Microrrelato



Esto es amor

Por Jesús García Jiménez


«Ohh… míralos. Tan felices e ilusionados, tan colmados de dicha. Nada más existe fuera de ese vínculo mágico que les une, todo lo malo e incluso lo bueno del mundo que les rodea les es ajeno. Solo tienen ojos para la persona que tienen delante y a la que veneran. Les embarga una felicidad plena e infinita, y en este preciso instante se hallan flotando en una nube que los eleva por encima del resto de los mortales, a los que miran con tierna simpatía, con una bondad nueva y renovada, con sincera compasión dado que la diosa Fortuna no les ha bendecido como lo ha hecho con ellos. Ahora todo lo ven hermoso si es en compañía del ser amado, su presencia brinda una dicha indescriptible y su ausencia se torna insoportable. Han sido capaces de asaltar los pensamientos y los sueños del otro, y son los responsables de que juguetonas y traviesas mariposas dancen en el vientre al son de los pensamientos y recuerdos. Y esa sonrisa… esa línea curvada y feliz trazada en sus rostros relajados, de gesto lelo y mirada perdida. Ahora la única meta, el único objetivo que tienen en la vida es ver cuanto antes al otro si es que no están juntos, y no separarse jamás si es que lo están. La otra persona se halla justamente en el ojo de un huracán que con su fuerza impetuosa y arrolladora sacude los cimientos de lo cotidiano y perturba los hábitos y costumbres hasta convertirlos en obsoletos, porque ya nada más importa, todo gira en torno a la otra persona y sienten la necesidad irrefrenable de exteriorizar sus pensamientos en base a la palabra con todo aquel que esté dispuesto a escuchar la que para ellos es la más bonita e impecable historia de amor, un romance perfecto destinado a perdurar por siempre jamás».

Ese era el mundo idílico que mi mente dibujaba mientras dejaba atrás a la vez que observaba disimuladamente -aunque si lo hubiese hecho de forma un tanto descarada posiblemente no se hubiesen percatado, tal era la obnubilación de ambos- a una joven pareja de tortolitos que se había detenido a un lado del camino que cruzaba aquel parque urbano de punta a punta, para darse carantoñas a la vez que miraban y señalaban divertidos en dirección al río, cuyas aguas bajaban lentas e impasibles, ajenas a todo. En mi rostro también se dibujaba una sonrisa, pero esta tenía ciertos tintes de malicia, de picardía. ¿O debería decir de realismo? «A ver cuánto os dura», pensaba yo. «A ver cuánto tiempo transcurre hasta que se desvanezca la magia, hasta que mueran las mariposas y se despejen los pensamientos, vuelvan los hábitos y costumbres y el furioso huracán que ahora lo revuelve todo se torne nuevamente en suave brisa apenas sentible. Ahora todo os deleita del otro, sus defectos -si es que los tiene- no son más que cosillas sin importancia, divertidas incluso, que proporcionan un plus de encanto a la ya de por sí maravillosa persona con la que compartís vuestros anhelos. Que cruel es la vida. No saben -o si lo saben lo han olvidado- lo que ésta les depara una vez que los fervores de la pasión inicial se desvanezcan como lo hace la bruma de la mañana que, atosigada por los primeros rayos de sol que expanden su luz, huye despavorida para dejar paso a la nitidez allá donde antes no se apreciaban más que vagos contornos y formas confusas. Es entonces cuando esas cosillas adquieren su verdadera dimensión y se convierten en lo que realmente son: imperfecciones, faltas, carencias en la otra persona que se vuelven imposibles de ignorar, fallas que con el mismo ritmo lento e impasible que el del agua de río que fluye junto a ellos, erosiona lenta y sutilmente los pilares de la relación hasta provocar su derrumbe y dejar tan solo las ruinas de lo que un día, ya lejano, fue aquel hermoso templo del amor que se erigió bello y majestuoso entorno a ellos».

No es de extrañar, en un sitio tan frecuentado como lo es un parque público, que tan solo unos metros más adelante viniese a topar con lo que a mí me pareció la versión pura, real y verdadera de lo que había visto unos segundos antes. Una pareja de ancianos caminaba con paso lento y cansado, al ritmo que les imponía una vida salpicada de vicisitudes, pero aún erguidos pese a los años que soportaban sus espaldas y que llenaban una existencia larga y, muy probablemente, no exenta de sinsabores y tramos amargos por caminos de rosales y espinas, por momentos bajo las luces y en muchas ocasiones entre las sombras. Aunque los miraba sin disimulo, mi semblante debía translucir el profundo respeto que despertaban en mí aquellas personas, dado que al percatarse de que los miraba, tuvieron la cortesía de dedicarme una sonrisa amable y un leve gesto de cabeza, que inmediatamente fue correspondido por mi parte. Una sincera admiración que se fundamenta en mi particular creencia de que a esa edad y con tanta senda recorrida, ya se hallaban redactando el epílogo del libro de la vida y la sabiduría, en el que cada renglón es un momento vivido y cada hoja una experiencia aprendida, escrito capítulo a capítulo con la pluma del esfuerzo y la abnegación, un libro que se cierra a perpetuidad en el instante mismo en que el último hálito de su protagonista se pierde para siempre en la eternidad del tiempo. Y después de tantos años todavía paseaban cogidos de la mano, estrechadas bajo un lazo tan fuerte e inquebrantable que a lo único que puede sucumbir es a la afilada y gélida guadaña empuñada por esa tenebrosa dama que, más tarde o más temprano pero de manera inexorable, llegará para reclamar lo que le pertenece y tomar así el relevo de la vida. 

«Esta pareja de ancianos fue alguna vez aquella pareja de jóvenes» pensaba mientras me alejaba por el camino, dirigiéndome hacia la salida del parque. «¿Es posible que ahora el amor pueda durar tanto? En una sociedad con un constante aumento del libertinaje y con unas relaciones humanas cada vez más líquidas, lo veo complicado. Si dentro de algunas décadas llegaran a verse escenas como ésa, estoy seguro de que sería algo totalmente anecdótico y extraño, nada habitual. El amor empieza, tiene un principio, y dado el caso también tiene un final. Pero, ¿puede no acabarse? ¿puede durar toda una vida? Cualquiera viendo a la pareja de ancianos podría afirmar que sí. Pero yo me cuestiono si ese amor es amor o ha terminado declinando en costumbre y necesidad, en temor y miedo a la soledad, en una forma de encarar la fatalidad junto a alguien que brinda su compañía y hace más llevadero el arduo trabajo de redactar la última parte del libro de la vida, en una relación que se convierte en un trato de mutuo beneficio. Como sea, el amor en su punto álgido, en la plenitud de sus efectos, es una vorágine perturbadora de sentimientos capaz de conmover al más marmóreo de los corazones». Y navegando a la deriva en mi océano de reflexiones, recordé aquellos maravillosos versos agrupados en un soneto en los que el genio inmortal Félix Lope de Vega, acreedor de una obra literaria tan extrema como su propia vida, reflejó de una forma tan intensa, certera y magistral el significado de la fuerza más poderosa que habita en la naturaleza humana. Él lo tituló Esto es amor.
  
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
  
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
  
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
  
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.
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5 comentarios

  1. Karen Gottlieb

    Buenas noches Jesús!
    Supongo que todos alguna vez hemos pasado por ese estado tan maravilloso llamado « enamoramiento » y obviamente es una etapa en donde solo podemos ver y magnificar los aspectos positivos de la persona amada.
    Esas mariposas producto de miradas, de un gran deseo hacia el otro hace que esos dos seres se fusionen de tal modo que no puedan pensar, accionar en ausencia del otro.
    La gran pregunta seria si esto es amor. Creo que el cierre de tu microrrelato citando a Lope de Vega arroja un poco de luz sobre este sentimiento, este estado, este vínculo que no siempre muestra lo mejor de nosotros mismos.
    Y tal vez me atrevería a decir que el amor es eso justamente. Atreverse a ver lo que hay detrás de la máscara, debajo de las múltiples capas que no son siempre tan fáciles de eliminar.
    Probablemtente, es poder desear estar con aquella otra persona a pesar de sus debilidades, de la dualidad cielo/ infierno, de sus risas y llantos, de su buen y mal humor.
    Es poder compartir deseos, sueños, proyectos. Sin embargo, es también, atreverse a redescubrirse uno mismo dia a dia junto al otro sin renunciar a nuestra propia subjetividad, nuestra propia identidad.
    Muy buen comienzo de semana Jesús!!
    Te sigo leyendo…
    Abrazo a la distancia
    Karen 🦋

    1. jgarcia

      Hola Karen,
      A mí me ha encantado, sinceramente te lo digo, la descripción que haces del amor. Yo me muevo en tu línea y creo que efectivamente el amor es eso mismo que acabas de describir en tu comentario.
      Maravillosa aportación, como siempre, cargada de significado y reflexión.
      Gracias por leerme, es un placer para mí, y por tus enriquecedores comentarios.
      Te deseo una buena semana.
      Nos leemos, Karen 🤗🙋🏼‍♂️

      1. Karen Gottlieb

        Muchas gracias Jesús! Me encanta que te guste!
        Reflexionar e interactuar a partir de tus relatos es muy interesante y enriquecedor.
        El mundo de las ideas es inagotable, las palabras nos abren puertas, nos acercan, nos invitan a soñar, a repensar nuestro mundo y eso ya es muy bueno…
        Buena semana para tí también Jesús!
        Karen🦋

  2. María

    Hola Jesús

    Me ha gustado tu microrrelato y la cuestión de si el amor es o no para toda la vida. Love de Vega describe perfectamente en su soneto lo que es el amor, todo lo bueno y lo malo. El amor es una montaña rusa de emociones, a veces estás arriba y otras abajo. Hay momentos buenos y momentos muy malos, en todos los aspectos, pero ese equilibrio entre los momentos buenos y los malos hace que merezca la pena. Es cierto que en una sociedad como la que nos ha tocado vivir, con tanta libertad y tan poca paciencia, se hace complicado mantener una relación duradera, pero aún así, existen parejas que llevan toda la vida juntos hasta el final de sus días y eso es hermoso y digno de admirar.
    Y siguiendo con Lope de Vega, aquí te dejo una frase suya sobre el amor:

    “La raíz de todas las pasiones es el amor. De él nace la tristeza, el gozo, la alegría y la desesperació “.

    Féliz Lope de Vega.

    1. jgarcia

      Hola María,
      Gracias por leerme y por comentar. “El amor es una montaña rusa de emociones”. Yo creo que esta frase está a la altura de las palabras dedicadas por Lope de Vega al amor. A mí me ha gustado mucho.
      De nuevo gracias por tus siempre acertados comentarios, tan enriquecedores y profundos.
      Un saludo María, y cuídate.
      Nos leemos 🤗

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