Microrrelato

Platónicos

Por Jesús García Jiménez

Las observo crepitantes y revoltosas, en su danza anaranjada sobre la madera seca que se consume, paciente, en los rescoldos del hogar. Noche invernal, el viento golpea con furia los cristales de las ventanas y silva frenético a la vez que zarandea de forma despiadada las frondosas ramas de los pinos, que impasibles soportan las embestidas que emergen de la impetuosidad de Eolo. Imperfectas en apariencia, analizo y percibo la noble geometría de las llamas mientras dejo acariciar mi rostro por su afable y generoso calor en una poderosa sensación de seguridad y protección, contemplando los incandescentes triángulos y las líneas rectas que unen unos vértices con otros, creando cuerpos geométricos regulares y perfectos. «Toc, toc, toc», suena en medio de un silencio sepulcral. El viento se ha acallado y pareciera que ni la lumbre se atreve a ser oída en sus chasquidos. Me levanto de la silla y me alejo de la chimenea en dirección a la desvencijada puerta de madera vieja, aun robusta y con ciertas trazas de su otrora esplendor. Cuando abro no encuentro a nadie, solo veo ante mí la densa foresta de pinos que se yergue impasible y orgullosa. La agradable brisa que juguetea entre las ramas de los árboles me susurra sugerente, invitándome a salir del cobertizo y a resguardarme, bajo el follaje, del sol cálido que a estas alturas del año fríe inclemente la sufrida madre tierra. Me agacho para tomar con mi mano un puñado de polvo, y con la palma abierta hacia arriba dejo que el viento se lo lleve, dibujando cubos terrosos y oscuros de líneas paralelas y perpendiculares que desaparecen en el horizonte cual cenizas esparcidas sobre la superficie casi infinita del océano.

Caminando en compañía de los pájaros, vivaces cantores de efímeras y delicadas melodías, atravieso la amplitud del bosque y alcanzo su extremo, saliendo de su refugio hacia una extensa pradera cubierta de trigo verde y de vistosas flores de vivos colores. Moldeando sus lozanas crestas, la suave brisa acaricia los trigales dibujando formas repentinas y caprichosas cuya plenitud solo las aves moradoras del azul, en su vuelo paciente y majestuoso, pueden apreciar. Embargado mi ánimo por una sensación de paz y tranquilidad infinita, alzo el rostro hacia el cielo rociado de nubes níveas y veleidosas, sintiendo el aire fresco que bosqueja las etéreas formas octaédricas de caras equiláteras y ángulos concordantes. El leve murmullo de un arroyuelo alcanza mis oídos, incitándome a acariciar sus aguas desde sus irregulares y humildes orillas. Sumerjo mi dedo índice en el líquido que fluye veloz, frenético, en su camino hacia los mares para comenzar, una vez más, su periplo por el ciclo de la lluvia. Mientras observo la corriente, secando el dedo con mis ropas, comprendo que el tiempo corre cual esa misma agua, que aquella que acabo de tocar ha pasado por este preciso lugar para no volver a hacerlo jamás, tal y como nunca más volverán los instantes que se esfuman en el pasado, irrecuperables, inalcanzables, desapareciendo entre las brumas del recuerdo. Con la mirada fija en el estrecho cauce, observo los infinitos triángulos de lados iguales que brotan de los lechos y se agrupan en veintenas esbozando imprescindibles y vivaces icosaedros, valedores de todas las formas de vida que inundan este desgraciado y sufrido planeta.

Y así, sumido en mis pensamientos, me alcanza la dama noche, discreta y misteriosa. En su manto de terciopelo oscuro se acurrucan las estrellas, uniéndose entre sí mediante trazos imaginarios de cientos de años luz para crear siluetas sobre la esfera celeste, dibujos virtuales que durante centurias alimentaron el mundo y las creencias de las civilizaciones antiguas. Observando los diminutos puntos titilantes que salpican el firmamento, reflexiono acerca de la inmensidad del universo, de la insignificancia del ser humano y aún de nuestra propia galaxia en comparación con el todo del espacio-tiempo, la materia y la energía, regido por desconocidas y misteriosas leyes físicas inconcebibles para la limitada mente humana pero quizá de sobra conocidas y comprendidas por inteligencias superiores, moradoras de algún rincón de este enigmático y reservado universo de pentágonos regulares anexados en docenas. A través de la silueta oscura que perfila la densa arboleda erigida ante mí por la mano maestra de la Naturaleza, se filtra la luz de las teas proveniente de un elegante edificio clásico que ejerce sobre mí un poderoso magnetismo, forzándome a cruzar el pequeño bosque e ir hacia allí para averiguar más acerca de aquel lugar. En su frontispicio, alumbrado por grandes antorchas de luminosidad incombustible, puedo leer una gran inscripción en piedra que dice «No entre nadie que no sepa geometría». Franqueando el gran portón de la entrada, me adentro en una vetusta sala abundante de bóvedas, columnas y elaboradas esculturas. A los pies de unas escaleras de mármol se encuentra, vestido con una refinada toga, un anciano solitario de luengas barbas, teñidas de blanco por el correr de su dilatada existencia repleta de sabiduría y prestigio. Silencioso y concentrado, estudia y analiza el contenido de un rollo de papiro, a la vez que anota sus propias conclusiones. Parado a una distancia prudente, permanezco sigiloso y discreto, no queriendo interrumpir el trabajo de aquella respetable presencia. De repente, abandonando sus reflexiones, levanta la vista y me observa. —Ven, acércate— me dice, a la vez que me indica con un gesto amistoso que camine hacia él. Cuando estoy junto al anciano lanzo una mirada hacia su manuscrito, pudiendo distinguir los dibujos de varios poliedros de ángulos idénticos y cuyas caras son polígonos iguales entre sí. Junto a los dibujos puedo leer, además, la ecuación c + v = a + 2, una igualdad que me resulta conocida y que me sorprende hallarla en época tan remota.  

—Pareces desconcertado. Ya ves que no pasó desapercibido para mí el hecho de que, en mis sólidos, el número de caras más los vértices es idéntico al del número de aristas más dos, aunque fuesen otras mentes brillantes, muchos siglos después, quienes diesen a conocer esta proposición asegurando además su verdad. Mis sólidos representan el todo de la creación, simbolizan la perfección y la verdad, lo incontestable encarnado en la excelencia y la pureza de los triángulos equiláteros, los cuadrados y los pentágonos. Yo no los inventé, tan solo los descubrí, porque ellos son producto del ingenio de la Naturaleza, infinitamente más sabia que los hombres. Mientras estos últimos se empeñan en romper y desunir, Ella se fundamenta en todo lo contrario: míralos­— me dijo el anciano señalándome los dibujos de los cuerpos geométricos en su papiro, —en ellos todas las caras son polígonos regulares iguales, todos los vértices acogen el mismonúmero de caras y de aristas, las cuales son, además, idénticas en longitud, y todavía los ángulos que forman entre sí las caras de mis sólidos siguen siendo iguales; del mismo modo que todas las caras y aristas concurren a un vértice, así todos los hombres convergen irremediablemente hacia la muerte sin importar lo que fueron en vida. —Ciertamente— me atreví a señalar. —Este es el lenguaje de la Naturaleza y, por ende, el lenguaje en el que estamos hechos y el que nos describe con rigurosa precisión. Estos sólidos recogen buena parte de lo dictado y quizá sea por ello por lo que, a lo largo de los tiempos, han ejercido una atracción irresistible sobre todos los que, de algún modo, nos hemos sentido seducidos por la ciencia de los entes abstractos. Todo lo dicho es, huelga decirlo, desde la óptica de la filosofía natural, aunque también tiene su lado terrenal. Con esto me refiero a que son hermosos, atractivos a la vista humana, como no podía ser de otro modo dado que contienen varias caracterizaciones simétricas y, en definitiva, la simetría denota belleza.

Ya fuera del edificio, elevé la mirada al cielo para observar la espléndida luna que coronaba la bóveda punteada de luceros temblorosos. —Noche de poetas— pensé, —y de enamorados que sufren un amor no correspondido o imposible, su particular amor platónico. —Sin embargo, no es esa mi visión filosófica del amor— me respondió el anciano desde el interior del edificio. —Se debe considerar más valiosa la belleza de las almas que la del cuerpo, considerando la de este último como algo insignificante. Ese es el amor llamado platónico. Cualesquiera otra idea es una deformación de mis teorías llevada a cabo por los hombres a lo largo de los tiempos—. Entonces, como bruma que desaparece empujada por el viento, así se desvaneció el mundo de los sueños en el que había estado sumido profundamente, realizando tan peculiar e interesante periplo. «Qué distinto sería todo si no nos empeñásemos en contravenir los designios de la Naturaleza y su lenguaje…» pensé amargamente mientras me incorporaba a la inexorable cotidianidad de un nuevo día.

5 likes en este post

5 comentarios

  1. Maria

    Hola Jesús

    El amor platónico es un amor hermoso, limpio y puro que perdura para siempre en nuestro corazón y nunca se olvida y a la vez es un amor doloroso ya que es un amor imposible. A veces la vida es caprichosa y da a conocer a personas que por circunstancias no pueden estar juntas físicamente pero sí mentalmente.” Qué distinto sería todo si las circunstancias fuesen otras”. Feliz noche Jesús, nos vamos siguiendo 🙋🏻‍♀️🤗

    1. jgarcia

      Hola María,

      Feliz año 2022, espero que venga cargado de salud y bienestar.

      Precisamente, el amor platónico es un amor hermoso, limpio y puro, y esta misma es la visión filosófica de Platón acerca del amor. Pero he de decir que precisamente el término «amor platónico» se ha deformado con el tiempo y por los románticos que han adolecido de un amor imposible, ya que la idea original clásica nada tiene que ver con esto último.

      Y por supuesto, estoy muy de acuerdo contigo: Qué distinto sería todo si las circunstancias fuesen otras. Cuídate mucho y estamos en contacto 🙏🏻🙋🏼‍♂️🤗

  2. Karen Gottlieb

    ¡Hola Jesús!
    ¡Feliz año nuevo!
    Así es el ser humano. Así somos. Imperfectos, irrespetuosos de las leyes de la Naturaleza e intentando desafiar constantemente sus designios.
    Los resultados están a la vista en este mundo tan caóticamente terrenal. Y al cerrar los ojos, soñamos.
    Y al soñar, deseamos un mundo mejor, más sensible y amoroso, más humano.
    Sueños que quisiéramos palpar, acariciar y sentir que pueden hacerse realidad.
    Al despertar y volver a abrir nuestros ojos, nos enfrentamos a una realidad imperfecta que no es lineal ni geométrica y que no siempre nos agrada ya que es percibida de acuerdo a nuestros propios valores y expectativas.
    No todos hablamos el mismo lenguaje. Sin embargo, sería un gran sueño por cumplir que nos esforzásemos más en mirar más hacia adentro, en intentar descubrir y percibir lo que no vemos a simple vista y que nos hace únicos y muy valiosos.
    Te deseo una feliz noche del primer día de este nuevo año, Jesús.
    Abrazo,
    Karen

    1. jgarcia

      Hola Karen,

      Feliz año 2022, espero que venga cargado de buena suerte y salud, más especialmente en estos tiempos raros y confusos, dirigidos por manos negras ocultas, que nos ha tocado vivir.

      Desgraciadamente así es, tal y como tú lo comentas, al despertar y volver a abrir nuestros ojos nos enfrentamos a una realidad imperfecta que no es lineal ni geométrica y que dista mucho de la que nos gustaría realmente conforme a nuestros propios valores y expectativas. Pero así es la vida, y no queda más remedio que intentar llevarla lo mejor posible, porque yo creo que aún con todos sus sinsabores, que no son pocos, es bonita y merece la pena vivirla, por el mero hecho, entre otros, de disfrutar de la Madre Naturaleza que tanto puede ofrecernos a través de su magia y su lenguaje.

      Muchas gracias de nuevo por tu fantástico comentario. Cuídate mucho y nos vamos siguiendo 🙏🏻🙋🏼‍♂️🤗

      1. Karen Gottlieb

        Así es Jesús! La vida es bella y merece la pena ser vivida y gozada a pesar de todo aquello que no es fácil de modificar y que en muchas ocasiones nos apena.
        Muy buen comienzo de semana.
        Abrazo grande,
        Karen

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ver más

  • Responsable: JESÚS GARCÍA JIMÉNEZ.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a HOSTINGER que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Esta web utiliza cookies. Para ver la Política de Cookies pinche en Ver más. Si continúa navegando, se considerará que acepta su uso.    Ver más
Privacidad