Tras el velo de la pandemia V


PAN Y CIRCO


«A menudo la verdad es justo lo contrario de lo que generalmente se cree»

Jean de La Bruyère (1645 – 1696)

Muy a menudo, en la lectura de los grandes clásicos de la literatura universal, encontramos frases iluminadoras, reveladoras y motivacionales. En ella -la literatura- se han acuñado muchos términos cuyo uso ha perdurado hasta nuestros días, términos y frases célebres escritos por hombres cuya capacidad les permitió ver mucho más allá de lo que tenían justo delante y que fueron, sobre todo, valientes y pioneros, sin miedo a las consecuencias de los dardos que lanzaban con la fuerza de la lírica. Seguramente usted haya oído alguna vez la locución pan y circo, sin saber muy bien de dónde procede exactamente. Pues bien, esta frase se originó en la Antigua Roma, en la Sátira X -Libro IV- del poeta latino Décimo Junio Juvenal (60-128 d.C.), que dice:

… desde hace tiempo —exactamente desde que no tenemos a quien vender el voto—, este pueblo ha perdido su interés por la política, y si antes concedía mandos, haces, legiones, en fin todo, ahora deja hacer y sólo desea con avidez dos cosas: pan y juegos de circo.

… iam pridem, ex quo suffragia nulli uendimus, effudit curas; nam qui dabat olim imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se continet atque duas tantum res anxius optat, panem et circenses.

(Juvenal, Sátira X, 77–81)

El uso actual es peyorativo, y describe la práctica de sobra conocida, generalizada e incluso refinada por parte de un gobierno que, para mantener tranquila a la población u ocultar hechos controvertidos tales como corruptelas y fallos garrafales que van en perjuicio del Estado y de su pueblo, provee a las masas de alimento y entretenimiento -de baja calidad- presentándose con ello como el gran protector y salvador de las personas. Y a mí no se me ocurrió mejor título para este artículo, el último de la serie Tras el velo de la pandemia, dado que es algo que estamos viviendo, o mejor debería decir sufriendo, con una intensidad especialmente virulenta en estos funestos tiempos de pandemia.

Aunque esta no es la primera epidemia vírica en la historia que afecta al ser humano, ni será la última probablemente, estamos en una época sin precedentes. No por el virus más ¿letal? conocido por la humanidad, sino porque nunca hemos sido sometidos a un ataque con feroces métodos psicológicos tan brutal, salvaje y despiadado como el que hoy están llevando a cabo deliberadamente los gobiernos de todo el mundo: medidas para coaccionarnos, manipularnos, asustarnos, avergonzarnos y hacer avergonzar a otras personas por no seguir las órdenes relativas a las medidas COVID-19 pueden verse y oírse por doquier en un bombardeo constante las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Repito: BRUTAL. Es una amarga verdad, estamos siendo manipulados, coaccionados, asustados y avergonzados por el Estado; sí, por ese Estado que se supone que tiene los mejores deseos para con su pueblo y sus ciudadanos pero que en cambio está haciendo uso de la psicología conductual aplicada (🔗) para aumentar deliberadamente el miedo en la población, encomendando -cada gobierno- a un grupo de psicólogos la tarea de asesorar a sus administraciones sobre cómo lograr sembrar el pánico entre las personas y que se adhieran como borregos asustadizos a las restricciones de COVID-19. Y para ello, como no, han contado -y cuentan- con la inestimable ayuda de los medios de comunicación mercenarios.

Imagen tomada de infobae.com

El equipo Gobierno-Psicólogos, sabiendo que el miedo por sí solo no sería suficiente, puso en marcha la promoción de la aprobación social para los comportamientos deseados, la promulgación de legislación para imponer los comportamientos requeridos y la consideración del uso de la desaprobación social por incumplimiento. Han utilizado los principales medios de comunicación y las redes sociales, junto con una más que dudosa verificación de hechos y una potente censura, para transmitir su mensaje. Y ha funcionado.

Pero todo este sufrimiento causado ya está dando muestras y señales de que tendrá un alto precio en un futuro a corto-medio plazo. A partir de los informes de varias organizaciones y de los propios gobiernos (enlace a noticia 🔗), está claro que la enfermedad mental está en crisis debido a las medidas tomadas ante la crisis del COVID19. Es algo conocido que el riesgo de suicidio ha aumentado considerablemente, y es muy probable que haya habido y habrá muchos suicidios a causa de las respuestas gubernamentales ante la pandemia. Las personas han sido aisladas de los amigos, la familia y la interacción social cotidiana, e incluso de ver una cara completa debido al uso de mascarillas faciales. No es posible viajar libremente y a muchos se les impide trabajar y realizar transacciones. Muchas empresas ya han quebrado y otras muchas quebrarán, y no pocas personas se enfrentan a quedar desempleadas y perder sus hogares, quedando sumidas en la pobreza y la miseria. Ahora, cabe preguntarse: ¿Es esto lo que pretendían lograr la psicología aplicada y los gobiernos responsables? ¿hacernos sentir mal mentalmente para cercenar nuestros derechos soberanos asociados a la libertad? Esto tiene otro nombre, y no es precisamente el de protección. Más bien debería llamársele tiranía.

El impacto de la pandemia de COVID-19 en la salud mental ya es “extremadamente preocupante”, dice la ONU. Recomiendo la lectura de este artículo de la CNN (🔗). Imagen tomada de cnnespanol.cnn.com

Todo este absoluto desastre ha sucedido en base a la amenaza que representa un virus, a pesar del gran desacuerdo sobre la naturaleza de esta amenaza que existe dentro de la propia comunidad científica. Como ejemplo, baste citar la Gran Declaración de Barrington (🔗), un movimiento global contra el confinamiento al que se sumaron casi 6.000 científicos y profesionales de la salud, y en la que se advierte sobre las graves preocupaciones acerca de los efectos adversos que las políticas de confinamiento por la enfermedad COVID-19 están acarreando en la población de todo el planeta, que han supuesto un impacto devastador en la salud física y mental de las personas, así como en la sociedad y la economía globales. Sin embargo, las políticas por la que se han decantado los gobiernos de todo el mundo han estado definitivamente encaminadas a tomar la ruta más dañina para la sociedad, la salud física y mental y la economía, confiando en el consejo de asesores científicos que parecen decididos a cambiar la sociedad para siempre basándose en la idea de que una vacuna mágica y maravillosa nos devolverá a la normalidad. Aunque eso sí, no a la vieja normalidad, por supuesto, sino a una nueva normalidad en la que la vigilancia y el control masivos, los pasaportes de vacunación y una sociedad sin dinero en efectivo en el bolsillo serán la nota predominante y la única manera en que la gente pueda comprar, viajar y trabajar.

Personas confinadas privadas de su libertad, calles de grandes ciudades vacías, comercios cerrados y la economía mundial devastada. Esto es lo que los gobiernos de todo el planeta creyeron que era lo mejor para todos. En la imagen, la Gran Vía de Madrid, desierta durante el confinamiento. Tomada de leonoticias.com

Las medidas de respuesta de COVID-19, con su miseria, miedo, austeridad y desesperanza resultantes, parecen equipararse cada vez más a un abuso sobre toda la sociedad, en este caso, un abuso institucional. Éste ocurre cuando los procedimientos y las políticas marcadas y llevadas a cabo dan como resultado estándares deficientes de atención, regímenes inflexibles y rutinas rígidas que violan la dignidad y los derechos humanos de las personas y las ponen en riesgo de sufrir daños. Esto puede ocurrir dentro de un sistema que de un modo u otro niega o restringe la privacidad, dignidad, elección e independencia individual. La negligencia institucional es la falta persistente de satisfacer las necesidades físicas y/o psicológicas básicas. ¿Le suena de algo? Efectivamente, es todo lo que está ocurriendo durante la pandemia.

En los comienzos de toda esta pesadilla, o mejor dicho, cuando los gobiernos se dieron cuenta de que la situación estaba totalmente fuera de su control -en gran medida por su torpeza, lentitud e ineficacia-, dijeron que era necesario un confinamiento para aplanar la curva, para salvar el sistema de salud y para salvar vidas -como si a ellos les importasen las vidas humanas-. Pidieron que se hiciera un grandísimo esfuerzo, a costa de la salud física y mental, y la población lo hizo, en gran medida empujada por la brutal campaña de terror y desinformación a la que se vio sometida. Todos los gobiernos dijeron que se preocupaban por su pueblo, que velaban por él. Pero ahora, más de un año después del inicio de este desastre, dicen que las cosas están fuera de control, que el mundo está en un punto de inflexión; que la única forma de salir de esto es mediante una vacuna milagrosa, mediante un pasaporte de inmunidad, mediante un Nuevo Orden Mundial. Nos han engañado vilmente. La población mundial lo hizo lo mejor que pudo, hizo un esfuerzo titánico, pero no ha sido suficiente. Nada lo hubiese sido porque los fines son otros.

Este interesantísimo artículo (🔗) de The Defender fechado en enero de 2021, recoge que la Fundación Linux se ha asociado con IBM, la COVID-19 Credentials Initiative y CommonPass, un pasaporte de salud digital, para desarrollar aplicaciones de credenciales de vacunas que serán aplicables a nivel mundial. CommonPass (🔗) está destinada a actuar como un pasaporte de salud en un futuro próximo y representa la etapa inicial de un rastreo masivo bajo el pretexto de mantener a todos a salvo de enfermedades infecciosas. Fue desarrollada por Common Trust Network, fruto de la asociación entre el Proyecto Commons y el omnipresente Foro Económico Mundial -los que de verdad dirigen el mundo-, y dada la presencia de este último en este negocio, a nadie se le escapa que en realidad esto puede ser una parte integrante del Gran Reinicio y la Cuarta Revolución Industrial. Se espera que los pasaportes de vacunas, introducidos apresuradamente como un subproducto de la pandemia COVID-19, estén ampliamente disponibles durante la segunda mitad de este año 2021.

Imagen tomada de commonpass.org

A estas alturas, todos y cada uno de nosotros nos hemos dado cuenta de que los gobiernos, en mayor o menor medida, han ido cambiando la historia a su antojo para tratar de aplacar a una sociedad cada vez más frustrada y desesperada. Hoy bombardean despiadadamente con el presunto número de muertes por COVID-19 o con el número de contagios, pero nunca dicen el número de pacientes recuperados, que es igual o más importante si cabe; mañana el tema de conversación serán las polémicas y cuestionables pruebas PCR, y digo polémicas y cuestionables porque éstas pueden ser manipuladas y utilizadas para reforzar el control y limitar la libertad de movimiento de la población a voluntad, como efectivamente ha ocurrido según las necesidades de cada momento; y la semana que viene tendrá el protagonismo absoluto el número R, o lo que es lo mismo, el índice utilizado para reflejar la capacidad de propagación del coronavirus o de cualquier otra enfermedad. En otras palabras, R es la cantidad de personas a la que una persona infectada le transmitirá un virus, en promedio. Como orden de magnitud, o mejor dicho, como dato curioso, el sarampión tiene un número R de 15 en poblaciones sin inmunidad, mientras que el coronavirus, por ejemplo en el Reino Unido, tiene un número R de entre 0,7 y 0,9 (datos tomados de este artículo 🔗 de BBC News).

Imagen tomada de bbc.co.uk

Seguramente usted se habrá preguntado, en más de una ocasión, si el COVID-19 es realmente una amenaza que obligue a bloquear la sociedad y a destruir la economía mundial. Y ahora me pregunto yo, como lo he hecho otras tantas veces: ¿no será el COVID-19 tan solo el equivalente a una mala temporada de gripe común, la llamada influenza? ¿Por qué los durísimos confinamientos, el uso de mascarillas, el lavado constante de manos, la distancia social… no han servido literalmente para nada? La prueba está en que constantemente ha habido repuntes, recaídas y contagios en masa sin que las medidas anteriores no hayan supuesto ningún obstáculo para la transmisión de la enfermedad. ¿Por qué nadie ha tenido el coraje de plantarle cara a los ineptos e incompetentes que se hacen llamar políticos para gritarles a la cara que las medidas de bloqueo han causado, siguen causando y causarán más muertes que el propio COVID-19? Las personas no podían operarse, las personas no podían hacerse exámenes de detección de enfermedades y dolencias, las personas no podían ver a un dentista y las personas no podían ver a sus amigos y familiares. El aislamiento ha sido y es una gran causa de muerte, especialmente para aquellos ancianos que viviendo en residencias, no pueden ver a sus seres queridos.

Imagen tomada de abc.es

En una reciente entrevista con el sitio LifeSiteNews (🔗) el doctor Michael Yeadon, ex director científico, ex vicepresidente de Pfizer Global y jefe del área de Investigación Respiratoria y de Alergia de esa farmacéutica, alertó sobre la propaganda demostrablemente falsa de los gobiernos en respuesta al COVID-19, incluida la mentira de las variantes peligrosas, el potencial totalitario de los pasaportes de vacunación y la gran posibilidad de que estemos lidiando con una conspiración. En ella, afirma que “es una falacia esta idea de transmisión asintomática y que no tienes síntomas, pero eres una fuente de virus. Que los bloqueos funcionan, que las máscaras tienen un valor protector obviamente para ti o para otra persona, y que las variantes dan miedo e incluso necesitamos cerrar las fronteras internacionales en caso de que entren algunas de estas desagradables variantes extranjeras“. Y añade: “No tengo ninguna duda de que importantes agentes de poder de todo el mundo han planeado aprovechar la próxima pandemia o han creado la pandemia. Una de esas dos cosas es verdad porque docenas y docenas de gobiernos están diciendo las mismas mentiras y haciendo las mismas cosas ineficaces que evidentemente cuestan vidas”.

Los gobiernos de todo el mundo justificaron las órdenes extremas, draconianas, antidemocráticas e incluso anti constitucionales (🔗) de «confinamiento» y de «quedarse en casa» alegando que la enfermedad COVID-19 era excepcionalmente mortal. Sin embargo, con el paso del tiempo, se hizo cada vez más evidente que esas estimaciones tan elevadas carecían esencialmente de sentido porque en realidad los investigadores no tenían ni idea de cuántas personas estaban verdaderamente infectadas por la enfermedad, y se estaban realizando pruebas en gran medida en aquellos pacientes con síntomas lo suficientemente graves como para terminar en las salas de emergencia de los hospitales o en los consultorios médicos. Más tarde, muchos investigadores independientes publicaron nuevos estudios que mostraban que el número de personas con la enfermedad era en realidad mucho mayor de lo que se pensaba anteriormente, y de repente el porcentaje de personas fallecidas a causa de la enfermedad se hizo mucho más pequeño. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (🔗) (CDC, por sus siglas en inglés) publicaron nuevas estimaciones en las que se sugería que la tasa de mortalidad real era de alrededor de 0,26 por ciento, mientras que en marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS), ese organismo que ha demostrado ser del todo inútil y no estar a la altura de las circunstancias en ningún momento, afirmaba que la tasa de mortalidad era muy alta, del 3,4 %.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud. Imagen tomada de elmundo.es

En esta sección (🔗) del Sitio Web Oficial de la Corporación Turca de Radio y Televisión (TRT) se puede hacer un seguimiento de los últimos datos, las estadísticas, los casos y las tasas de mortalidad sobre el coronavirus en el mundo. Además, a través del mapa interactivo, es posible seguir cada detalle y ver instantáneamente la última situación en los países. A fecha de la publicación de este artículo, éstos eran los números que se barajaban, por ejemplo, en España y el Reino Unido:

Tabla tomada de trt.net.tr

Es decir, en el caso de España, el número total de casos era de 3.663.176 con 79.888 fallecidos, o lo que es lo mismo, un 2,18 % de todos los infectados había muerto debido a la enfermedad. Y el número de recuperados había sido de 3.416.279, o lo que es lo mismo, el 93,26 % de los infectados había sobrevivido a la enfermedad, mientras que aún quedaban 167.009 casos activos. En el caso de Reino Unido, el número total de casos era de 4.477.705 con 127.768 fallecidos, o lo que es lo mismo, un 2,85 % de todos los infectados había muerto debido a la enfermedad. Y el número de recuperados había sido de 4.284.613, o lo que es lo mismo, el 95.69 % de los infectados había sobrevivido a la enfermedad, mientras que aún quedaban 65.324 casos activos. En el mismo sitio web está disponible la tasa de mortalidad del coronavirus por edades:

Tasa de mortalidad del coronavirus por edades. Imagen tomada de trt.net.tr

Ahora, hablemos de algo que de verdad mata, y que además lo hace con una letalidad escalofriante. Hablemos del tabaquismo. Y es que, según afirma la propia Organización Mundial de la Salud en este artículo (🔗) del año 2019, la epidemia de tabaquismo es una de las mayores amenazas para la salud pública que ha tenido que afrontar el mundo. Mata a más de 8 millones de personas al año, de las cuales más de 7 millones son consumidores directos y alrededor de 1,2 millones son no fumadores expuestos al humo ajeno. El tabaco mata hasta a la mitad de las personas que lo consumen, es decir, tiene una tasa de mortalidad del 50 %.

Imagen tomada de pediatriasalud.com

Esto es algo simplemente brutal, algo que hace recapacitar y sobre todo, pensar: ¿Qué hacen los gobiernos de todo el mundo hablando de salvar vidas -o save lives en su versión en inglés- cuando no prohíben el consumo del tabaco? ¿A qué viene paralizar la economía mundial, martirizar a las sociedades alrededor del mundo por algo equivalente a una mala temporada de gripe común, cuando no prohíben el consumo del tabaco? ¿por qué se empeñan en reventar la salud física y mental de las personas con confinamientos, limitaciones y atropellos varios a las libertades democráticas de las que hasta hace poco disfrutábamos por temor a un virus de dudosa letalidad y no se aplican para erradicar este mal endémico que tantos estragos causa? La explicación es muy sencilla: el tabaco genera miles de millones al año en impuestos que van directamente a parar a las arcas de los gobiernos. Este artículo (🔗) de eleconomista.es, fechado en diciembre de 2020, recoge que el Estado español recauda 9.000 millones de euros al año gracias al tabaco, lo que lo sitúa como el quinto mayor contribuyente. Aquí no importan las vidas, nunca importaron. Aquí solo importa el dinero y el beneficio. Y detrás de toda esta pandemia es muy probable que haya intereses muy oscuros y beneficios al alcance de las altas esferas, aquellas que rigen por encima de los gobiernos, que no son más que marionetas al fin y al cabo.

Las diez marcas tabacaleras más valiosas e importantes en el año 2020. El valor de la marca está expresado en millones de USD. Tomado de yiminshum.com

Han pasado muchos meses, una larga temporada en la que se ha sufrido mucho. Millones de personas han fallecido, otras tantas han perdido a seres queridos; muchas empresas se han visto irremediablemente abocadas a la quiebra, perdiéndose con ello cientos de miles de puestos de trabajo; la salud física, y sobre todo la mental, se ha visto tremendamente perjudicada, algo que sin ninguna duda traerá consecuencias muy negativas en un futuro a corto plazo; y por todo esto, es lógico preguntarse cuándo terminará toda esta pesadilla. Pero, ¿cómo se determina cuándo finaliza una pandemia? En este interesantísimo artículo (🔗) de BBC News, fechado en marzo de 2021, se explica que incluso si la Organización Mundial de la Salud decidiera que se terminó la pandemia, serán cada uno de los países -o incluso de los Estados o provincias- los que determinarán cuándo termina la emergencia sanitaria y pueden levantarse las cuarentenas y restricciones.

Imagen tomada de theatlantic.com

Muchos creen que la salida de la pandemia no se dará ni eliminando el COVID-19, ni logrando una inmunidad colectiva superior al 60 % -la llamada inmunidad de rebaño-. Se dará cuando logremos tener la enfermedad suficientemente bajo control, es decir, cuando la cantidad de infecciones, hospitalizaciones y muertes ya no sean considerados una emergencia sanitaria. Un reciente artículo (🔗) en la revista The Atlantic estimó que en EE.UU. ese umbral se alcanzaría cuando haya menos de 5.000 nuevos contagios y menos de 100 muertes por día. ¿Por qué 100? Porque esa es la cantidad aproximada de personas que fallecen cada año a causa de la influenza o gripe común.

Aunque siendo realistas y objetivos, parece que para que eso ocurra aún falta mucho, aún queda un largo camino por recorrer y no exento de nuevos confinamientos, restricciones y privación de libertades, dado que es muy probable que los gobiernos y autoridades sanitarias sigan dando el espectáculo bochornoso de ineptitud e incompetencia con el que nos han ido brindando durante tantos meses, cometiendo los mismos errores -o incluso cada uno de ellos más absurdo y ridículo que el anterior- y difundiendo, con la inestimable ayuda de los medios de comunicación mercenarios, las mismas falacias y embustes que tanto daño han causado entre la población de todo el planeta. Todo ha sido un engaño, un fraude de proporciones bíblicas, porque todo esto podría haberse evitado. Así lo recoge BBC News en este artículo (🔗) de mayo de 2021 que lleva por titular “La catástrofe de la covid pudo haberse evitado”: las conclusiones del informe de expertos independientes sobre el papel de la OMS y los gobiernos durante la pandemia. En el referido informe, la principal de las críticas se la lleva la Organización Mundial de la Salud por su ineficacia y su manifiesta falta de liderazgo, así como Europa y Estados Unidos, por perder un tiempo precioso antes de declarar la emergencia sanitaria internacional y evitar así que se convirtiese en una crisis socioeconómica y de salud mundial. Para los expertos redactores del informe, “febrero fue un mes perdido en el que muchos más países podrían haber adoptado medidas serias para contener la propagación del SARS-CoV-2”, y señalan que las instituciones fallaron en proteger a las personas y que, aquellos líderes que negaron los argumentos científicos, erosionaron la confianza pública en las medidas sanitarias. También se recoge en el documento que “la mayoría de gobiernos optaron por esperar a ver lo que pasaba” y no fue hasta que “empezaron a ver que las unidades de cuidados intensivos se llenaban que empezaron a actuar, pero ya era demasiado tarde”.

La pandemia de COVID-19 pudo haberse evitado y, sin embargo, el mundo aún no está preparado para frenar otra. Imagen tomada de news.un.org

Demasiadas coincidencias, casualidades, pasos en falsos y errores disparatados. Y también contradicciones, desinformación y una brutal campaña psicológica para sembrar el miedo. Todo eso, según ellos, para salvar vidas en un periodo en el que otras enfermedades como el cáncer, las cardiopatías o el VIH han dejado de existir. Ahora solo hay COVID-19 y si alguien muere, ha debido de hacerlo -sí o sí- a causa del COVID-19. Yo, como autor de este artículo y de toda la serie Tras el velo de la pandemia, la cual finaliza con este artículo, cada vez me creo menos de toda esta gigantesca farsa. Y no es que sea un negacionista precisamente, al contrario, yo sé y soy consciente de que el virus existe y que representa un ¿peligro? En lo que soy muy escéptico es en lo relativo a su origen, porque yo no me termino de creer que sea natural, es decir, yo estoy convencido de que el virus ha salido de un laboratorio, aunque quieran convencernos de que su origen está en un chino que almorzó sopa de murciélago infectado. ¿Fuga accidental o arrojado al mundo a propósito para desestabilizar todo el planeta, ponerlo patas arriba y comenzar un gran reinicio? No lo sé y posiblemente nunca llegue a saberlo con absoluta certeza. Pero repito, estoy convencido de que el virus ha salido de un laboratorio, y lo seguiré estando hasta que no venga alguien con argumentos lo suficientemente sólidos y razonados como para hacerme pensar lo contrario.

Se han dado muchos y sospechosos azares, muchas incoherencias y discordancias, muchas situaciones que alcanzaron tal grado de ridiculez que pasaron a ser esperpénticas por derecho propio. Un ejemplo: aquí en Escocia -donde actualmente resido- y según palabras del propio gobierno escocés (🔗), “las tasas de casos por 100.000 en Glasgow y East Renfrewshire parecen similares”, y sin embargo, a fecha de la publicación de este artículo, Glasgow está en Nivel 3 y East Renfrewshire está en Nivel 2, es decir, con menos restricciones. ¿Por qué? Pues porque en East Renfrewshire vive mucha gente rica e influyente, lo suficiente como para presionar y que no haya cierre perimetral, de modo que puedan viajar por todo el país sin problemas. Aquí en Glasgow, con el Nivel 3, estamos ahora mismo con cierre perimetral. Curioso, ¿verdad? Esto no es cuestión de virus, ni de pandemias, ni de salvar vidas. Esto es cuestión de política y de dinero. No hay más.

Y con todo, ¿pretenden que nos creamos que este desastre se ha dado de forma fortuita y por azar? NO. Todo esto que ha ocurrido y que está ocurriendo no puede ser un cúmulo de meras casualidades y coincidencias. El trasfondo de todo esto debe ser algo realmente apabullante, algo plagado de intereses muy oscuros que conciernen a agentes poderosísimos que son los que de verdad rigen los destinos del mundo y tienen poder de decisión sobre la vida de los casi 8.000 millones de personas que habitan este planeta. Pero pretenden hacernos creer que todo esto ha sido accidental y fortuito y que velan por nuestros intereses y seguridad. Lo dicho: pan y circo.