Microrrelato

Vetusta

Por Jesús García Jiménez

«El inmenso poder de la fotografía, especialmente de la fotografía antigua», pienso mientras observo la imagen. Permanezco quieto, de pie frente a la pared de la que cuelga, con la cabeza ligeramente inclinada hacia arriba y la mirada puesta en aquellas tonalidades grisáceas, tenues y apagadas. Una reciente adquisición por parte de mi padre, en la que se puede observar una pareja joven, sonriente y feliz en apariencia. «Que fuerza tan increíble tiene la imagen, cuanta historia al otro lado de este trozo de papel, testigo en sí mismo de tantos avatares», reflexiono en silencio, con el ardiente deseo de poder viajar en el tiempo atravesando el marco que la alberga, ubicarme junto a la pareja y poder verlos de cerca, hablarles, escucharlos. Respirar el ambiente y mezclarme entre las gentes de rostros todos duros y desconocidos. «Otra época, muy diferente», pienso. Observo los detalles, las posturas, el paisaje vago e impreciso que se extiende al fondo, la enorme fuerza de la fotografía que, en su día, casi ochenta años atrás, consiguió atrapar la luz y el tiempo, y que hoy consigue contar una historia con el poder que no logran alcanzar las letras. «Las palabras son el mundo sin el mundo; las imágenes son el mundo en sí mismo», recapacito mientras analizo ésta que tengo frente a mí. En nuestros tiempos, negar el valor histórico que detentan las fotografías es algo disparatado que roza lo inadmisible, dado que se trata de un valiosísimo documento histórico muy útil de cara a ilustrar una parte de la memoria colectiva. Hacer fotografía es congelar un instante, capturar la realidad del momento mediante un documento visual y gráfico de las costumbres de una época.

Pero no siempre fue así. «Si el Altísimo hubiera deseado que una fotografía apareciera en la portada de National Geographic, la habría puesto ahí desde el principio», cuentan que dijo un señor inglés muy molesto cuando, en 1959, las portadas de la revista comenzaron a llevar fotografías. Por suerte, este tipo de opiniones perdieron todo el peso en pro de la maravillosa belleza de la fotografía y de su indiscutible valor testimonial. «Afortunadamente para el mundo, el arte de capturar el momento y hacerlo eterno en el tiempo prevaleció y evolucionó, regalándonos estos fragmentos de la historia», pienso mientras continúo observando la imagen. La Andalucía rural y profunda, la Andalucía de una época no tan alejada en el tiempo como en la mentalidad, con usos y costumbres inconcebibles para la sensibilidad moderna del siglo XXI en el que nos ha tocado la suerte -o la desgracia- de vivir. Reconozco el lugar donde, allá por la década de los cuarenta del siglo pasado, se inmortalizó el momento, en realidad no tan diferente del de hoy salvo por el camino ahora asfaltado y, junto a él, unos pequeños edificios municipales de uso público. Pero el campo labrado, los olivares y la sierra que engalanan la fotografía como telón de fondo de la pareja ha cambiado poco o nada. Esta sigue siendo la Andalucía rural y profunda. El niño que aparece en la imagen es hoy un hombre anciano, muy conocido en el pueblo y abuelo de varios nietos, pero en aquellos entonces, seguramente con no más de diez años, se ganaba el pan que comía atendiendo a una piara de cerdos ignorantes de su destino y alimento de muchas bocas durante no pocos meses.

La joven de la foto se muestra risueña, sonriente y en apariencia feliz. Con trazas de inocencia difuminadas por la dureza de la existencia, de su existencia, aquella que le tocó vivir hasta el momento de la captura de la imagen y que no sería especialmente deseable en el transcurso de los años venideros. Pero ahí estaba ella, elegantemente vestida, nada tímida e incluso atrevida, la cabeza alta y la mirada segura sobre el objetivo, cuidadosamente peinada y ataviada para la ocasión especial de salir a pasear con el muchacho que en aquellos entonces la pretendía, portando sus humildes abalorios y con una graciosa pose frente a la cámara que denota un carácter fuerte y potente, de mujer animosa y valiente, bizarra, como no podía ser de otro modo para alguien a quien le tocó vivir las penurias de los años de posguerra en aquella España herida de muerte, y criar una familia en un entorno adverso y hostil como pocos. El joven de la foto se muestra humilde y sencillo, incluso tímido, más que ella. Pero tiene un porte admirable y una constitución formidable, adquirida por los años de dura labor en los agrestes campos de la zona. Un hombre alto y de anchas espaldas, poseedor de una tremenda fuerza física, impecablemente peinado e impolutamente vestido con la camisa blanca, la estilosa chaqueta de matices oscuros, los pantalones de exageradas campanas y un recio cinturón de robusta y reluciente hebilla. Como detalle de elegancia y costumbre de la época, el sombrero tipo Bristol, seguramente negro, que como cortesía y muestra de respeto lo sostiene con su mano dura, áspera y encallecida mientras el fotógrafo, al otro lado de la máquina, presiona el botón e inmortaliza por siempre el momento. Una pareja muy atractiva no solo para su época, sino también para los tiempos modernos, salvando por supuesto la distancia en el estilismo, los medios y el entorno.

Una pareja que quedó capturada en la perpetuidad para formar parte del patrimonio documental de la familia, del mundo y de la sociedad y que yo, como nieto suyo y con los medios propios de esta época rara y cada vez más impersonal, me propongo la tarea de digitalizar su retrato para que perdure por siempre en el tiempo, eternamente, con el fin de que sus rostros juveniles, sus posturas, sus actitudes y su lenguaje corporal no conozcan límite en el espacio o en el tiempo, que persistan indefinidamente en el mundo virtual donde absolutamente todo se vuelve inmaterial e imperecedero. Un pequeño y humilde homenaje a todos aquellos que les tocó vivir una época turbulenta donde las incomodidades, las carencias y el extenuante trabajo de sol a sol a cambio de casi nada eran la nota dominante en una existencia dura y sufrida, casi sin sentido, en la cual las personas eran víctimas resignadas y pacientes de su propia cuna, sin más horizonte que el día siguiente y sin otras ilusiones que las que podía brindar el sustento diario que tanto sudor, dolores y tormentos costaba a aquellas personas duras nacidas de la tierra y que conformaron las generaciones que, en aquella Andalucía vetusta, rural y profunda, sentaron las bases de todo lo que conocemos y ha llegado hasta nosotros mediante un sacrificio desconocido e inconcebible para la sociedad actual. A todos ellos, a mis abuelos y demás hombres y mujeres que sufridamente y a lo largo de los siglos regaron con su sudor el suelo que hoy pisamos, les dedico estos versos para que los oigan de boca de los ángeles celestiales, fieles compañeros suyos en su perpetuo periplo a través de los tiempos infinitos:

Por el tiempo yo quisiera,
en brazos de la memoria,
ser testigo de la historia
y alivio de quien sufriera
sus tormentos dondequiera.
En aquella vida infausta
de mentalidad adusta,
titilantes cual estrella
portáis la esencia de aquella
Andalucía vetusta.

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10 comentarios

  1. Karen Gottlieb

    Agradezco tu respuesta a mi comentario Jesús.
    Así es. Mis abuelos paternos nacieron en la antes denominada Checoslovaquia y Hungría respectivamente y mi abuelo materno arribó a los 7 años en un barco procedente de Rusia.
    Sin lugar a dudas, para ellos así como para todos los inmigrantes debe haber sido muy duro construir una nueva vida en un país tan lejano y con costumbres tan diferentes. Pero fueron ellos, aquellos quienes descendieron de barcos tras tantos días de viaje con sus pequeños hijos de la mano y un par de maletas repletas de esperanzas quienes hicieron Patria en una Patria que les habrá sido muy ajena.
    Sin embargo, puedo afirmar que cumplieron el sueño de educar a sus hijos, alimentarlos y verlos crecer.
    Era otro mundo, fueron otros mundos…
    Disfrutando de un atardecer de verano, te deseo una feliz noche y un muy buen domingo Jesús!
    Karen🦋

  2. Karen Gottlieb

    Amo detenerme a observar fotografías antiguas. De hecho, cuando mis padres fallecieron, de tres hermanos que somos, fui yo quien trajo a casa esa vetusta caja con cientos de fotos tan particulares pertenecientes a mis padres, tíos, primos, abuelos y bisabuelos muchos de ellos nacidos en Europa del Este y emigrados a la Argentina a principios del S XX.
    Es tremendamente movilizador el solo hecho de pensar en cómo una imagen y tan solo una sola puede decirnos e invitarnos a reconstruir tanta historia, tanta vida.
    Me permito decirte que es hermosa esta fotografía de tus abuelos.
    Amo la actitud femenina, aguerrida y me atrevería a decir desinhibida de una mujer que debió vivir en una época en donde solo había tiempo para criar hijos, ocuparse de los quehaceres domésticos y trabajar a la par del hombre si vivía en el campo.
    A pesar de todo ello, su sonrisa quedó clavada en su rostro e iluminó toda el contexto. Tu abuelo la acompaña creando un lenguaje simbólico de complicidad entre ellos dos.
    Sin lugar a dudas, las imágenes hablan y nos relatan muchas situaciones y acciones pasadas. Son parte de nuestra historia y de nuestra identidad como sujetos de una sociedad que va mutando permanentemente.
    Preciosos los versos que les has dedicado a tus abuelos Jesús.
    Creo que somos la palabra que hemos callado y pronunciado. Aquella que necesitamos hacer oír.
    Estamos hechos de aquellos pedacitos de memoria viva y latente.
    Celebro que hayas digitalizado y compartido esta magnifica fotografía porque es parte de tu identidad, de nuestra identidad como humanidad que tanto debe replantearse tan solo un siglo más tarde.
    Feliz finde Jesús!
    Siempre un placer leerte
    Karen 🦋

    1. jgarcia

      Hola Karen,

      Muchas gracias por leerme, por tus amables palabras y por tus siempre interesantes y profundos comentarios. Veo además que corre sangre europea por tus venas, como por las de muchas personas en Argentina. Te agradezco las palabras tan corteses que dedicas a las personas de la imagen -mis abuelos- y estoy muy de acuerdo contigo en lo que refieres acerca de que estamos hechos de aquellos pedacitos de memoria viva y latente.

      Es un placer para mí que me leas, y sabes que eres muy bienvenida por aquí y que puedes comentar e interactuar conmigo siempre que lo desees.
      Un saludo Karen, cuídate mucho y espero que estés disfrutando del clima estival por tus tierras meridionales.
      Nos seguimos 🙏🏻🙋🏼‍♂️🤗

  3. María

    Hola Jesús,

    Muy bonito y hermoso homenaje a todas aquellas personas que tanto lucharon por sobrevivir en una vida de carestía y amargura trabajando de sol a sol. Un periodo donde las personas vivían en unas condiciones deplorables y con mucha escasez. Una época donde los niños no tenían infancia y tenían que trabajar a edades muy tempranas para ayudar en la economía familiar y donde muchas familias tuvieron que emigrar a otros países en busca de una vida mejor.

    Eres una persona con un gran corazón. Cuántos homenajes como este hacen falta para dar las gracias a todas esas personas que lo dieron todo para que nosotros podamos vivir mejor.Los versos preciosos.
    Hasta la próxima lectura y nos vamos siguiendo 🙋🏻‍♀️🤗👌

    1. jgarcia

      Hola María,

      Muchas gracias por tus siempre amables palabras, por pasarte por el blog y por leerme, es un placer para mí. Es lo menos que podemos hacer los que disfrutamos de una vida de comodidades, acordarnos de todos aquellos -especialmente de los que ya no están- que tanto trabajaron y se sacrificaron para crear un mundo mejor, aunque en estos tiempos funestos estemos yendo de nuevo hacia atrás.

      Gracias por apreciar mis escritos, y espero que puedas seguir leyéndolos mucho tiempo.
      Un saludo y cuídate mucho. Nos vamos siguiendo 🙏🏻🙋🏼‍♂️🤗

  4. Julieta

    Que decirte Jesús sobre este maravillosos microrrelato? En cada palabra tuya pude recordar a mis abuelos, en la vida que les tocó vivir lejos de su amada Italia, lejos de la tierra que los vio nacer y transitar sus primeros años de vida. Observar y contemplar estas fotos, con tanta historia, algunos relatos conocidos por nosotros y otros seguramente desconocidos, creo a ambos nos genera esa sensación de querer estar aunque sea unos instantes en aquellos momentos, como bien tu relatas.

    Particularmente este microrrelato me ha emocionado muchísimo. Gracias por tus palabras.

    Que tengas buena noche y un excelente fin de semana.

    Hasta el siguiente posteo, nos seguimos 🤗🙋

    1. jgarcia

      Hola Julieta,

      Muchas gracias por tus amables palabras, es un placer para mí que visites mi blog y que me leas, ya lo sabes. Me alegro de que te haya gustado este microrrelato especialmente. Es lo menos que podemos hacer los que tenemos «medios», inmortalizar a nuestros antepasados, aquellos que, con tanto esfuerzo, sentaron las bases del mundo que conoceremos hoy.

      Gracias otra vez, y por favor, siéntete libre de visitar el blog y de comentar siempre que lo desees.
      Un abrazo desde España, nos seguimos 🙏🏻🙋🏼‍♂️🤗

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