Microrrelato



Simplicidad

Por Jesús García Jiménez


«Detrás de la enorme complejidad de la vida se esconde una simplicidad apabullante, la de esos pequeños detalles y momentos que pasan desapercibidos pero que juntos conformar el todo. ¿Y la felicidad? ¿Qué es la felicidad? Pues no es otra cosa que saber detectar esos pequeños detalles y vivir esos momentos fugaces. Saber apreciarlos, saber disfrutarlos. Quien logra comprender eso se hace poseedor de la llave de la felicidad. Yo no hablo de mansiones, de coches de alta gama, de cifras bancarias con muchos ceros. Hablo de disfrutar de una buena comida, de oír música, de leer un libro, de sentarse en el banco de un parque un día soleado y oler el aroma de las plantas, dejarse abrazar por la siempre amable Naturaleza mientras se escucha el canto de los pájaros. Y todo esto es algo individual, de y para nosotros mismos. Las personas van y vienen, pero los detalles y los momentos siempre están ahí, deseosos de regalarnos un poco de esa felicidad tan ansiada en estos tiempos aciagos. No soy de dar consejos, pero hoy te regalaré uno: vive el momento y disfruta de los pequeños detalles. Y para eso solo te necesitas a ti mism@». 

No hace mucho escribí este pequeño texto que ahora rescato para la redacción de estas líneas, y que viene muy al caso en relación a un interesantísimo artículo que encontré en la sección de ciencia de uno de los principales diarios del país. En dicho artículo se aborda un principio científico-filosófico que abraza una idea simple pero afilada como una navaja. Precisamente de este símil, y del nombre del fraile franciscano de la Edad Media que lo enunció, Guillermo de Ockham, toma su título: La navaja de Ockham. El principio se enuncia del siguiente modo: «Entre dos teorías en igualdad de condiciones que tienen las mismas consecuencias, la explicación más sencilla suele ser la más probable». Es decir, ante dos o más posibles hipótesis que estén en condiciones de poder explicar un determinado suceso, es mucho más probable que la correcta sea la más sencilla; en otras palabras: si algo puede ser explicado mediante un razonamiento fácil y asequible, no es necesario llegar a complicarlo redundante y superfluamente. Véase un ejemplo rápido e intuitivo: una rama grande y pesada cae de un árbol centenario, aplastando al coche que se hallaba estacionado justo debajo -por fortuna no había nadie en su interior en ese momento-. ¿Qué es más probable, que la rama se haya desprendido del árbol porque un espía americano y otro ruso estaban peleándose sobre ella y sacudiéndola violentamente, o que la rama se haya caído porque la madera estaba podrida desde hacía años debido a la edad del árbol? 

En esencia, la navaja de Ockham integra dos principios, el de pluralidad y el de parsimonia. El primero manifiesta la idea de que no debe establecerse pluralidad sin necesidad; mientras que el segundo declara que no debe hacerse con más lo que puede hacerse con menos. Éste último es bastante evidente, al menos en la teoría, pues para qué emplear más medios, tiempo, recursos, etc. de lo necesario en algo, cuando puede hacerse con la cantidad justa y económica. Sin embargo, el primero puede llevar a un candente debate. Piénselo de esta manera: “No debe establecerse pluralidad [cultural] sin necesidad”. Que sea el lector quien saque sus propias conclusiones. Como sea, y al hilo de la frase que abre este microrrelato, la felicidad se halla en lo simple -en lo que suele pasar desapercibido- y rara vez en lo complejo, y quizá sea ese el motivo por el cual es tan difícil alcanzarla, dado que el ser humano tiende, por instinto quizás, a complicar y a enmarañar todo lo que le rodea y afecta. ¿Será, por tanto, el ser humano enemigo de su propia felicidad? O dicho de otro modo, ¿es el ser humano su propio y más letal enemigo?

Como sea, el filósofo y matemático británico Bertrand Russell reformuló el principio dotándolo de esa elegancia austera tan propia del lenguaje científico, diciendo que «no debe formularse ninguna hipótesis cuando un fenómeno puede explicarse sin ella». Pese a todo, y quizá debido a su extrema sencillez, este no es un principio irrefutable y lleva implícitas algunas cuestiones que no tienen fácil solución. Por ejemplo, el concepto de lo simple varía para cada persona. Además, en el caso de que la simplicidad pueda ser identificada, ¿cómo se mide? ¿se halla en la teoría con menos postulados o axiomas? ¿en la más bella estéticamente? Y por último, y quizá lo más importante, no hay evidencia de que lo simple sea lo correcto. Un caso muy llamativo y que aglutina estas importantes cuestiones es el de los creacionistas frente a los defensores de la teoría de la evolución de Darwin. Para los primeros, es más fácil suponer la existencia de un Dios que creó todo que tener que admitir la evidencia de una cadena de millones de casi insignificantes pasos evolutivos que han desembocado en la situación actual. Ante eso, los defensores de Darwin argumentan que el proceso evolutivo explica por sí mismo la evolución de manera sencilla y clara y no es necesario, por tanto, introducir en el mismo una causa que no puede ser probada desde el ángulo de la experiencia científica, como es la existencia de un Dios creador.

Sin embargo, puede ser arriesgado caer en la trampa de simplificar demasiado, y es necesario tener presente ciertos límites. De hecho, Albert Einstein, un hombre que siempre buscó la sencillez tanto en sus teorías como en la justificación de las mismas, llegó a decir que «todo debe hacerse tan simple como sea posible, pero no más simple». Porque la simplicidad es, en cierto modo, un concepto que se mueve por un terreno resbaladizo. ¿Qué es exactamente la simplicidad? Pueden existir tantas simplicidades como personas en el planeta, porque todas y cada una de ellas pueden tener su propio concepto, o mejor dicho, su propia percepción acerca de ello. Algo simple para usted, lector, puede ser algo tremendamente complejo para mí, o viceversa. Además, no conviene perder de vista estas cuestiones: ¿Es la simplicidad algo antagónico a la complejidad o no es más que la otra cara de la misma moneda? ¿Puede la simplicidad ayudar a gestionar la complejidad? 

A propósito de lo anterior, en las escuelas universitarias de ingeniería civil, a los alumnos se les enseña, principalmente, a utilizar las fuerzas de la naturaleza en provecho de la construcción de grandes obras. Y esto se hace resolviendo problemas. ¿Cómo? Pues reduciendo el problema primero, el más complejo, en varios problemas separados e independientes más simples. Resolviendo cada uno de ellos y uniendo las soluciones, se obtiene el resultado satisfactorio que se espera y de este modo se deja atrás el obstáculo inicial. Yo, como Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos -titulación que ha pasado a denominarse modernamente Ingeniero Civil- puedo decir que esto es lo más provechoso que he aprendido en mis años universitarios: a descomponer un problema más grande, complicado y engorroso en varios más pequeños, sencillos y asequibles. Y lo más importante es que esta práctica es perfectamente aplicable a la vida diaria y cotidiana, e incluso me atrevería a decir, que a las relaciones personales, aunque no sin cierto margen de error, claro es. Por todo ello, no es nada descabellado decir que la sencillez y la complejidad son efectivamente dos caras de la misma moneda, e incluso se puede afinar más aseverando que lo simple y lo complejo son, en realidad, distintos niveles de un mismo sistema. 

Volviendo al principio, podría decirse que la navaja de Ockham es, de alguna manera, generalizable al comportamiento humano en muchas de sus manifestaciones o dinámicas, ya que su tendencia natural sigue un principio de parsimonia y sencillez muy alejado de las complejas y rebuscadas explicaciones que a menudo salen a la luz. A este respecto y pese a que, como ya he dicho, este principio no es irrefutable, es también aplicable, por ejemplo, al campo de la criminología. Hay muchos casos de asesinatos en apariencia complejos y sin explicación que cuando han sido debidamente investigados y resueltos, han resultado tener su origen en el entorno cercano de la víctima. O los de muchos criminales de guerra -no solo de la Segunda Guerra Mundial- que adoptaron conductas monstruosas y que antes de eso no eran más que personas normales, padres de familia y trabajadores, ciudadanos de a pie corrientes, y que además, una vez terminado el conflicto retomaron sus vidas con total normalidad, volviendo a ser personas simples. Es decir, no siempre tiene porqué haber algo más allá, no siempre subyace un carácter complejo tras la persona que provoca un daño. No necesariamente existe un elemento diferencial entre quien empuña un arma para disparar a matar y entre usted o yo. A veces no es más que la debilidad ante el contexto, un credo, unos principios que, unidos a una mala gestión emocional, desembocan en algunos de los peores actos salidos de la naturaleza humana. Y yo le pregunto a usted, ¿es todo esto algo simple o complejo?

«La simplicidad es la máxima sofisticación»

Leonardo da Vinci
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8 comentarios

  1. Julieta

    Hola Jesús, que microrrelato de lo más interesante. Siempre nos dejas pensando y reflexionando. Pero hoy voy a abrir el debate con una pregunta (sumo otra pregunta a las tantas que quedan abiertas en el relato), no puede ser todo esto simple y complejo a la vez?

    1. jgarcia

      Hola Julieta,

      Gracias por tus amables palabras. Ese es el objetivo de mis escritos, reflexionar e invitar a la reflexión, y me alegra mucho si consigo que las personas que me leen lo hagan. Con respecto a tu pregunta: ¿no puede ser todo esto simple y complejo a la vez? Yo te diría que sí, dado que lo simple y lo complejo depende de la percepción de cada persona (lo cual depende a su vez de muchos factores) y lo que es simple para mí puede ser complejo para ti, por ejemplo. ¿Es por tanto simple y complejo a la vez? Además, lo simple y lo complejo no son más que dos fases diferentes de un mismo sistema, o las dos caras de una misma moneda. Por lo tanto, pueden (o no) ser lo mismo.

      Un saludo y gracias por leerme, nos seguimos 🙏🙋‍♂️🤗

  2. María

    Hola Jesús,

    Decirte que estoy plenamente de acuerdo contigo sobre el concepto de felicidad y que yo soy una de esas afortunadas en tener una de las llaves.
    En cuanto a tu pregunta: ” Todo es más simple de lo que parece. Lo que pasa es que por nuestra naturaleza de cuestionarlo todo, lo acabamos complicando”.
    La felicidad se encuentra en lo simple.
    Si eres capaz de simplificar las cosas, la vida es más fácil y sencilla.

    Como dijo Confucio ” La vida es realmente simple, pero insistimos en hacerla complicada”.

    Así que como bien has dicho al principio del relato ” Vive el momento y disfruta de los pequeños detalles”.
    Hasta la próxima lectura, cuídate mucho, disfruta y nos vamos siguiendo 🙋🏻‍♀️🤗😜

    1. jgarcia

      Hola María,

      Sinceramente me alegro de que seas una de esas personas afortunadas que tiene la llave -o una de ellas- para la felicidad. Con todo lo demás de tu comentario, no puedo menos que estar de acuerdo y en sintonía contigo.

      Gracias por leerme y por comentar, nos seguimos.
      Feliz semana, María 🙏🙋‍♂️🤗

    2. Karen Gottlieb

      Hola Jesús!!
      Me encantó este microrrelato. Abordás un tema con muchas aristas y creo que una forma de ir acercándose a esa bendita llave sería, como vos bien decís, poder disfrutar de esas pequeñas grandes cosas, momentos con uno mismo porque en muchas ocasiones buscamos rodearnos de otras personas para distraernos de ciertos vacíos e incomodidades personales.
      Creo que la clave está en aprender a valorar y disfrutar esos micro momentos que nos sacan una sonrisa, nos emocionan, nos permiten soñar y sobre todo nos hacen sentir vivos y deseantes.
      Con respecto a la dicotomía simplicidad/ complejidad es una cuestión bastante subjetiva supongo.
      Sería muy bueno que nuestras acciones y elecciones cotidianas nos hicieran más felices o al menos más satisfechos, algo que no siempre nos sucede.
      Un gran abrazo a la distancia y un placer leerte.
      Karen 🦋

      1. jgarcia

        Hola Karen,

        Gracias por tus siempre interesantes y bien estructurados comentarios. Respecto a este en concreto, poco tengo que añadir, salvo que estamos de acuerdo en que la vida es esos pequeños detalles que te arrancan una sonrisa, por ejemplo.

        Simplicidad/complejidad… es una cuestión en sí compleja y nada simple que queda abierta a todo tipo de interpretaciones y opiniones.

        Un saludo y gracias de nuevo Karen, nos seguimos 🤗

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