Tras el velo de la pandemia III


HACIA UNA NUEVA GEOPOLÍTICA


«Que nadie provoque desórdenes en una ciudad en la ilusión de que luego podrá frenarlos a su antojo o encauzarlos según sus deseos»

Nicolás Maquiavelo (1469 – 1527)

Como muchos de ustedes ya sabrán, entre el 25 y el 29 de enero de 2021 tuvo lugar una ronda de Diálogos de Davos, a los que asistieron algunos de los líderes globales de forma virtual para compartir su visión sobre el estado del mundo en 2021. Además, el Foro ha emplazado de forma extraordinaria este año su encuentro presencial, que ya no tendrá lugar en Davos sino en Singapur, donde se celebrará entre el 17 y el 20 de agosto.

En ese primer encuentro de la 51.ª Edición del Foro Económico Mundial, el invitado de honor fue Xi Jinping, presidente de la República Popular de China y secretario del Partido Comunista Chino (PCCh), y aprovechando su rol estelar dejó bien claro que fue la del gigante asiático la única economía que ha crecido en mitad de la pandemia del coronavirus, y advirtió que el mundo ya no volverá a ser como antes. Pese a que el gobierno chino ocultó el virus desde principios de enero de 2020 a la comunidad internacional, dejó que volarán aviones durante dos meses desde China al resto del mundo, transportando enfermos contagiados, y desabasteció de mascarillas a numerosos países europeos y americanos, tal y como lo expresa concisa y claramente el diario especializado en economía Libremercado en este artículo (🔗), ninguno de los líderes mundiales le ha recriminado nada a Xi Jinping, e incluso algunos llegaron a mostrar una actitud poco menos que sumisa. El fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, destacó las políticas económicas de China y su gestión del coronavirus, subrayando: “Tenemos que comenzar una nueva era global y contamos con usted. Muchas gracias, señor presidente, por esta declaración de principios y por recordarnos que somos parte de una comunidad global que comparte el mismo futuro común”.

Xi Jinping, presidente de la República Popular de China y secretario del Partido Comunista Chino (PCCh). Imagen tomada de libremercado.com

Podría pensarse, y con razón, que ahora los chinos tienen motivos más que suficientes para sentirse el centro del mundo, ya que son alabados, elogiados e incluso adulados por otros Estados y mandatarios. Pero que ellos se consideren por encima del resto y ocupando un lugar predominante en la organización geopolítica internacional no es ni mucho menos algo contemporáneo, sino que más bien es algo que viene de muy, muy antiguo. Por más que la palabra China se haya extendido a la mayoría de las lenguas occidentales, los chinos nunca llaman así a su país. Para ellos, es Zhōngguó, cuyo significado literal es Nación del centro, que algunos traducen también como reino o imperio. Tanto es así, que en los colegios chinos el país aparece en el centro del mapamundi, a diferencia de los mapas empleados en occidente donde es Europa la que ocupa el lugar predominante. Para ellos, su patria es el centro del mundo, el centro de todo, y los demás países son satélites colocados alrededor, los cuales y según su posición, tienen más o menos importancia geopolítica en su sistema. El mapamundi de China centra el mundo en el Océano Pacífico, la aproximación más cercana para poner a China en el medio del eje este-oeste. En cuanto al eje norte-sur, el Ecuador está de manera precisa situado en el centro.

Lo que parece claro, al menos hasta el momento, es que China está mejor preparada que el resto de políticas democráticas de Occidente para hacer frente a la actual situación de crisis mundial provocada por la pandemia de coronavirus. En esto tiene mucho que ver, sin duda, el hecho de que el país del centro tiene muy claro qué quiere conseguir, hasta dónde quiere llegar y qué políticas tiene que llevar a cabo para conseguirlo. Esto es un factor determinante a la hora de sentar las bases para una fuerte presencia y liderazgo en el panorama geopolítico internacional, ya que, a diferencia de las democracias occidentales, con planes electorales cada cuatro u ocho años que desembocan en peligrosas derivas políticas, con miras totalmente cortoplacistas que provocan frecuentes cambios radicales de rumbo, pasos en falso y corruptelas, y mientras que la farsa de las democracias occidentales, sistemas débiles, corruptos e inútiles en no pocos casos, se ha especializado en las últimas décadas en dejar al individuo a su suerte, desamparado y desprotegido, China es poseedora de una estabilidad institucional que le confiere la capacidad suficiente para establecer planes de crecimiento y desarrollo socioeconómico a medio y largo plazo, y como no, para reaccionar con unos niveles más que aceptables de eficacia ante situaciones críticas y de emergencia global, garantizando, a expensas de muchas de las libertades fundamentales -todo hay que decirlo-, el satisfacer todas las necesidades básicas de estabilidad, seguridad y bienestar del ciudadano. Algo que, en Occidente, nadie está en posición de poder garantizar.

Contenedores de un carguero chino en el puerto de Los Ángeles, destinados a la importación en EEUU. Imagen tomada de elconfidencial.com

De todos modos, lo de las libertades no debería importar demasiado, puesto que, en el mundo real, las democracias son muy aficionadas a sesgar muchas de esas libertades, eso sí, bajo el velo de la apariencia y la hipocresía fingiendo un mundo libre y feliz. Es muy llamativo que el abanderado de la democracia en el mundo, Estados Unidos, sea una democracia imperfecta, como se señala en el siguiente mapa. Lo dicho: una farsa.

Democracia vs. Autoritarismo: un mundo dividido. Índice de democracia de The Economist (2020). Mapa tomado de elordenmundial.com

Mientras que la mayoría de los gobiernos occidentales democráticos han dado -y en muchos casos lo siguen dando, a día de hoy- un espectáculo francamente bochornoso, consistente en la lentitud, la incompetencia y la ineficacia a la hora de tomar decisiones, China demostró una admirable capacidad de recuperación y de salir adelante que Occidente está muy lejos de demostrar, ni siquiera de poseer. Y es que, como puede leerse en este artículo (🔗) del diario ABC de enero de 2021, la pandemia de coronavirus no ha frenado el crecimiento de China, ya que aunque el virus naciera en el país asiático, es la única gran economía que ha crecido en el año 2020, habiendo aumentado su Producto Interior Bruto (PIB) en un 2,3 % con respecto al 2019. Las claves, según se detallan, han sido la producción industrial, las ventas al por menor, la protección del turismo y la inversión en activos fijos.

Esto no es más que una consecuencia de un plan trazado a largo plazo. Como queda reflejado en este extenso e interesante artículo (🔗) del diario La Vanguardia titulado China 2035, poco después de acceder al cargo a finales del 2012, Xi Jinping declaró que su “sueño chino” era el “gran rejuvenecimiento de la nación china”, añadiendo que para “satisfacer el sueño chino del gran rejuvenecimiento de la nación china, debemos lograr un país rico y poderoso, la revitalización de la nación y la felicidad del pueblo”. Y esbozó una hoja de ruta para satisfacer ese sueño a largo plazo, cuyo objetivo es hacer de China un “país socialista moderno y próspero, fuerte, democrático, civilizado y armonioso”, es decir, que China no sólo sea un país rico con uno de los mayores PIB del mundo, sino que tenga una población rica que disponga del máximo PIB per cápita. En definitiva, el “sueño chino” consiste en elevar al país a su posición natural en el centro del mundo -según ellos-, con un nuevo confucianismo que valora el orden sobre la libertad, la ética sobre la ley y el gobierno de la élite sobre la democracia y los derechos humanos.

Al hilo de lo anterior, es de sumo interés este documento (🔗) titulado Plan Made in China 2025, redactado por el ICEX, una entidad pública empresarial española de ámbito estatal, que tiene como misión promover la internacionalización de las empresas españolas. Según puede leerse en el propio sitio de ICEX, el estudio aborda la nueva estrategia que el gobierno chino se ha propuesto seguir para impulsar y reestructurar su industria, de manera que se pase de una era de cantidad a una nueva era de calidad y eficiencia en la producción, un plan con el que China pretende ser líder en tecnología a escala internacional, por delante de potencias como Alemania, Estados Unidos o Japón. El año 2025 que figura en el título del documento no es la fecha tope para que China alcance sus objetivos, sino más bien el punto de partida para que a mediados de siglo, es decir, aproximadamente por el año 2050, mediante el reforzamiento y potenciación de los diez ámbitos más punteros que resultan prioritarios, sea la gran superpotencia industrial, tecnológica y científica a nivel mundial.

Los diez sectores clave en los que el gobierno chino está invirtiendo y desarrollando en base a su plan de progreso y crecimiento a largo plazo. Gráfico tomado del documento Plan Made in China 2025

Desde hace un tiempo, la presencia de China en África y Sudamérica es cada vez más notoria y manifiesta, amén de en el sureste de Asia y el Pacífico. Y es que, a diferencia de su gran competidor y antagonista, Estados Unidos, que en su papel de portaestandarte y defensor de la democracia presta ayuda y recursos con la condición indispensable de implantar un régimen democrático a la occidental, China implanta primero modelos económicos, realiza enormes inversiones en infraestructuras, seguridad y tecnología, y más tarde implanta los modelos políticos. Esta es la manera en que China está llevando a cabo la colonización del mundo. Y está funcionando a la perfección y a un ritmo vertiginoso. Como puede leerse en el titular de esta noticia (🔗) de El Confidencial, fechada en mayo de 2018 pero de absoluta vigencia a fecha de la redacción de este artículo, EEUU tiembla ante el rápido ascenso de China. En la misma, aparece una imagen que se hizo viral en su día y no está exenta de significado: son dos fotos juntas, a modo de comparación, y en ambas se ve a dos grupos negociando en torno a una mesa: uno de chinos y otro de occidentales. La foto antigua, de 1901, muestra a los chinos envejecidos, arrugados dentro de sus trajes tradicionales, frente a una selección de hombres blancos jóvenes y dispuestos. Sin embargo, en la foto más reciente son los chinos quienes reflejan vigor y juventud frente a unos señores blancos ancianos y marchitos. El mensaje es obvio: China está tomando el relevo del cansado Occidente en el liderazgo del mundo.

Hoy es China la que asciende veloz sobre los huesos cansados de Occidente. Imagen tomada de elconfidencial.com

Aunque Estados Unidos siga siendo todavía, y de lejos, la principal economía y potencia militar del mundo, China va por el buen camino para alcanzarle e incluso superarle, perfilando estrategias para 2025 y 2050, todas ellas diseñadas para desplazar al país americano como el superpoder económico, estratégico y de seguridad nacional dominante, pensando a largo plazo, sellando alianzas y llevando a cabo actuaciones económicas y políticas en todo el orbe. Entre sus planes más ambiciones para lograr este fin se encuentra la llamada Iniciativa de la Franja y la Ruta -en inglés Belt and Road Initiative, BRI-, Nueva ruta de la Seda u OBOR -siglas del inglés One Belt, One Road-, un titánico plan de transportes que adquiere su nombre de las caravanas que hace 2.300 años conectaron Asia Central con Oriente Próximo, y que en la actualidad abarca rutas terrestres, marítimas y transoceánicas, buscando de este modo conectar China con prácticamente todo el mundo, siendo principalmente financiado por dicho país. El proyecto es tan ambicioso que pretende revolucionar desde las relaciones comerciales hasta las culturales de los países involucrados, afectando a aproximadamente 4.400 millones de personas en 65 países y permitiendo definitivamente a China estar en posición de ser la primera superpotencia del planeta.

La Nueva Ruta de la Seda. Mapa tomado de elordenmundial.com

Y ante esta evidente situación de crecimiento e imposición en el mundo, la reacción de la angloesfera -conjunto de países de habla inglesa originarios de las antiguas colonias británicas de América Septentrional y Australasia, y que comparten rasgos comunes en cuanto a población, usos legales, sistema económico e intereses geopolíticos con el Reino Unido- y Europa está siendo prácticamente nula, viéndose arrollados por la fuerza imparable de la apisonadora china. Esto traerá como consecuencia, en un futuro muy próximo, que la propia Europa y Occidente en general sufran muchísimo, experimentando un aumento del declive social, político y económico, con una clase media -el motor económico del modelo capitalista de Occidente- cada vez más maltratada y escasa. Porque en contra de lo que pretenden vender los modelos políticos de las sociedades democráticas, que es el avance de la sociedad hacia un mayor bienestar y el logro de derechos y libertades impensables décadas atrás, la realidad es que todo es un embuste y no se está avanzando sino retrocediendo. Se está experimentando un tremendo aumento de la precariedad laboral y de la economía, y la disminución y el debilitamiento del bienestar y de las relaciones personales, algo en lo que las nuevas tecnologías, empleadas como opio del pueblo por los gobiernos y las élites, tienen mucho que ver al respecto.

Imagen tomada de bbc.com

En la actualidad, Europa está constituida en su mayoría por sociedades divididas, rotas y enfrentadas entres sí. Se ha demostrado que, ante situaciones realmente críticas -como la que se ha dado con la pandemia-, en las cuales se requiere de actuaciones con extraordinarios niveles de organización, cooperación y eficiencia, Europa simplemente no existe. Desde que estalló la crisis a principios del año 2020 y prácticamente hasta el día de hoy, un buen número de países de la Unión se han apresurado a cerrar fronteras, a aislarse y a librar la guerra por su propia cuenta, sin prestar ningún tipo de ayuda o socorro y sin esperar tampoco asistencia o auxilio por parte de sus socios comunitarios. Cada cual por su lado. Ante tales circunstancias, parece claro que no deja de ser una presa fácil tanto para el imperio financiero de Estados Unidos como para el imperio industrial y tecnológico de China, y que de no decantarse por uno u otro bloque y establecer alianzas, será por primera vez en la historia un territorio doblemente colonizado económica, militar y políticamente por estos dos grandes superpoderes de forma simultánea. No es descabellado, por tanto, pensar que quizá no sería mala idea tener buenas relaciones geoestratégicas y políticas con Rusia, de cara a poder hacer frente y competir con estos dos grandes imperios que, de lo contrario, pasarán sin esfuerzo como un rodillo sobre la Vieja Europa.

Imagen tomada de epthinktank.eu

Hace tiempo que dejó de ser un secreto que la nueva geopolítica, la que regirá las relaciones entre países, sociedades e individuos alrededor del mundo a mediados y finales de este siglo XXI, estará fuertemente condicionada por los recursos naturales. A este respecto es de destacar un hecho claramente indicador del mundo que viene -gobernado por un pequeño grupo de oligarcas que ordenan y disponen a su antojo- y cuanto menos preocupante, y es que, desde el 7 de diciembre de 2020, el agua comenzó a cotizar en el mercado de futuros de materias primas de Wall Street. Es decir, el bien más preciado que posee el planeta Tierra y, por ende, la humanidad, ya que sin el agua no es posible la vida, ha llegado a la bolsa de valores. Los pronósticos más pesimistas, aunque basados en datos reales y evidentes, anuncian un futuro en el que el agua será el origen de guerras y de grandes migraciones. Así lo recoge el diario La Vanguardia en este artículo (🔗), en el que además cita, como uno de los grandes inconvenientes de mercantilizar esta materia prima fundamental, la posible acumulación de un recurso básico en unas pocas manos que podrían hacerse con los derechos del agua y, de paso, con la oportunidad de especular y revender esos derechos, con todas las consecuencias negativas que podría llegar a acarrear para el medio ambiente y para el ser humano mismo. El agua pasará de este modo a ser gestionada dentro de una lógica de mercado, con lo que la búsqueda del beneficio económico a corto plazo será lo que se priorizará. Imaginemos las implicaciones políticas, aún desconocidas pero a todas luces brutales, que puede tener esto en la península ibérica, dada la previsión del aumento en la escasez del agua y la desertificación del territorio.

Pero la lucha por los recursos no se limita al planeta que habitamos. En estos días está siendo de gran actualidad en los medios -junto con la omnipresente pandemia de coronavirus y la campaña de vacunación, por supuesto- el seguimiento del robot enviado a Marte por la NASA, el Perseverance, que pisó la superficie del planeta rojo el 18 de febrero de 2021, tras un viaje de cerca de 480 millones de km que inició en julio de 2020. Pero no solo está la NASA en el juego, sino que también están pululando su órbita la sonda Hope de Emiratos Árabes y la china Tianwen-1, que pronto pisará su árida superficie, y antes ya enviaron sus respectivas sondas Rusia, India y la Agencia Espacial Europea. A nadie se le escapa que Marte, a 54,6 millones de kilómetros, está siendo el escenario de una colonización robótica -de momento- por parte de distintos países, en lo que es una gran operación geoestratégica, y en un futuro a corto-medio plazo podremos ver una colonia humana establecida en el planeta vecino. ¿Quién gobernará Marte entonces?

Imagen tomada de bbc.com

Lo que ocurrirá será que el espacio pronto se convertirá en el escenario de una batalla por la explotación de sus recursos minerales. Y no precisamente en el sentido figurado: Estados Unidos ya anunció el lanzamiento y desarrollo de un ejército especializado en la guerra en el espacio, la Fuerza Espacial, como recoge BBC News en este artículo (🔗) fechado en diciembre de 2019. Según el mismo, este novedoso y galáctico servicio militar estará bajo el control de la Fuerza Aérea de EEUU para defender lo que Donald Trump -ahora expresidente de Estados Unidos- describió como el “más nuevo dominio en el mundo para combatir la guerra”, durante una ceremonia en una base militar cerca de Washington, añadiendo que “en medio de las graves amenazas a nuestra seguridad nacional, la superioridad estadounidense en el espacio es absolutamente vital. Estamos liderando, pero no estamos liderando lo suficiente, pero pronto estaremos liderando por mucho”. Para quien tenga curiosidad por conocer un poco más acerca de este modernísimo y puntero ejército espacial, aquí dejo el enlace a su página web oficial (🔗).

Imagen tomada de twitter.com

Es decir, mediante la fuerza militar se pretende dar respaldo a la polémica ley aprobada por EEUU por la cual se reconoce el derecho de sus ciudadanos a ser los propietarios de los recursos procedentes de cuerpos celestes que exploten en el futuro. El Congreso dio luz verde a finales de 2015 a la U.S. Commercial Space Launch Competitiveness Act (H.R. 2262) (🔗), aprobada y firmada por el que era presidente en aquel momento, Barack Obama. Como es de suponer, los chinos no quedaron nada contentos con este paso al frente que dieron los americanos, y no tardaron en responder que las normas del comercio y la explotación de los recursos en el siglo XXI no pueden ser decididas por ningún país de forma unilateral. Como sea, es un aspecto que dadas las enormes implicaciones geopolíticas y estratégicas que lleva asociadas, no está exento de polémicas y se halla sujeto a numerosas regulaciones y leyes de carácter internacional, que muy posiblemente desencadene tensiones e incluso guerras entre las superpotencias ávidas por hacerse con recursos en el espacio exterior, que son cada vez más escasos en el planeta Tierra, como queda reflejado perfectamente en este interesante artículo (🔗) del diario El Mundo.

Imagen tomada de elmundo.es

Sin ir más lejos, Rusia y China proyectan construir una estación lunar conjunta, como recoge este artículo (🔗) del portal suizo de noticias e información multimedia SWI swissinfo.ch, en el que se especifica que la agencia espacial rusa, Roskosmos, anunció en marzo de 2021 la firma de un memorando con China para construir conjuntamente una estación “en la superficie o en la órbita” de la Luna, mientras que las ambiciones espaciales se concentran en Marte. En un comunicado, Roskosmos precisó que el proyecto de “Estación Científica Lunar Internacional” con la agencia espacial china (CNSA) estará abierto a “todos los países interesados y socios internacionales”, sobre la base de “beneficios compartidos”. O lo que es lo mismo: de aquí a muy pocos años, la Luna se va a convertir en un coto de caza disponible para todo aquel que esté dispuesto a pagar una buena cantidad de dinero. La Luna estará en venta.

Sin embargo, la carrera espacial no es asunto exclusivo de gobiernos y Estados, ya que los multimillonarios estadounidenses, viendo que el planeta Tierra se les queda corto pues podría decirse que ya está bajo su poder, han puesto sus prácticamente ilimitados recursos al servicio -pensando en obtener, lógicamente, unos beneficios también ilimitados- de la conquista espacial. Así, Elon Musk y Jeff Bezos, los responsables de dos de las empresas más grandes de nuestro tiempo, Tesla y Amazon respectivamente, cuentan con un objetivo común y que está expresado de forma muy clara en este artículo (🔗) del diario El Español: llevar a la humanidad al Espacio. En este duelo de titanes tenemos a Blue Origin (🔗), la compañía creada por Jeff Bezos, CEO de Amazon, y SpaceX (🔗), fundada tras Tesla por Elon Musk. Ambas han logrado obtener el apoyo gubernamental por parte del gobierno estadounidense como parte de un programa espacial que aglutina también a otras empresas del sector.

Qué diferencia tan abismal, ¿verdad? Mientras que unos cuantos oligarcas ponen sus ojos en el espacio exterior para colonizarlo y seguir aumentando sus beneficios y fortunas personales hasta cotas astronómicas -nunca mejor dicho-, la inmensa mayoría de la población del planeta Tierra no hace más que sobrevivir, unos mejor que otros, pero al fin y al cabo solo sobrevivir e intentar llevarlo lo mejor posible. Y es que la pandemia, como recogí en este artículo que escribí recientemente titulado Más ricos y más pobres (🔗), no ha hecho más que agrandar la brecha entre el 1 % de la población poseedora de casi la mitad de la riqueza mundial y el 99 % restante que, como he dicho, lucha en mayor o menor medida por sobrevivir. Esta crisis mundial de carácter sanitario, político, económico y social ha puesto en evidencia muchas de las acciones que ya se estaban llevando a cabo y que van encaminadas a establecer el Nuevo Orden Mundial que pretende ser implantado por las élites, y la geopolítica que regirá las bases de las relaciones internacionales y de la economía global. Como por ejemplo, el teletrabajo. Si bien no es algo nuevo, sí es cierto que ha cobrado especial protagonismo en estos últimos meses por razones obvias. Tiene ciertas ventajas, como son una mayor flexibilidad en el horario y la libertad de trabajar desde la comodidad del hogar, la disminución de los desplazamientos, la supresión -en parte- del tráfico y los grandes atascos y con ello de las temibles horas punta en las ciudades. Pero también tiene grandes desventajas e inconvenientes, como son la percepción de una menor cantidad salarial -el dinero que se ahorra en desplazamientos no pasa desapercibido para las empresas, que lo pagan de menos-, el aislamiento, la falta de interacción humana y de relaciones con los compañeros y superiores en detrimento de una menor creatividad y dinamismo; y por supuesto, con el teletrabajo es aplicable al 100 % la frase llevarse el trabajo a casa, tan temida de cara al equilibrio vida personal-vida laboral y que puede terminar afectando de forma muy severa a la propia familia.

Imagen tomada de abc.es

Cierta similitud guarda con lo anterior el fenómeno conocido como uberización, un neologismo que toma su nombre de la empresa Uber Technologies, Inc. y hace referencia a las diversas plataformas de economía colaborativa en las que, a través de las nuevas tecnologías, unas personas ponen a disposición de otras diversos bienes y servicios -alojamiento, transporte, servicios de entrega a domicilio- sin necesidad de intermediarios ni controles, siendo evaluados los servicios a través de valoraciones online de los usuarios. La uberización de los servicios es, para algunos, la revolución en la forma en la que son ofrecidos, mientras que para otros son la precarización de estos, con contratos basura que implican muchas horas de trabajo por un sueldo escaso, y una fuga de impuestos hacia paraísos fiscales. Lo cierto es que, aún con las posibles ventajas que pudiera tener, es un sistema en el que los trabajadores tienen que poner sus propios recursos al servicio de las multinacionales que los contratan, cuyas sedes están a miles de kilómetros de distancia -por ejemplo, alguien que pone su coche propio al servicio de Uber ya sea como taxista o como repartidor de comida a domicilio-, y no dejan de ser trabajadores que van flotando a la deriva en el mercado laboral intentando ganarse la vida. Además, los estatutos de los trabajadores actuales están totalmente desfasados y son inaplicables e incapaces de abordar la nueva realidad laboral del trabajo uberizado, algo que puede ser considerado como una consecuencia directa de la globalización y que ya se ha convertido en un reto para el mundo profesional en un futuro a corto plazo.

Un repartidor de Uber Eats te trae comida a casa mientras arde Barcelona. Imagen tomada de blogs.publico.es

Otra de las medidas que está adquiriendo tremenda fuerza es la imposición del dinero digital. Usted habrá visto, seguramente, que en multitud de comercios ya solo se admite pago con tarjeta y nada de dinero en efectivo, de dinero físico. Bajo los auspicio de razones sanitarias y de salud pública, se pretende establecer este método para conseguir un objetivo muy claro: el rastreo del dinero de cara a tener un registro minucioso de nuestro consumo y, con ello, de nuestras tendencias. Algo extremadamente valioso en pro de establecer un control masivo sobre la población e inducirla a consumir cuáles productos y cuáles no.

Estos son, entre otros muchos, algunos factores que están dando lugar al denominado sujeto hidropónico. Es más, para algunos expertos como el escritor, PhD en Economía, politólogo e investigador español Santiago Armesilla (🔗), “el conjunto de la sociedad democrático liberal actual es hidropónica, término que hace referencia a las personas que crecen sin raíz en la tierra, que es lo mismo que desarrollarse sin hijos, sin familia, sin patria, sin clase. La sociedad hidropónica fomenta el individualismo, el no tener hijos -los childfree-, la migración, el cosmopolitismo, el no tener pareja estable de manera continuada, la ruptura con las naciones canónicas. De esta manera, el sujeto hidropónico solo se defiende a sí mismo, ya que, al carecer de lazos sociales y comunitarios sólidos -familia, vecindad, centro de trabajo estable, sindicato, patria-, el sujeto hidropónico no es capaz de comprometerse con nada que no sea él mismo, y si acaso aquello que justifica su individualismo”. Según el autor, “uno de los grandes retos del siglo XXI, y de los venideros, consistirá en entender si esta hidroponía social ha llegado para quedarse o si, por el contrario, es solo algo pasajero y particular de la fase socioeconómica en que nos encontramos”.

Para finalizar este artículo, quiero hacer una breve referencia al papel de España en el futuro marco político internacional, que, por cierto, mucho debe cambiar porque a día de hoy nuestro país no tiene capacidad para liderar ningún eje geopolítico en ninguna parte del mundo. Y lo que defiende el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), una España federal, solo puede llevar al desastre y a la disolución como nación, precisamente en el peor momento posible, cuando más cohesión y unión debe existir para afrontar los oscuros y turbulentos tiempos que asoman en el horizonte. Algo a destacar es que, a diferencia de otros países como Reino Unido y Francia, España no tiene una estrategia de Estado con permanencia en el tiempo, es decir, un plan trazado y a seguir independientemente de la estrategia gubernamental que tenga el gobierno de turno, y esto es algo fundamental junto al hecho de tener las necesidades e intereses perfectamente definidos, que a día de hoy, parece que no es el caso viendo el desorden y el caos institucional que se hace cada vez más patente en las altas esferas políticas de nuestro país.

Es una opción muy a tener en cuenta la posibilidad de establecer alianzas y estrechar lazos con el mundo iberoamericano, y en la medida de lo posible, también con África. El hecho de compartir idioma oficial y tener raíces culturales y religiosas comunes con Latinoamérica es una buena baza para sentar las bases de una Federación de Estados Iberoamericanos y darle un cambio de rumbo radical a la situación actual, en la que España está perdiendo influencia e importancia de forma muy notoria -a favor de otros países como por ejemplo la omnipresente China, o Francia- en aquella zona pese a que aún conserva una fuerte presencia en sectores estratégicos importantes como son las telecomunicaciones o la banca.

Imagen tomada de larepublica.ec

Para hacerse un hueco en el panorama geopolítico internacional de las próximas décadas, España debe pensar en sus intereses a largo plazo y establecer un plan de Estado independiente del gobierno de turno cada cuatro u ocho años. Y para ello tiene algo importantísimo en sus manos: la llave del Estrecho de Gibraltar, un punto estratégico que jugará un papel fundamental en la geopolítica internacional por su ubicación, por ser éste el paso obligado de las mercancías hacia el siempre dinámico y en auge mercado de Asia-Pacífico. Considerando esta circunstancia, no es casualidad el apogeo que está teniendo Marruecos en estos últimos años, el rearme que está llevando a cabo con el apoyo de Estados Unidos y las maniobras militares que está realizando con cierta frecuencia en aguas del atlántico de cara a marcar territorio y a tantear la situación, pese a que todavía se encuentra a años luz de España económica y militarmente hablando. Pero es una potencia emergente y en desarrollo, consciente de la importancia de su ubicación en el orden mundial del futuro próximo.

Mapa tomado de elordenmundial.com

Pero sobre todo, y quizá lo más importante, es que para que España pueda hacerse respetar en el mundo y hacer gala de una política exterior fuerte y creíble, primero tiene que ser un país cohesionado y con unidad territorial, no puede ser un país fragmentado y dividido, afectado por fuerzas centrífugas que puedan provocar su desintegración. Este es, entre otros, uno de los principales retos de España en los próximos años: la unidad social y territorial, dejando de lado los movimientos independentistas destructivos y las políticas populistas que no hacen otra cosa que poner en riesgo el estado de bienestar social del que todos -o casi todos- disfrutamos a día de hoy.

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4 comentarios

  1. María

    Lo primero quería felicitarte por el artículo. Al igual que los anteriores, has hecho un gran trabajo de desarrollo y muy interesante.
    Lo que son las cosas, la pandemia se originó en China y sin embargo, cuando todo se normalice, nadie le pedirá explicaciones ni responsabilidades. Al contrario desde la pandemia, China ha ido creciendo cada vez más.
    De todos modos no la veo como primera potencia mundial, ya que ha sido un país que ha vivido de espaldas al mundo porque era autosuficiente, y aunque ahora se empieza a abrir a los países occidentales, no creo que estemos preparafos para adoptar un modelo de sociedad como el suyo.
    Es cierto que los gobiernos europeos y sobre todo el gobierno español, están actuando ante la pandemia tarde y mal y cada día nos enteramos de una nueva metedura de pata. Antes con las mascarillas y ahora con las vacunas y los ciudadanos estamos pagando el pato de todos sus errores y como bien dices en lugar de estar unidos ante la adversidad, pues no, cada uno por su lado. Si ya existe división territorial en nuestro país, como vamos a unirnos a otros países pidiendo unión. Con este panorama es imposible que nos tomen en serio.
    Muchas gracias por tu articulo, es interesante que el mundo se entere de lo que se está cociendo. Cuidate mucho.

    1. jgarcia

      Hola María,
      Quiero darte las gracias por tu comentario, con una opinión bastante interesante, sobretodo en lo concerniente a la posibilidad de China de ser una súper potencia. Meteduras de pata como dices, división territorial… el panorama no pinta nada bien, seamos honestos. Pero mientras quede gente con juicio crítico como nosotros, al menos no lo van a tener tan fácil para cometer lo atropellos y tropelías que acostumbran.
      El mejor premio para alguien que escribe es ser leído, y si recibe comentarios como el tuyo, el premio es doble.
      Muchas gracias María, cuídate mucho y estamos en contacto.

  2. Elatri

    Qué buen artículo.Tanto éste como los anteriores,me están ayudando a conocer tantas cosas que se no pasan desapercibidas en el mundo.Este mundo manejado por personas sin escrúpulos que nos tratan como a marionetas.Me pregunto qué será de las generaciones venideras.Leyendo estos artículos aprendo mucho.ENHORABUENA!!!

    1. jgarcia

      Muchas gracias mamá,
      Agradezco tus palabras. Esa es la idea de esta serie de artículos, que las personas que los leen conozcan muchos de los entresijos de la sociedad que permanecen ocultos y desconocidos, bien camuflados por conveniencia de las élites que están instaurando un nuevo orden mundial en su beneficio y a nuestra costa.
      Gracias otra vez, siéntete libre de visitar el blog y comentar siempre que lo desees. Un beso y cuidaos mucho.

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