Tras el velo de la pandemia IV


DISTANCIAMIENTO SOCIAL


«Nuevas generaciones crecerán con el veneno que los adultos no tienen el valor de eliminar»

Marian W. Edelman (n. 6 de junio de 1939)

Cuenta la leyenda que, hace mucho tiempo, los colores se enemistaron y cada uno de ellos comenzó a proclamar que él era el más bello, el más útil, el favorito de la Naturaleza. El verde dijo: —Sin duda, yo soy el más importante. Soy el signo de la vida y la esperanza. Me han escogido para la hierba, los árboles, las hojas. Sin mí, todos los animales morirían. Mirad a vuestro alrededor y veréis que estoy en la mayoría de las cosas—. El azul interrumpió: —¿Y qué hay del cielo y el mar? El agua es la base de la vida y son las nubes las que la absorben del mar azul. El cielo es infinito y proporciona paz y serenidad. Sin mí, la grandeza de la vida no podría existir—. El amarillo rio sarcástico: —Yo traigo al mundo risas, alegría y color. El sol es amarillo, la luna es amarilla, las estrellas son amarillas. Cada vez que miran a un girasol, el mundo entero comienza a sonreír. Sin mí, el mundo no conocería la alegría—. El rojo ya no pudo contenerse más e interrumpió desafiante: —Yo soy el color del valor y del peligro. Yo soy el color de la sangre, y estoy dispuesto a luchar por una causa. Sin mí, la tierra estaría vacía como la luna. Soy el color de la pasión y del amor; de la rosa roja, la flor de pascua y la amapola—. El púrpura interrumpió, colérico: —Soy el color de la realeza y del poder. Reyes, jefes de Estado y obispos me han escogido siempre porque soy el signo de la autoridad y de la sabiduría. Nadie osa cuestionarme; tan solo me escucha y me obedece—. El añil alzó su oscura mano y tomó la palabra, diciendo: —Solo pensad en mí, yo soy el color del silencio. Sin mí, ninguno de vosotros sería lustroso, carecerías de brillo. Además, yo represento al pensamiento y a la reflexión, a las oscuras y profundas aguas. Yo soy el color de los anocheceres, donde se equilibran la oración y la paz interior—.

De este modo, cada uno de los colores estuvo presumiendo ante los otros, convencidos de que eran los más importantes y hermosos. La querella fue subiendo de tono progresivamente hasta que, de repente, apareció el resplandor de una luz blanca y brillante, surgieron estrepitosos relámpagos en el cielo y el agua empezó a caer con una furia implacable. Los colores cesaron de discutir y comenzaron a acurrucarse con miedo, acercándose los unos a los otros buscando protección. Y entonces habló la lluvia: —Debería daros vergüenza, colores. Luchando contra vosotros mismos, intentando cada uno dominar al resto. ¿Acaso no sabéis que todos sois necesarios en el mundo? Cada uno para un objetivo especial, único y diferente; dejad de pelear, juntad vuestras manos y venid conmigo—. Y así fue como entre todos formaron un gran arco de colores, testimonio de que es posible vivir juntos y en armonía. A ese abrazo dibujado en el cielo le llamaron arcoíris.

Fotografía propia, tomada en las Tierras Altas de Escocia

No me digan ustedes que este cuento no es todo un canto a la tolerancia y a la esperanza. Todos, sin importar el color, abrazados para regalarnos uno de los espectáculos más bellos que luce la naturaleza; aunque hay un pequeño inconveniente: que se trata de eso, de un cuento, ya que la vida es una historia real muy diferente y mucho más cruda en la que existe algo que la Real Academia Española define como la exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive. Hablamos del racismo, ese sentimiento que es también el pilar sobre el que se fundamenta la ideología o doctrina política basada en lo anterior.

Es interesante pensar en el futuro, en qué ocurrirá en las décadas venideras, porque sin ningún género de dudas, el racismo es algo que se ha ido agravando y ganando presencia en las sociedades más desarrolladas del planeta en los últimos años. Algo que choca frontalmente con lo que está por venir y que expertos y organizaciones llevan años anticipando: los grandes flujos migratorios del futuro. El Foro Económico Mundial, en este artículo (🔗) titulado 8 predictions for the world in 2030 -traducido al castellano, 8 predicciones para el mundo en 2030– se hace eco de este fenómeno en el punto 6 del texto, y advierte que “el mundo necesita estar mejor preparado para las poblaciones en movimiento, ya que el cambio climático habrá desplazado a mil millones de personas”. Y no solo el cambio climático, también las guerras, las hambrunas o las inestabilidades políticas serán motivo del desplazamiento de grandes masas poblacionales intentando refugiarse en países que dan sobradas muestras de no estar preparados política, social y económicamente para afrontar el desafío.

Imagen tomada de weforum.org

Esta fatal pandemia -¿provocada?- que comenzó a finales del año 2019, ha ofrecido una oportunidad de oro para combatir el racismo mediante eso que nos han impuesto a la fuerza y que ha alejado a los seres humanos unos de otros, haciendo de las relaciones personales, que ya venían perjudicadas sobremanera debido al uso intensivo de las redes sociales, algo aún más frío y distante, más líquido e inconsistente. Y es que el distanciamiento social, vendido como la más eficiente de las medidas de cara a evitar la propagación del coronavirus, ha hecho que la interacción entre personas se reduzca al mínimo, a lo estrictamente necesario, supliéndose esta falta con la omnipresencia de los medios de comunicación que se han dedicado a bombardear (des)información de manera despiadada, brutal y salvaje. Los medios se han convertido en los mejores amigos de muchísimas personas en el mundo, especialmente durante los duros meses de confinamiento, y se han encargado de sembrar la semilla del miedo, la desesperación y la melancolía en gran parte de la población, aborregándola y arrodillándola, dejando el camino libre a la oligarquía que rige empleando a los políticos y gobiernos de todo el mundo como marionetas y peones en este campo de batalla que es la geopolítica mundial.

Imagen tomada de prezi.com

El distanciamiento social, claramente un arma de doble filo, ayuda además a minimizar la sensación de rechazo debido a ese espacio impuesto, ya que al no estar ahora tan cerca los unos de los otros, las personas pertenecientes a grupos marginados por color de piel, raza, religión, etc., tienen su hueco y pueden pasar más desapercibidos, hecho al que también ayuda la mascarilla, por supuesto. Esto es algo en lo que han pensado las personas con capacidad de reflexión y juicio crítico, las personas que todavía se resisten a ser parte del colectivo aborregado y que aún ponen en duda la veracidad de la (des)información con la que los medios de comunicación mercenarios han apedreado despiadada e incansablemente a la población del planeta. Pero la realidad es otra: no hay distancia social suficiente para erradicar el odio entre los seres humanos. Y esto es un hecho. Está documentado que la hostilidad y la aversión hacia los asiáticos aumentó enormemente desde el comienzo de la pandemia, y se produjo una escalada racista que apuntaba especialmente hacia los chinos, incluso en el propio continente asiático y más concretamente en los países vecinos. “China es culpable”, debieron pensar. Aunque no es justificable de ningún modo comportamiento racista alguno, hay que decir que los chinos no es que sean personas amigables precisamente. Y yo hablo en función de lo que veo: allá donde van, no quieren absolutamente nada con la población local, ellos forman sus colonias, sus guetos cerrados dentro de los cuales se blindan y no tienen contacto alguno con el exterior, da igual que residan en España, Reino Unido, el resto de Europa o el resto del mundo. Un dato bastante curioso es que, aún siendo ciudadanos occidentales, es decir, nacidos en países occidentales pero de ascendencia china, su lengua nativa no es la lengua del país en el que han nacido. Un ejemplo: una persona de origen chino puede nacer en el Reino Unido, pero lo hace en un ambiente tan hermético y cerrado al mundo exterior que, aún naciendo británico, su lengua materna no es el inglés, sino el mandarín -o lo que sea-. Y de esto doy fe porque yo personalmente conozco casos concretos. Además, los chinos -que a los occidentales les llaman blancos– siempre se unen y se casan con otros chinos, y en muy raras ocasiones pueden verse parejas mixtas, porque en ese aspecto son muy estrictos -por norma general- y las familias no aceptan a un blanco en la comunidad china, sea en el país que sea.

Gran repercusión tuvo en los medios lo acaecido el 16 de marzo de 2021 en la ciudad de Atlanta (EEUU), donde ocho personas murieron, seis de ellas de origen asiático, luego de que un joven de 21 años llamado Robert Aaron Long disparara contra tres lugares: un salón de masajes y dos spas. Y no es algo nuevo que los asiático-estadounidenses, ya traumatizados por una creciente ola de odio, violencia y retórica, han vivido con miedo durante meses. La cadena estadounidense de noticias CNN refleja, en este artículo (🔗) de marzo de 2021, que el supremacismo blanco y el odio atormentan a los estadounidenses de origen asiático, recogiendo en el mismo que los delitos de odio contra este colectivo aumentaron un 150% durante la pandemia, según el Centro para el Estudio del Odio y el Extremismo de la Universidad Estatal de California en San Bernardino.

La pandemia, además de ser una crisis sanitaria a nivel mundial, es una crisis económica, social y política que ha sacudido los cimientos de todo lo establecido, poniendo al descubierto y exacerbando las desigualdades raciales a la vez que se ha alimentado de ellas. Personas negras y afrodescendientes, latinos, pueblos indígenas y otras comunidades históricamente excluidas y oprimidas de todo el mundo han experimentado un recrudecimiento de su situación, tal y como recoge la ONG Oxfam (🔗) en este informe titulado «El virus de la desigualdad» (🔗).

Cabe preguntarse, después de todo lo expuesto anteriormente, si ese hermoso cuento que nos han querido vender, el de la multiculturalidad, no es en realidad más que una utopía irrealizable. Llegado a este punto, me voy a permitir realizar un somero análisis de esta cuestión. Pero primero, necesitamos saber qué es la cultura, entendiéndola -en este contexto- como un proceso histórico dinámico, que hace que un grupo humano vaya adaptándose al mundo que le rodea, generando costumbres y formas de ser como respuesta a los múltiples retos que debe afrontar. Ahora bien, ningún grupo está solo en el mundo, y la historia está plagada de encuentros e influencias mutuas entre comunidades con culturas diferentes, aunque más bien cabría hablar de desencuentros, ya que los choques culturales nunca han sido fáciles y siempre -o casi siempre- han sido el origen de numerosas batallas y conflictos.

A grandes rasgos, el multiculturalismo se apoya en el valor positivo de las culturas o de la diversidad cultural, y aspira a elaborar los mecanismos jurídicos que las protejan, fomenten y hagan perdurar en el tiempo. Es decir, una sociedad será multicultural cuando esté en condiciones de ofrecer suficiente espacio jurídico y social para que todos los grupos culturales y sus miembros puedan desarrollar cada una de sus prácticas culturales tradicionales. Es cierto que la socialización tiende a la homogeneización de los individuos que conviven en una sociedad, pero en su seno se genera inevitablemente una heterogeneidad cultural pese a que, por regla general, en la mayoría de los países del mundo existe diversidad sobre la base de la religión, la lengua y la clase social, diversidad que se refleja en minorías étnicas y grupos que se diferencian culturalmente.

Imagen tomada de elmundo.es

En una sociedad plenamente multicultural, los Sikh podrían conducir motocicleta sin casco ya que su voluminoso turbante no permite el uso de este elemento de seguridad; los musulmanes practicantes podrían ser profesores a tiempo completo aunque no puedan cumplir con el horario establecido porque tienen que ir a la mezquita a cumplir con sus obligaciones de rezo; los amish, así como otros grupos de cristianos fundamentalistas, podrían retirar a sus hijos de la escuela antes de lo que la ley establece o incluso no enviarlos; grupos religiosos podrían exigir que se retiren ciertas materias del plan de estudio escolar y se agreguen otras; grupos étnico-culturales y religiosos recibirían financiamiento público para fundar y administrar sus propias escuelas; regiones con su propia lengua o dialecto podrían hacer vinculante el idioma de enseñanza en todos los niños que habitan en ella; se podría sacrificar animales con fines culinarios o ceremoniales de acuerdo a los ritos propios de ciertas religiones, aunque esto choque frontalmente con la legislación acerca del trato de los animales; se asignarían fondos públicos destinados a fortalecer las identidades étnicas y culturales; se restringiría la libertad de expresión y artística para evitar violar la sensibilidad de grupos culturales y religiosos; el derecho de familia de cada grupo, cultural o religioso, se organizaría de acuerdo a las tradiciones que reglan esas relaciones y de este modo serían posibles los matrimonios forzados, de niños, o la desigualdad de derechos con respecto al divorcio; se podrían desarrollar todas las prácticas culturales y religiosas que marcan etapas importantes en el ciclo de la vida -como son el nacimiento, el paso a la adultez y la muerte- y se permitirían prácticas como, por ejemplo, la mutilación genital femenina o la circuncisión masculina, la realización de cortes en la cara o el cuerpo, los entierros fluviales, etc. El derecho penal estaría en sintonía con los aspectos propios de cada cultura, aceptando la defensa cultural y rebajando el grado de la pena, o incluso anulando el delito, si los hechos imputados no son castigables dentro de la cultura -se permitiría, por ejemplo, el linchamiento de presuntos delincuentes o el asesinato de honor-; y podríamos estar agregando casos a esta lista hasta llenar varias páginas. Naturalmente, una sociedad en la que tuviese cabida todo esto, se permitiese y todos los grupos conviviesen en paz y en armonía es claramente una utopía, un plan irrealizable por motivos más que obvios.

Sikhs son personas asociadas con el sijismo, una religión monoteísta que se originó en el siglo XV en la región de Punjab del subcontinente indio, basada en la revelación de Guru Nanak. Imagen tomada de inews.co.uk

Parece claro que la multiculturalidad, esa especie de creencia ciega, de religión llena de contradicciones en sí misma, termina siendo una consecuencia necesaria de un fenómeno que, si bien es verdad que ha existido desde los orígenes mismos de la humanidad, durante las últimas décadas ha adquirido unos tintes dramáticos y trágicos dado el carácter de sus motivaciones. Hablamos de los grandes flujos migratorios, en los que centenares de miles, o incluyo millones de personas se desplazan huyendo de guerras, hambrunas, represiones políticas o en busca de una vida mejor, en busca del sueño que les hacen creer que vivirán en el país de destino. Y el fenómeno migratorio no viene solo, sino que trae unos problemas asociados que repercuten en gran medida y muy negativamente en la sociedad y la política del país que acoge -por voluntad propia o por imposición- a esas masas descontroladas que traspasan fronteras. Respecto al factor económico, usualmente la llegada de inmigrantes jóvenes en edad laboral permite que se ocupen empleos que la población nativa no está dispuesta a hacer, por ser trabajos poco cualificados y mal pagados; pero esto al fin y al cabo termina perjudicando a la población nativa menos preparada ya que los empresarios optan por los extranjeros, quienes están dispuestos a todo para conseguir ingresos miserables. Además, al haber más población, los gobiernos se ven obligados a disminuir el salario de los nativos.

Socioculturalmente hablando, los inmigrantes tienen sus propias tradiciones, idioma, religión y reglas de comportamiento, que en la mayoría de los casos son muy diferentes de las de la sociedad receptora. Los practicantes de la fe del multiculturalismo predican que la llegada de personas de otras culturas supone un enriquecimiento de la sociedad receptora, volviéndose más abierta y plural al convivir diferentes grupos étnicos en ella. Pero lo que ocurre en la realidad es algo diametralmente opuesto: el surgimiento de ideas xenófobas en la población nativa, que considera la llegada de extranjeros como una adulteración de la sociedad, viéndolos como personas peligrosas que contaminan la cultura propia o directamente la están haciendo desaparecer, dado que la mayoría de migrantes tienen edades comprendidas entre los 25 y 35 años, los cuales pueden reproducirse en el nuevo país incrementando así la natalidad y fertilidad y desplazando, de algún modo, a una población nativa cada vez más envejecida.

Imagen tomada de abc.es

La llegada de inmigrantes puede motivar la elaboración de normativa y reglamentación nunca antes vista en el país receptor, como aquellas que prohíben el uso de vestimentas tradicionales de otros países (véase esta noticia 🔗) o que niegan en cierto modo el derecho asistencial a los inmigrantes ilegales. También puede tener lugar la implantación de leyes que tienen el propósito de seleccionar a aquellos inmigrantes más útiles dependiendo de las necesidades del país, como ya está haciendo el Reino Unido tras su salida de la Unión Europea (véase esta noticia 🔗). No es de extrañar, pues, que entre nacionales y extranjeros se generen tensiones que hagan que las personas nativas abracen ideologías cada vez más extremistas, regalando su voto a formaciones políticas cuya principal baza es la de expulsar a los que no son del país.

Imagen tomada de opendemocracy.net

Visto todo lo anterior, la mezcla de culturas causada por los flujos migratorios no da lugar, ni mucho menos, a un multiculturalismo dichoso, a esas fantasías que buscan la felicidad universal de la humanidad. La mezcla de culturas, o más bien debería decir el choque frontal entre culturas distintas, opuestas e incompatibles, ha engendrado -a lo largo de la historia- el monstruo más sediento de sangre y destructivo que la mente humana pueda imaginar: el racismo. Pero hablando de un tema tan delicado desde todos los ámbitos -social, económico y político-, no cabe otra opción que ser realista e intentar analizar el fenómeno de forma analítica y objetiva. Así, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos demasiado, que el racismo nace del miedo a lo desconocido. Por otro lado, sabemos que el miedo es un sentimiento inherente al ser humano, es algo que habita dentro de la propia alma, es algo que no se aprende. ¿Puede afirmarse, por tanto, que en cierto modo el ser humano nace racista? ¿es el racismo un sentimiento íntimo y esencial de la condición humana? Respecto a esta pregunta se abre un amplio debate, pues hay quien afirma rotundamente que no, que una persona jamás nace racista, que se hace racista porque se le enseña a que lo sea inculcándosele el sentimiento de odio hacia otras personas de diferente color de piel, creencias, culturas, etc. Pero también hay quien sostiene que sí, que el racismo, como una especie de miedo que es, nace con el ser humano como parte de su condición. Como sea, en el año 1940 el psicólogo estadounidense Kenneth Bancroft Clark, junto con su esposa la psicóloga Mamie Clark, llevó a cabo un experimento con muñecos de color blanco y muñecos de color negro y un grupo de niños. Concluyeron que los niños mostraban más interés por los muñecos que aparentaban piel blanca y no mostraban interés por los muñecos de apariencia negra. El argumento de los niños era que los muñecos negros eran feos y los muñecos blancos bonitos, basándose posiblemente en el interés por los estereotipos de color blanco, es de decir, los más aceptados por la mayoría de la sociedad.

Kenneth Clark observando a un niño durante una sesión en Harlem, Nueva York, en 1947, como parte de un estudio que él y su esposa, que también era psicóloga, realizaron sobre la autoimagen de los niños negros. Imagen tomada de nytimes.com

El experimento de la muñeca de Clark ha sido llevado a cabo centenares de ocasiones en muchos países alrededor del mundo con niños a partir de los 3 años. El resultado es prácticamente el mismo en cada nuevo experimento, mostrando que persiste un sentimiento de inferioridad de las diferentes etnias frente a la raza y cultura blancas. Parece claro que, en niños de tan corta edad, el racismo necesariamente es fruto de los estímulos recibidos de su entorno y no de una convicción personal. Muestra que, de una manera muy sutil, se sigue inoculando la idea de la supuesta superioridad racial mediante programas televisivos, campañas publicitarias, bromas y chistes, cánones establecidos y muchos otros mensajes que fluyen a nuestro alrededor de manera imperceptible. Y esta pandemia que ha azotado al mundo trayendo sufrimiento, desgracia y ruina -social y económica- ha dejado bien a las claras que el racismo sigue vivo. Que está más vivo que nunca.


Recomiendo la lectura de este artículo, que seguro no dejará indiferente al lector:

El multiculturalismo: Una utopía destinada al aniquilamiento material y espiritual de los pueblos europeos

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6 comentarios

  1. María

    Hola Jesús,
    Lo primero felicitarte por el artículo, que como los anteriores tratas temas muy interesantes y de los que se podría hablar durante días.
    En primer lugar la pandemia ha destapado la violencia de las comunidades marginadas debido a ciertas actitudes racistas. Las personas más afectadas son inmigrantes, persobas de color y ahora la población asiática se ve afectada debido a que la pandemia se generó en China.
    Es cierto que hay desigualdades económicas y raciales han existido siempre y lamentablemente la pandemia lo único que ha hecho es agravar más estas desigualdades. Los únicos que pueden frenar esto son los gobiernos que si no toman pronto cartas en el asunto, los próximos años van a ser tremendamente duros.
    En cuanto al Multiculturalismo creo que, la existencia de tantas culturas y tan distintas en un país, lo único que fomenta es que exista más racismo porque es imposible que todos podamos convivir en un mismo territorio con religiones, culturas y costumbres tan diferentes.
    Que pases buenas noches y hasta la próxima lectura. Cuídate mucho 🤗

    1. jgarcia

      Hola María,
      Gracias por leer el artículo y por tomarte el tiempo de contestar.
      Dices (bien) que los únicos que pueden frenar las desigualdades sociales y económicas son los gobiernos, y estoy de acuerdo contigo; pero creo que ambos sabemos (o intuimos) que eso no ocurrirá, es más, antes podrán alentarlo a través de malas políticas que poner un remedio. Respecto del multiculturalismo, pienso igual que tú: esa diversidad de la que hablan no es posible de ningún modo y lo único que acarrean son problemas sociales.
      Un saludo y gracias otra vez María. Por favor, siéntete libre de comentar siempre que lo desees, estoy abierto a sugerencias y opiniones.
      Cuídate mucho, nos leemos… 😉

  2. Karen Gottlieb

    Buenas noches Jesús!
    Al entrar a este texto me sorprendió gratamente la historia con la cual decidiste introducir este tema tan delicado pero real.
    Ese cuento sobre los colores pero en la versión francesa, lo he trabajado en reiteradas ocasiones con mis alumnos. Fue grato volver a leerlo y esta vez en español.
    ¿ Qué agregar a todo lo mencionado y explicitado en tu relato de modo tan detallado?
    Es muy triste comprobar cómo se encasilla a la gente por su color de piel, creencia religiosa o estatus socioeconómico. Se discrimina también a las personas que no han recibido una buena formación académica.
    Todo lo anteriormente dicho es una buena excusa para excluir, agredir y violentar.
    El mundo está muy violento y los líderes políticos no necesitan mucho para enemistarse o tomar represalias por acciones que les han desagradado.
    Creo que el racismo no es innato sino adquirido sin lugar a dudas.
    Tal como lo planteaste más arriba, los medios de comunicación, la misma familia, el contexto en donde crece y se desarrollan los niños determinan sus valores, su forma de vivir, sentir y actuar porque somos lo que vemos, oímos y aprehendemos de nuestra realidad en la cual estamos insertos.
    Creo que has puesto sobre el tapete una cuestión muy arraigada en las culturas occidentales y orientales y muy difícil de combatir.
    El respeto a lo diverso debe inculcarse y enseñarse a través del ejemplo, del diálogo.
    Hay que atreverse a hablar de lo oculto, de nuestros presupuestos y prejuicios.
    Tal vez y sólo tal vez cuando los seres humanos se atrevan a dialogar, a mirarse desde un lugar más amoroso y humilde, es probable que comencemos a cambiar las cosas que nos hacen tanto daño y nos destruyen día a día los lazos entre los habitantes de un mismo mundo que está abrumado por la presencia de tanto odio e intolerancia entre aquellos que lo habitan.
    Muy buen finde!
    Karen🦋

    1. jgarcia

      Hola Karen,
      En primer lugar quiero agradecerte el que hayas leído el artículo y por supuesto tu extenso, detallado y bien argumentado comentario, con el que estoy en total sintonía.
      Dices que se discrimina también a las personas que no han recibido una buena formación académica. En realidad, se discrimina aún más a las personas que SÍ han recibido una buena formación académica, y te explico porqué. Aquí en Europa, y supongo que será más o menos generalizado en el resto del mundo, los bares, restaurantes, supermercados y otros puestos de trabajo mal pagados y no cualificados (lo que aquí llamamos «trabajos basura») están llenos de jóvenes con titulaciones universitarias que gastaron los mejores años de su juventud estudiando en la universidad para terminar desempeñando trabajos para los que están excesivamente sobrecualificados, y es una verdadera pena. Y también eso es, a mi juicio, una discriminación brutal y salvaje para los jóvenes mejor preparados de la sociedad por parte de un sistema laboral y político totalmente fallido y fracasado.
      Por otro lado, dices que solo cuando los seres humanos se atrevan a dialogar, a mirarse desde un lugar más amoroso y humilde, es probable que comencemos a cambiar las cosas. Sí, estoy de acuerdo con que es así, pero también estoy convencido de que ese momento nunca va a llegar, o al menos nosotros no lo vamos a conocer, hay demasiado odio y rencor entre los seres humanos y no solo eso; los que deberían erradicar ese odio y rencor no hacen sino alimentarlo en su propio beneficio: divide y vencerás.
      Gracias otra vez por tu comentario Karen, es un placer leerte y un honor para mí que me leas.
      Un abrazo y cuídate mucho. Nos leemos… 😉

      1. Karen Gottlieb

        Hola Jesús!
        La realidad social, económica y laboral es muy diferente en Argentina si la comparamos con aquellas de muchos países europeos o del norte de América.
        Es importante aclarar que desde hace años y sobre todo en estos momentos, mi país tiene un 40% de su población sumergida en la pobreza.
        Hay desocupación laboral y mucha gente trabaja de forma informal.
        Los últimos estudios muestran que sólo un 20% de los jóvenes terminan la Universidad y un 10% de ese grupo decide buscar nuevos horizontes en el viejo continente a causa de la inseguridad y corrupción reinantes en nuestro país.
        Millones de personas cobran planes sociales desde hace décadas y muchísimas familias no conocen lo que es la palabra “trabajo” porque hace tres generaciones que « sobreviven » gracias a esa ayuda social que se les otorga sin pedirles nada a cambio.
        Esto genera muchos conflictos sociales y la gente que estudia y trabaja se siente insegura a causa de la aquellos que delinquen porque no han tenido otra escuela que la delincuencia y la deshonestidad.
        Todo esto divide al país y genera mucho resentimiento, odio y discriminación.
        Es el Estado quien debe garantizar el acceso a la educación de tantos niños y jóvenes que no estudian y que se dedican a infringir la ley ante los ojos de toda una sociedad que necesita trabajar y vivir en paz.
        Lo triste es el odio que se genera entre los ciudadanos de una misma nación porque sus representantes solo piensan en enriquecerse y no tienen un proyecto de país en donde todos sus habitantes puedan vivir dignamente gracias a un trabajo que alcance para cubrir las necesidades básicas de una familia.
        Acuerdo con vos que no será fácil erradicar el odio, el rencor y tantos sentimientos y acciones negativas que solo contribuyen a separar y a fomentar más el resentimiento y la discriminación entre los miembros de un mismo país o de países vecinos.
        El ser humano se ha convertido en un ser muy egoísta y muchas veces solo piensa en el aquí y ahora sin darse cuenta que cada acción que realizamos está construyendo “futuro”
        Buen comienzo de semana Jesús!
        Abrazo,
        Karen🦋

        1. jgarcia

          Hola Karen,
          Siento leer este comentario, no porque no me guste, al contrario, está muy completo y enriquecido pues has aportado incluso datos estadísticos, lo cual siempre es fantástico. Siento leerlo porque es ciertamente una situación triste, muy triste, a la que nunca debería haberse llegado de ningún modo.
          Como sea, yo vivo en la «vieja Europa» y le diría a esos jóvenes argentinos que tienen puestos sus ojos en estos horizontes que no es una buena idea porque Europa no es, ni mucho menos, la imagen que se tiene de ella en Sudamérica, África u otros lugares. Sociedades enfrentadas entre sí, países distanciados, economías devastadas, mercados laborales fallidos… Los próximos años se presenta muy, pero que muy duros.
          Y por si fuera poco, como tú has indicado, no será fácil erradicar el odio, el rencor y otros sentimientos negativos que campan a sus anchas fragmentando aún más sociedades condenadas al conflicto.
          Un saludo Karen, y como siempre, un placer leerte.
          Cuídate mucho, nos leemos… 😉

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