpoblado, pero yo creo firmemente que el problema del calentamiento global y de la contaminación se ha inflado sobremanera para lo dicho anteriormente, es decir, para el rédito de los políticos desalmados y sin escrúpulos que buscan el poder sin importar los medios. ¿Cómo de importante es realmente el problema del cambio climático? ¿Cuál es su verdadera magnitud? Sequías devastadoras han existido desde que el ser humano es capaz de documentar (desde hace muchos siglos), los cambios climáticos y las glaciaciones han existido siempre también, por tanto, cabe hacerse estas preguntas y tener un pensamiento crítico. ¿Hasta qué punto es cierto todo esto? ¿Es una herramienta, un arma más para tener atemorizada y controlada a la población?

      Yo también te voy a dejar aquí un proverbio indio, que viene muy al caso: «Nosotros no heredamos la tierra de nuestros ancestros; solo la tomamos prestada de nuestros hijos».

      Feliz domingo y feliz semana. Cuídate María 🙏🏻🙋🏼‍♂️🤗

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