Tras el velo de la pandemia II


MÁS RICOS Y MÁS POBRES


«Poderoso caballero es don Dinero»

Francisco de Quevedo (1580 – 1645)

Estará usted de acuerdo conmigo en que sin importar quién, cómo o lo que sea, si tiene dinero también tiene a su alcance la influencia y el poder. Y a día de hoy, en este mundo decrépito y corrompido, los que gobiernan no son lo gobiernos de los Estados. No. Realmente, quienes gobiernan son los poderosos multimillonarios, que están por encima de los propios gobiernos y manejan a los políticos de turno a su antojo, fijándoles unas directrices bien claras a seguir, convirtiéndolos en marionetas a su servicio y poniendo, de este modo, también a su servicio a millones de personas. Pero esa élite inaccesible y distante, lejana años luz del ciudadano de a pie, no se toma la molestia de reunirse abiertamente con los peones que ocupan los sillones de las presidencias y los ministerios, sino que les dicen qué hacer y cómo a través de organizaciones tales como el Club Bilderberg, el Foro Económico Mundial -también llamado Foro de Davos-, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de la Salud, etc.

Imagen tomada de es.weforum.org

En los orígenes de la humanidad, la mayor parte de los pobladores del planeta eran recolectores y cazadores, es decir, las personas tenían que buscar, tenían que llegar a los alimentos para subsistir. Sin embargo, y como consecuencia de la ultima glaciación, tuvo lugar el desarrollo de la agricultura, alrededor del 9500 a.C., que trajo como resultado la sedentarización de las comunidades de cazadores-recolectores, las cuales comenzaron a domesticar animales y plantas salvajes de los que ya se alimentaban, con el fin de tener una fuente estable de alimento y evitar así tener que viajar para buscarla. Con la sedentarización y el aseguramiento del sustento, comenzaron a aparecer las estructuras básicas de lo que más tarde serían las civilizaciones.

Trilla de cereales en el antiguo Egipto. Imagen tomada de es.wikipedia.org

Aproximadamente hasta principios del siglo XIX, la práctica totalidad de la población era pobre. Existía una realeza y una nobleza, que englobaba a los grandes terratenientes dueños de las extensiones de terreno que procuraban los alimentos y el sustento para la sociedad. Pero ellos eran tan solo una pequeña minoría, de modo que el resto de las personas eran pobres. La riqueza estaba, por tanto, ligada a la tierra, y quienes controlaban la tierra controlaban la inmensa mayoría de la riqueza del mundo. Pero había una dificultad: el transporte. Era muy difícil movilizar personas, productos, artículos, ideas. Por lo tanto, el comercio era más bien escaso y se daba en zonas pequeñas de corto alcance.

Sin embargo, esto vino a cambiar radicalmente con el proceso de transformación económica, social y tecnológica conocido como la Revolución Industrial, que se inició en la segunda mitad del siglo XVIII en el Reino de Gran Bretaña y concluyó entre 1820 y 1840. Uno de los acontecimientos más importantes que tuvo lugar en este periodo fue el descubrimiento del vapor, lo cual hizo posible el transporte de bienes, lo que a su vez impulsó la industrialización, el comercio y el crecimiento económico. En los dos siglos transcurridos desde 1820 hasta ahora, la disponibilidad de bienes y servicios explotó y generó no pocos cambios, muchos de ellos radicales: antes de 1820, las personas nacían y morían prácticamente en el mismo mundo porque éste no cambiaba mucho, pero a partir del primer cuarto del siglo XIX los cambios se sucedieron vertiginosamente, década tras década. Con la Revolución Industrial surgió un nuevo grupo social, la burguesía industrial -precursora de la actual clase media-, la cual, a lo largo del siglo XIX y a medida que fue asegurando su predominio social y acceso al poder político, pasó de ser una clase revolucionaria enfrentada a los estamentos privilegiados a ser una clase muy conservadora con evidentes intereses comunes con la aristocracia, originándose de ese modo lo que la economista e historiadora económica estadounidense Deirdre McCloskey denominó la gran divergencia, es decir, el enriquecimiento a pasos agigantados de ciertas áreas, especialmente Europa y Estados Unidos, siendo este fenómeno el precursor de la actual desigualdad económica, también conocida como la brecha entre ricos y pobres.

La burguesía ganó poder cuando el dinero comenzó a importar más que un título noble. Imagen tomada de caracteristicas.co

Esta brecha ha ido incrementándose a lo largo de las décadas, y la desigualdad en el mundo se ha convertido en algo profundamente arraigado, alcanzando niveles verdaderamente escandalosos. Hay que tener en cuenta que la única manera de subsanar el problema es adoptando políticas contra esa desigualdad, pero prácticamente ningún Gobierno se compromete a adoptarlas, entre otros motivos porque sus intereses van por otros derroteros. ¿Cuándo les importó a ellos el bienestar y la salud de la población? Nunca. No es ningún secreto que lo único que les importa de verdad es el dinero, como hemos tenido oportunidad de ver y comprobar en repetidas y vergonzosas situaciones que se han dado durante la pandemia, para deshonra de ellos y espanto nuestro, como tampoco lo es que las crisis ayudan a ampliar la brecha entre ricos y pobres, y la del coronavirus que estamos viviendo en estos días aciagos son oportunidades de oro para que la riqueza siga concentrándose en las manos de unos pocos. Las empresas y corporaciones que consiguen salir de las grandes crisis emergen reforzadas, con más poder y posición, y son además grandes expertas en el manejo de técnicas de ingeniería fiscal para evitar pagar impuestos, con lo que su aportación a los Estados es, en comparación con el inmenso caudal de capital que manejan, realmente ínfimo e insignificante. Lo mismo ocurre con prácticamente todas las empresas españolas del IBEX 35 y las grandes fortunas.

Bill Gates, Warren Buffett, Carlos Slim, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Amancio Ortega, Larry Ellison y Michael Bloomberg son algunos de los hombres más ricos y poderosos del mundo. Imagen tomada de cnnespanol.cnn.com

The Global wealth report (🔗), un documento lanzado anualmente por Credit Suisse Group, una empresa de servicios financieros con sede principal en la ciudad de Zúrich (Suiza), analiza la riqueza global basándose en diferentes parámetros socioeconómicos, políticos y estratégicos. El último documento publicado, The Global wealth report 2020, examina el impacto del brote de coronavirus en la riqueza y su distribución, destacando que la pandemia de COVID-19 ha desencadenado la peor crisis económica mundial desde la Segunda Guerra Mundial, afectando la vida humana de manera ilimitada.

En el informe, repleto de interesantísimos datos, análisis, gráficos y estadísticas, se puede leer que hay grandes variaciones en la riqueza media entre países y regiones, siendo América del Norte, Europa Occidental y algunas de las partes más ricas de Asia oriental, el Pacífico y Oriente Medio, las zonas más prósperas y acaudaladas del planeta.

Las regiones más ricas del mundo, con una riqueza media por adulto por encima de los 100.000 dólares estadounidenses, sombreadas en verde oscuro. Gráfico tomado de credit-suisse.com

Según el mismo informe, a finales de 2019 las cifras indicaban que los millonarios de todo el mundo, que representan exactamente el 1 % de la población adulta, representaban a su vez el 43,4 % del patrimonio neto mundial. Por el contrario, el 54 % de los adultos, con una riqueza inferior a 10.000 dólares americanos, reunieron en conjunto menos del 2 % de la riqueza mundial. Es decir, tal y como puede deducirse del siguiente gráfico, de The Global wealth report 2020, los más ricos del mundo, que representan el 1 % de la población (la élite), atesoran el 43,4 % de toda la riqueza mundial, mientras que el 99 % restante de la población posee el otro 56,6 %. Los datos son tan apabullantes y surrealistas que podrían tomarse por falsos de no ser porque provienen de una fuente fiable.

Gráfico tomado de credit-suisse.com

Los autores del estudio estimaron que, a finales de 2019, había 51,9 millones de millonarios en todo el mundo. Estados Unidos tenía, con mucho, el mayor número: 20,2 millones, o el 39 % del total mundial. China, con el 11 % del total mundial, ocupa el segundo lugar, habiendo superado a Japón (6%) hace unos años. Luego viene el Reino Unido (5%), seguido de Francia y Alemania con un 4% cada uno, luego Canadá, Australia e Italia (3%). España, India, Corea, Suiza y los Países Bajos acogieron cada uno al 2% de los millonarios mundiales, y Taiwán y Hong Kong también representan al menos el 1% de los ciudadanos de alto patrimonio neto en todo el mundo.

Gráfico tomado de credit-suisse.com

Si algo ha demostrado esta pandemia de coronavirus, es que tiene el mortífero potencial de agravar la desigualdad en prácticamente todos los países del mundo al mismo tiempo, poniendo al descubierto y aun agrandando las desigualdades económicas, alimentándose además de ellas. Aparte de los millones de personas que han perdido la vida, cientos de millones se han visto arrastradas a la pobreza, mientras que la mayoría de los ricos y empresas más influyentes y prósperas del mundo sigue aumentando su patrimonio. Las fortunas de los milmillonarios han recuperado el nivel previo a la pandemia en tan solo nueve meses, mientras que para las personas en mayor situación de pobreza del mundo esta recuperación podría tardar más de una década en llegar (oxfam.org 🔗). Lo cierto es que la actual crisis ha puesto al descubierto la realidad de la sociedad en la que vivimos: una enorme fragilidad colectiva y la incapacidad del sistema económico, profundamente desigual, de beneficiar al conjunto de la sociedad. También ha mostrado que la acción de los Gobiernos es vital para proteger la salud y los medios de vida; acciones, por cierto, que en la mayoría de los casos han llegado tarde y mal.

Captura tomada del documento «El virus de la desigualdad», Oxfam

En febrero de 2021, el diario La Vanguardia publicó un artículo (🔗) en el que se hacía eco de la conclusión a la que habían llegado los analistas: “nuestros hijos vivirán peor que nosotros”. Esta visión pesimista se apoya en el hecho de que las economías desarrolladas avanzan hacia niveles de desigualdad y pobreza insostenibles y que la tendencia es la de gobernar los países solo en beneficio del 1%, es decir, la élite millonaria que atesora casi la mitad de la riqueza mundial. Los analistas concluyen también que “urge hacer partícipes de la prosperidad a las clases medias, hoy empobrecidas y airadas”, mediante un nuevo contrato social parecido al que se logró tras la Segunda Guerra Mundial y que ahora está roto, y por el cual aquellos a los que les iba bien se comprometieron a no dejar a nadie atrás. Es sobre este estamento de la sociedad, que ha sido hasta ahora la columna vertebral del desarrollo económico, sobre el que recae la máxima tensión, y que según la tendencia, va camino de desaparecer. El mismo artículo recoge unos datos, cuanto menos, preocupantes: un miembro de la generación del baby boom -personas nacidas entre 1946 y 1964- tenía un 70 % de probabilidades de llegar a pertenecer a la clase media al llegar a los 20 años; un millennial -los nacidos entre principios de la década de 1980 y finales de la de 1990-, un 60 %.

Según un reciente estudio de la ONG Oxfam (🔗), con sede en Reino Unido y cuyo objetivo es la lucha contra la pobreza y su erradicación, las ganancias combinadas de las 10 personas más ricas del mundo -entre las que se incluyen el fundador de Amazon, Jeff Bezos, el creador de Tesla, Elon Musk, y el director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg- durante la pandemia del coronavirus alcanzaron los US$540.000 millones, cantidad suficiente para evitar que los habitantes del mundo caigan en la pobreza a causa del virus y pagar una vacuna para todos. Según el informe, titulado «El virus de la desigualdad» (🔗), la riqueza de los multimillonarios en todo el mundo aumentó en US$3,9 billones de dólares entre el 18 de marzo y el 31 de diciembre de 2020, y ahora se sitúa en US$11,95 billones, cantidad equivalente a lo que los gobiernos del G20 han gastado en respuesta a la pandemia, y además sostiene que Bezos había ganado tanto dinero en septiembre de 2020 que podría haber dado a los 876.000 empleados de Amazon un bono de US$105.000 y seguir siendo tan rico como antes de la pandemia.

Captura tomada del documento «El virus de la desigualdad», Oxfam
Gráfico tomado de bbc.com

En julio de 2020, la revista especializada Forbes publicó un interesante artículo titulado «Los ricos se hacen más ricos durante la pandemia» (🔗), en el que explica que los Gobiernos han tomado decisiones que han afectado a todos los niveles para reducir los contagios entre la población, y como consecuencia de ello ha habido ganadores y perdedores. Gigantes tecnológicos como Google, Apple, Amazon, Microsoft, Zoom, Facebook y Netflix se han beneficiado de la situación, ya que pudieron continuar con su actividad como de costumbre, mientras que por el contrario, hay negocios -considerados no esenciales- que se han visto obligados a cerrar o reducir su actividad de forma significativa.

Imagen tomada de aa.com.tr

En el mismo artículo se exponen algunas cifras que en mi opinión, no pueden ser calificadas sino de surrealistas y esperpénticas, cantidades con tantos ceros que el 99 % de la población mundial ni siquiera puede llegar a imaginarlas, o a soñarlas. Por ejemplo, a mediados de 2020 el patrimonio de Jeff Bezos, fundador de Amazon, ya pasaba de los 150.000 millones -150.000.000.000 de dólares estadounidenses-. En el punto álgido de la pandemia, la riqueza de Bezos, Bill Gates, Mark Zuckerberg -su patrimonio neto se disparó en unos 15.000 millones de dólares en 2020-, Warren Buffett y Larry Ellison aumentó en 101.700 millones de dólares solo entre el 18 de marzo y el 17 de junio de 2020. Y también la de Elon Musk, CEO de SpaceX y Tesla, que ha pasado de 25.000 a más de 150.000 millones de dólares en tiempos de pandemia.

LISTA FORBES DE LOS MÁS RICOS DEL MUNDO, EN TIEMPO REAL (clic en la imagen)

En el lado opuesto, la mayoría de las familias, que ni siquiera cuentan con un fondo de emergencia de tres meses de ahorros para superar los tiempos difíciles, según el artículo. Y continúa: “No es la riqueza en sí misma lo que es preocupante, sino el hecho de que un pequeño grupo de personas controle la mayor parte de esa riqueza, el poder o la política”. Si esta tendencia continúa, el mundo podría convertirse en un gran país medieval y feudal dirigido por una oligarquía de élite apoyada por un grupo de abogados, contadores y gerentes de alto nivel. Y en la base de la pirámide se situará la clase trabajadora desempeñando los empleos peor valorados por un salario bajo e incluso miserable, poniendo en muchos casos en riesgo su salud física y mental. Esto no significa que haya que quitarles la riqueza -algo que es además imposible porque sus patrimonios están fuertemente blindados-, sino que los políticos tienen que dejar de ser marionetas y peones al servicio de la élite y comenzar a llevar a cabo estrategias que aseguren que el otro 99 % de la población puedan tener una vida exitosa para ellos y para sus hijos.

Analicemos con un poco más de detalle el caso concreto de España. El diario digital El Confidencial, en un artículo (🔗) publicado en enero de 2021, recoge unas cifras ciertamente alarmantes: cerca de 5,1 millones de personas en España podrían entrar dentro del umbral de pobreza severa a causa de la pandemia, es decir, vivir con menos de 16 euros al día. Desde que la pandemia golpease en nuestro país, alrededor de 790.000 personas están en riesgo de alcanzar este umbral, lo que supone un incremento del 10,9 %. En el mismo artículo se detalla que la tasa de pobreza relativa -falta de recursos de algunas personas que el resto de la sociedad da por hecho- en España pasaría del 20,7 % al 22,9 %, lo que supone un millón de personas más por debajo de la línea de la pobreza relativa -estimada en 24 euros al día-, hasta alcanzar los 10,9 millones de personas durante el 2020. En números absolutos, el mayor incremento de personas por debajo de la línea de pobreza relativa se lo lleva Andalucía, con más de 270.000, seguida de Madrid y Cataluña.

Gráfico tomado de epdata.es

Vayamos ahora al caso opuesto: el de los milmillonarios españoles.  Según recoge La Vanguardia en uno de sus artículos (🔗) de enero de 2021, desde que se declaró la pandemia en marzo incrementaron su riqueza en unos 26.500 millones de euros, una cifra que es superior al coste de una de las principales herramientas de contención de la pandemia: los ERTE.

Donde quedan fielmente reflejados estos datos es en la venta de vehículos. Según este artículo (🔗) del diario deportivo Marca, fechado en febrero de 2021, durante el mes anterior las ventas de turismos y todoterrenos se hundieron un 51,5 % -por poner dos ejemplos, las ventas de Volkswagen se desplomaron un 73,2 % y las de Citroën un 58,1 %-, la mayor caída en este mes desde 1989. Sin embargo, mientras el sector en general se hundía, algunas marcas de lujo como Ferrari y Porsche lograban regateaban la crisis. En el caso de la firma italiana, las matriculaciones crecieron un 100 % en el primer mes del año, es decir, se vendieron exactamente el doble de coches Ferrari que los vendidos en enero del año anterior. En cuanto a Porsche, en enero se vendieron 157 automóviles de la marca alemana en España, un 6,1 % más que en el mismo periodo del año anterior, antes de que llegase el coronavirus a nuestro país. Otra marca de lujo que experimentó un ligero repunte en enero de 2021 fue Maserati, que colocó 11 unidades el mes pasado en España, una más que en enero de 2020, lo que significa un aumento del 9,1%. También se vendió un Rolls-Royce, uno más que en todo el año 2020. Datos todos éstos más que concluyentes.

Como se ha comentado anteriormente, no se trata de quitarles la riqueza a los multimillonarios, entre otras cosas porque eso sería tarea más que imposible, teniendo en cuenta los equipos de asesores financieros y legales con los que cuentan, que ya se han encargado de blindar esas fortunas. Además, esos hombres y mujeres son personas con una visión empresarial extraordinaria, personas que han sabido ver más allá de lo que tenían delante, gente que supo tener una idea brillante y con inteligencia, trabajo duro y suerte supieron desarrollarla hasta convertirla en poderosísimas corporaciones que a día de hoy mueven más capital del que manejan muchos Estados soberanos en el mundo. No es legítimo intentar arrebatarles su fortuna, no se trata de eso. De lo que sí se trata es de que los Gobiernos, cuya razón de ser no es otra que la de velar por sus ciudadanos, lleven a cabo políticas y medidas para que el 99 % de la población, la que no es milmillonaria, tenga una vida digna y relativamente cómoda, que el trabajar, el tener un techo donde cobijarse, el tener comida que llevarse a la boca, no sea un privilegio sino un derecho. Y los Gobiernos, gobernantes y demás políticos no están cumpliendo su parte. Ellos son los culpables de la enorme brecha que hay entre ricos y pobres, al igual que son los únicos culpables de que esa brecha no haga sino aumentar. Es por culpa de ellos que los sistemas fiscales presentan resquicios por doquier, grietas que bien aprovechadas por elaborados sistemas de ingeniería fiscal, permiten evadir tasas y pagar menos impuestos. No, no son los milmillonarios los que tienen la culpa de la existencia de esa brecha, ni de su continuo ensanchamiento. Son los políticos, son ellos el verdadero problema de la sociedad, marionetas manejadas por la élite sin otro propósito que velar por sus propios intereses y saquear al pueblo hasta dejarlo en la pobreza. Y esta pandemia ha demostrado aún más la incapacidad e ineptitud del estamento gobernante, la fragilidad de la organización y estructura económicas, las miserias de todo el sistema social. Esta pandemia ha dejado aún más a las claras que cada vez los ricos son más ricos y los pobres, más pobres.