Microrrelato

Raíces

Por Jesús García Jiménez

«Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido», dijo una vez Voltaire. Puede pues que fuese por alguna causa -que yo mismo ignoraba- por lo que vine a tropezar con una revista que contenía un interesante artículo muy relacionado con mis vivencias y experiencia personales de los últimos años. Si el medio hubiese sido digital, habría sido fácil pensar que esa casualidad no fue sino el resultado del discreto y certero trabajo de los algoritmos colocando en la pantalla de mi Smartphone o de mi laptop un artículo relacionado con alguna búsqueda que hubiese podido realizar en el basto ciberespacio en algún momento del pasado reciente. Pero no, el artículo estaba en una revista física -en papel- que encontré de manera fortuita y cuya temática es la psicología y el desarrollo personal. El reportaje en sí versaba sobre los avatares psicológicos y emocionales de los emigrantes y discurría a través de un tema realmente interesante, que atrajo poderosamente mi atención por ser algo que en el pasado ya había experimentado y que ahora, durante este cambio de rumbo en el que me hallaba inmerso, comenzaba a advertir de nuevo.

Al tomar la revista de la pequeña y destartalada mesa sobre la que descansaba y ojear el artículo someramente, con la idea de leerlo más detenidamente al final del día, en la intimidad y tranquilidad de mi estudio improvisado, eché la vista atrás y recordé que yo también había sido emigrante, y quién sabe si no volvería a serlo en un futuro, y que precisamente en esa etapa de mi vida, llena de luces y de sombras, fue cuando viví la pandemia que por desgracia le ha tocado vivir a los casi ocho mil millones de almas que moramos en este Planeta Tierra herido de muerte. Los confinamientos -dos en el Reino Unido-, la soledad, el aislamiento, la incertidumbre, el enojo, la indignación y el hastío por la maldita situación, que, por cierto, aún está por ver si fue provocada o no -probablemente nunca llegue a saberse-, me empujaron a pensar acerca de muchas cuestiones y de replantearme no pocos aspectos que hasta el momento los daba por sentados y que para mí eran poco menos que axiomas indiscutibles de la vida. Al borde del agotamiento mental me planteé, en parte debido a la creciente situación de incertidumbre en la que se hallaba el mundo, que sería mejor afrontar los titubeantes e inseguros tiempos venideros en territorio conocido, en mi zona de confort y junto a la familia. Sentía la necesidad de un break, de la desconexión de las vicisitudes acaecidas en los últimos años, de poner rumbo a otras metas, a nuevos proyectos. En definitiva, sentía la necesidad de emprender una nueva vida, porque la anterior, que era la actual en aquel momento, me aburría y me empujaba hacia un vacío turbulento y arriesgado.

Hay quien afirma que el fenómeno de la emigración ejerce un impacto en el plano existencial del ser humano que solo puede ser equiparado en intensidad al que provoca el exilio. Con la experiencia de la emigración entra en juego una cuestión fundamental en la identidad de una persona: el sentimiento de pertenencia. Inmerso en la aventura, comienzan a aparecer experiencias hasta entonces desconocidas en la trayectoria vital de la mayoría de las personas, derivadas de la sensación de desventaja cultural en un ambiente extraño y desconocido repleto de aspectos ajenos a la propia percepción. El idioma, el acento o las prácticas y costumbres cotidianas son solo algunos de los aspectos que delatan reiteradamente al inmigrante como tal y lo empujan constantemente a vivir fuera de lugar; pues lo natural sería, siguiendo la inercia de los hechos, permanecer donde uno ha nacido y se ha criado, o lo que es lo mismo, perpetuarse en el lugar de indiscutible pertenencia. Se tiende ante el emigrante un largo y arduo camino hasta llegar a sentirse integrado, es decir, hasta que la propia identidad también forma parte, en cierto modo, de la sociedad en la que vive, y en muchos casos, aún transcurriendo años, esto no llega a suceder jamás. En definitiva, y para describir de manera precisa la compleja situación del expatriado, me he tomado la licencia de plasmar un fragmento del libro Ius migrandi. Figuras de errantes a este lado de la cosmópolis, del profesor e investigador Ermanno Vitale, que reza así:

«Un verdadero migrante sufre, tradicionalmente, un triple trastorno: pierde su lugar, entra en el ámbito de una lengua extranjera y se encuentra rodeado de seres cuyos códigos de conducta social son muy diferentes y, en ocasiones, hasta ofensivos, respecto de los propios. Y esto es lo que hace de los migrantes unas figuras tan importantes, porque las raíces, la lengua y las normas sociales son tres de los componentes más importantes para la definición del ser humano. El migrante, a quien le son negados los tres, se ve obligado a encontrar nuevas maneras de describirse a sí mismo, nuevas maneras de ser humano

Horas más tarde, sentado en mi escritorio y de nuevo con la revista en mis manos, comencé a leer el artículo, esta vez con la calma y la serenidad necesarias para reflexionar acerca de las ideas que albergaban sus líneas. Rápidamente captaron mi atención palabras como “integración”, “desgarro”, “desarraigo” y “ruptura” y expresiones como “volver a empezar” y “echar nuevas raíces”, porque su significado y aplicación puede ir en ambos sentidos, a la manera de que todo lo que implican está asociado, indudablemente, al fenómeno de la emigración, al hecho de partir hacia un país extranjero sin una fecha de retorno clara, con el objetivo de forjarse allí una vida a medio-largo plazo, en el proceso de marchar a lo desconocido y permanecer lejos de nuestro lugar, pero además también lo está cuando el emigrante vuelve a su tierra, a su entorno, a su cultura. «Todo sigue igual y a la vez todo me parece raro y extraño. ¿No es eso, en cierto modo, una especie de desarraigo y una ruptura con mis orígenes? ¿Acaso no tengo que volver a empezar, a echar nuevas raíces? Sin el obstáculo de las barreras lingüística y cultural, pero necesariamente he de hacerlo», pensaba con cierto aire de resignación a la vez que vislumbraba la extraña dualidad que rodea al emigrante. Unos párrafos más abajo, el artículo hacía referencia a la interesante teoría desarrollada por el doctor Murray Bowen en la década de los 50 del siglo pasado, según la cual, en el ser humano hay dos fuerzas vitales básicas a la vez que opuestas: la primera es una fuerza de crecimiento muy potente que nos empuja hacia la individualidad, necesaria para hacernos a nosotros mismos independientemente y separados de la familia, de la sociedad; la segunda es otra fuerza igual de poderosa que impulsa, a su vez, a buscar y necesitar la cercanía emocional. Y de nuevo reflexionaba: «¿No es precisamente esa exigencia interna de individualidad, de independencia, la que empuja a emigrar, rompiendo lazos con todos y con todo? ¿No es esa dependencia afectiva, natural e inevitable como seres humanos y sociales que somos, la que incita a volver a casa, a rodearse de todo lo conocido, todo lo acotado en la propia zona de confort? De nuevo, la dualidad del emigrante».

Pese a estar redactado con un lenguaje excesivamente sencillo y no ser una pieza de exquisita literatura -era evidente que no se perseguía tal objetivo-, he de reconocer que la lectura del texto me dejó inmerso en profundos pensamientos, considerando algunas de las ideas que, en mayor o menor medida, se desarrollaban en sus párrafos. «Es cierto que el miedo a la pérdida de las raíces es uno de los más profundos de la especie humana, ya que esta pérdida implica la necesidad de aprender una de las lecciones más importantes y valiosas que alberga la vida: la soledad nace del seno mismo de la condición humana, y quizá sea por eso por lo que es amada y odiada a partes iguales. Pero ¿y si en realidad la vida no consiste en encajar sino en algo mucho más simple, en fluir? Intentar amoldarse a toda costa puede acarrear la renuncia a parte de la propia identidad por el mero hecho de pretender integrar un puzle en el que quizá ya no queda lugar para piezas insólitas y peculiares. Quizá solo se trate de eso, de deslizarse por el tiempo estando atento y aún paciente, considerando que los vientos contrarios que fluyen acariciando el rostro son la señal inequívoca de que persistimos vivos y en movimiento hacia un horizonte abierto con sus prístinas páginas todavía limpias de la tinta del destino.

El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad

Victor Hugo
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6 comentarios

  1. Mara

    Como emigrante no he olvidado de donde soy y mucho menos donde estoy.
    Se sufre y mucho, pero no por el cambio, porque tenemos la capacidad de adaptación, pero si por dejar una parte de tu vida atrás.
    Saludos cordiales Jesús 🙌🏻

    1. jgarcia

      Hola Mara,

      Gracias por leerme y por dejar tu comentario. Estoy totalmente de acuerdo contigo, pese a la capacidad de adaptación del ser humano, la emigración es un fenómeno complejo y duro para quien tiene que experimentarlo en primera persona, porque como tú bien dices, no es sino dejar una parte de nuestra vida atrás.

      Un saludo y cuídate mucho. Nos leemos 🙏🏻🙋🏼‍♂️🤗

  2. Maria

    Hola Jesús,
    Está claro que quien deja su país, no lo hace por capricho. En muchos casos las personas buscan una mejor oportunidad y calidad de vida. El problema viene cuando no encuentran lo que buscaban y tienen que volver a tu lugar de origen. En este caso necesitan un periodo de adaptación, ya que como tú bien dices, el lugar de origen, las personas e incluso el propio inmigrante, han sufrido cambios durante el periodo de migración y todo está igual, pero todo es diferente y se tiene la sensación de volver a una segunda migración. La precariedad laboral, las dificultades de adaptación y la discriminación son algunos factores que pueden llevar a regresar al lugar de origen. Querer tener una independencia, puede llevarte a emigrar y eso no es malo. Cada uno tiene que ver cuales son sus necesidades y llevarlas a cabo, fuera o dentro de su país. Lo importante es poder realizarse como persona, el donde es lo de menos.

    Feliz noche y hasta la próxima lectura, nos vamos siguiendo 🤗🙋🏻‍♀️👌

    1. jgarcia

      Hola María,

      Muchas gracias por pasarte por el blog y por dejar tu comentario, tan reflexivo y profundo como siempre. Exactamente es así, nadie emigra porque sí, con unos motivos más amables que otros, pero al fin y al cabo todo movimiento migratorio tiene una razón poderosa para empujar al individuo a vivir semejante experiencia vital, dura pero muy enriquecedora, todo hay que decirlo. Me gusta mucho la frase final con la que rematas tu fantástico comentario, en la que dices que «lo importante es poder realizarse como persona, el dónde es lo de menos», y no puedo estar más de acuerdo contigo.

      Muchas gracias otra vez, Felices Fiestas y a disfrutarlas con mucha salud. Un abrazo María, nos vamos siguiendo 🙏🏻🙋🏼‍♂️🤗

  3. Karen Gottlieb

    Hola Jesús!!
    Muy interesante y actual el tema abordado en tu nueva publicación y deseo comenzar por el final de la misma en donde citas a V.H.
    Por un lado, creo que el futuro nos brinda dia a día una nueva oportunidad que no todos sabemos o podemos ver y de la cual apropiarnos. Por otro lado, nuestro presente, el hoy, es el resultado de esas micro o macro decisiones y acciones que hemos tomado y realizado anteriormente a sabiendas o deliberadamente.
    Finalmente , cuando dices « y si en realidad la vida no consiste en encajar sino en algo mucho más simple, en fluir? »
    « ….Quizá solo se trate de eso, de deslizarse por el tiempo estando atento y aún paciente, considerando que los vientos contrarios que fluyen acariciando el rostro son la señal inequívoca de que persistimos vivos y en movimiento hacia un horizonte abierto con sus prístinas páginas todavía limpias de la tinta del destino. » me hago en muchas ocasiones los mismos planteos. Tal vez, la vida se trate de un gran cúmulo de instantes presentes en donde nos permitimos soñar con un mundo mejor en donde podamos sentirnos cobijados, comprendidos, aceptados y queridos por una sociedad que acepte y valore las múltiples diferencias entre los seres humanos y que muchas veces nos alejan y separan.
    Nosotros somos presente y construimos cada dia nuestro mañana que sin lugar a dudas deseamos que sea un futuro en donde poder sentirnos arraigados pero sin perder nuestra propia cultura e identidad.
    Supongo que es parte de un gran desafío de la humanidad en su conjunto.
    Que tengas un excelente comienzo de semana, Jesús.
    Un abrazo,
    Karen 🦋

    1. jgarcia

      Hola Karen,

      Muchas gracias por leerme y por dejar tu comentario, fantástico como siempre. Comparto tu opinión, muy acertada a mi parecer, de que «la vida se trata de un gran cúmulo de instantes presentes en donde nos permitimos soñar con un mundo mejor», porque de verdad creo que lo que mantiene vivo al ser humano son los sueños, las metas y los proyectos; todos en su conjunto conforman la senda del destino, por la cual vamos irremediablemente sorteando baches y soportando tragos amargos con la esperanza de alcanzar una meta que no sabemos si estará al final de la etapa.

      Como sea, gracias por aportar tus ideas, que no hacen sino enriquecer el texto de origen. Felices Fiestas y que puedas disfrutarlas con mucha salud.
      Saludos Karen, nos vamos siguiendo 🙏🏻🙋🏼‍♂️🤗

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