Tras el velo de la pandemia I


NUEVO ORDEN MUNDIAL


«Ojalá te toque vivir tiempos interesantes»

Antigua maldición china

No es necesario hacer una introducción acerca de todo lo que ha ocurrido desde enero de 2020 hasta la fecha de publicación de este artículo. La pandemia que ha puesto al mundo literalmente patas arriba social, política y económicamente ha sido -y aún a día de hoy lo sigue siendo- uno de los fenómenos que más atención ha acaparado en la historia de los medios de comunicación. Una cobertura sin precedentes, cantidades ingentes y despiadadas de información que finalmente, lo único que lograron fue confundir y sembrar el pánico y el desconcierto más absoluto entre muchísimas personas que se sumieron en una profunda melancolía, fruto del miedo infligido a base de solamente malas y peores noticias.

Ante algo de tal magnitud y frente a la confusión reinante, provocada por innumerables pasos en falso, contradicciones, medidas ridículas e ineptitud por parte de quienes se supone debían tomar las riendas de la situación, cabe preguntarse, sin temor a ser ridiculizado, si realmente esto ha sido algo natural y ha pasado porque tenía que pasar, o ha sido provocado buscando un nuevo orden de las cosas, un Nuevo Orden Mundial.

Imagen tomada de newscientist.com

¿Qué es realmente el Nuevo Orden Mundial? Oficialmente es una teoría de conspiración, es decir, una teoría alternativa a las oficiales que explica un acontecimiento o una cadena de acontecimientos de importancia política, social, económica, religiosa o histórica, por medio de la acción secreta de grupos poderosos (Wikipedia 🔗). Pero, ¿Qué ocurre cuando hay claros indicios de que algo gordo se está cociendo, cuando las voces autorizadas -porque tienen el suficiente poder político y económico para serlo- dan pistas evidentes de que se está implantando ese Nuevo Orden Mundial que para muchos no es más que algo propio del género distópico? Analicemos los hechos. Repito: hechos. Porque a partir de ahora absolutamente toda la información plasmada en este artículo proviene de fuentes oficiales y medios de comunicación de reconocido prestigio, así como de especialistas en la materia de primerísimo nivel que con su conocimiento han tratado, tratan y seguramente seguirán tratando en un futuro, de arrojar luz a todo este complejo fenómeno socioeconómico y político en desarrollo que tanto a mí, que escribo estas líneas, como a usted, que las lee, nos ha tocado vivir.

Hay que empezar hablando del Foro de Davos, que se celebra en la ciudad del mismo nombre, situada en Suiza. Esta ciudad es famosa por acoger el Foro Económico Mundial (🔗), una reunión que atrae cada año a destacados líderes de la política, la empresa, la cultura y los medios de comunicación que quieren tomar parte en la agenda internacional. Nació en 1971 en Ginebra (Suiza), como una organización sin ánimo de lucro independiente, imparcial y no ligada a intereses concretos, y fue fundada por Klaus M. Schwab, un profesor de la Universidad de Ginebra que invitó a 444 ejecutivos de compañías europeas a un encuentro sobre gestión empresarial en el Centro de Convenciones de Davos, con la idea de introducir la forma americana de gestionar una compañía en las firmas europeas. Nunca se pensó que aquella reunión, con los años, llegaría a convertirse en una de las cumbres internacionales más importantes a nivel global, en las que se marcarían importantes directrices y se regirían los destinos de prácticamente la totalidad de los habitantes del mundo.

Pero según se interpreta de este artículo (🔗) de BBC News -lo cual no deja de ser un secreto a voces-, estas reuniones no son, ni mucho menos, accesibles para todos los ciudadanos, sino que más bien se trata de un coto privado para ricos y poderosos, para la élite del mundo que decide y dispone. Así, muchos aprovechan el evento para celebrar reuniones privadas sobre temas como la inversión en sus países, y también como una oportunidad para hacer negocios. Las figuras de alto perfil a menudo lo usan para influir en la agenda global o lanzar advertencias severas sobre el cariz que está tomando el asunto del cambio climático. El Foro de Davos generalmente atrae a unas 3.000 personas, aproximadamente un tercio de ellas del sector de los negocios. Pero no puede ir cualquiera: para que alguien pueda asistir, debe ser previamente invitado -en cuyo caso el evento es gratuito- o ser miembro del Foro, que puede costar unos US$625.000 (dólares estadounidenses). Al evento asisten líderes políticos y financieros mundiales, figuras clave de Naciones Unidas y la Unión Europea y los jefes de grandes empresas como Coca-Cola, Goldman Sachs e IBM. Entre los invitados habituales se encuentran multimillonarios como el magnate George Soros y el presidente de Facebook Mark Zuckerberg.

Imagen tomada de es.weforum.org

Incluso entre los asistentes, no todos tienen el mismo nivel de acceso. Las insignias de colores determinan quién se codea con quién, y los invitados de más alto perfil reciben una insignia blanca con un holograma, que les da acceso a todas partes, mientras que, en el otro extremo, un distintivo de hotel significa que no puede ingresar al centro de conferencias. Significativamente, el termino Davos Man -Hombre Davos- se convirtió en un apodo para el tipo de hombre rico y elitista, arquetipo del asistente a la reunión. Y ciertamente no es para menos si se considera la elegante ubicación de la cumbre, los helicópteros privados sobrevolando el lugar y una gran variedad de lujosas fiestas entorno al evento principal, confiriéndole un aura de total exclusividad y poder.

En cada cumbre se celebran numerosos debates públicos, foros de discusión, talleres y otras actividades, aunque casi todos los presentes coinciden en que lo más importante son los petit comité, es decir, reuniones a puerta cerrada, sin cámaras, sin periodistas. Algunos pagan cantidades bestiales de dinero por estar presentes y participar en esos encuentros privados, porque saben que ahí es donde realmente se decide el futuro de la humanidad.

El 1 de febrero de 2021, el diario especializado en economía eleconomista.es publicó una interesantísima noticia (🔗) que se hacía eco del último Foro Económico Mundial (WEF) celebrado en Davos, en el que se han vuelto a recordar los retos propuestos para llevar a cabo antes de 2030 -la llamada Agenda 2030, que en España corre a cargo del vicepresidente segundo del gobierno, el comunista Pablo Iglesias, líder del partido político de extrema izquierda Podemos-, con especial protagonismo de una frase cuanto menos sobrecogedora: En 2030 no tendrás nada y serás feliz. Estas palabras pueden ser leídas -en inglés- en el propio sitio web del Foro Económico Mundial, en un artículo fechado el 12 de noviembre de 2016 titulado 8 predictions for the world in 2030 (🔗), en el que se viene a decir que el hecho de «imaginar las sociedades del mañana puede darnos una nueva perspectiva de los desafíos y oportunidades de hoy», y añade: «Pedimos a los expertos de nuestros Global Future Councils su opinión sobre el mundo en 2030, y estos son los resultados, desde la muerte de las compras hasta el resurgimiento del estado nación», para a continuación, reflejar ocho puntos que, según ellos, describirán el mundo futuro en el 2030. Si bien todos ellos son de una enorme trascendencia y pueden causar cierta polémica y revuelo, es el primer punto el que ha acaparado la mayor atención por ser realmente un disparate, al menos para la sociedad que a día de hoy conocemos. La frase, en su versión original en inglés, dice así: «All products will have become services. “I don’t own anything. I don’t own a car. I don’t own a house. I don’t own any appliances or any clothes”», que traducido a la lengua de Cervantes viene a decir algo así como: Todos los productos se habrán convertido en servicios. “No tengo nada. No tengo auto. No soy dueño de una casa. No tengo electrodomésticos ni ropa”.

“Bienvenidos a 2030. No tengo nada, no tengo privacidad, y la vida nunca ha sido mejor”. Ida Auken, miembro del Parlamento de Dinamarca. Imagen tomada de proyectum.com

Pero la cosa no termina ahí: si se hace clic en el texto resaltado del párrafo de este primer punto, la página redirecciona otro artículo, escrito por Ida Auken, miembro del Parlamento de Dinamarca, titulado Here’s how life could change in my city by the year 2030 (🔗) -traducido al castellano, Así es como podría cambiar la vida en mi ciudad para el año 2030-, en el que se pueden leer lindezas como estas:

«En nuestra ciudad no pagamos alquiler, porque otra persona está usando nuestro espacio libre siempre que no lo necesitamos. Mi sala de estar se usa para reuniones de negocios cuando no estoy allí. De vez en cuando, elegiré cocinar para mí. Es fácil: el equipo de cocina necesario se entrega en mi puerta en minutos. Desde que el transporte se volvió gratuito, dejamos de tener todas esas cosas metidas en nuestra casa. ¿Por qué tener una máquina para hacer pasta y una cocina para crepes en nuestros armarios? Podemos pedirlos cuando los necesitemos» -es decir, desaparece la propiedad privada incluso al más ínfimo nivel, ya no será dueño ni de una cuchara-.

«¿Compras? Realmente no puedo recordar qué es eso. Para la mayoría de nosotros, se ha convertido en elegir cosas para usar. A veces encuentro esto divertido, y otras veces solo quiero que el algoritmo lo haga por mí. Conoce mi gusto mejor que yo ahora. Cuando la inteligencia artificial y los robots se hicieron cargo de gran parte de nuestro trabajo, de repente tuvimos tiempo para comer bien, dormir bien y pasar tiempo con otras personas. El concepto de hora punta ya no tiene sentido, ya que el trabajo que hacemos se puede realizar en cualquier momento. Realmente no sé si lo llamaría trabajo. Es más como tiempo de pensamiento, tiempo de creación y tiempo de desarrollo».

«Mi mayor preocupación son todas las personas que no viven en nuestra ciudad. Los que perdimos en el camino. Aquellos que decidieron que se volvió demasiado, toda esta tecnología. Aquellos que se sintieron obsoletos e inútiles cuando los robots y la IA (Inteligencia Artificial) se hicieron cargo de gran parte de nuestros trabajos. Los que se enojaron con el sistema político y se volvieron contra él. Viven diferentes tipos de vida fuera de la ciudad. Algunos han formado pequeñas comunidades de autoabastecimiento. Otros simplemente se quedaron en las casas vacías y abandonadas en pequeños pueblos del siglo XIX. De vez en cuando me molesta el hecho de que no tengo privacidad real. […]. Sé que, en algún lugar, todo lo que hago, pienso y sueño está grabado. Solo espero que nadie lo use en mi contra».

«Todo lo que hago, pienso y sueño está grabado. Solo espero que nadie lo use en mi contra». Yo no sé a ustedes, pero a mí esto me causa bastante inquietud. ¿Hacia qué clase de mundo nos dirigimos? ¿Un mundo en el que ya ni siquiera nos pertenecerán nuestros propios sueños? Pues esto, que parece ciencia ficción, no está lejos de conseguirse. Sí, lee bien. No está lejos de conseguirse, como se verá más adelante en este mismo artículo. Además, parece ser que tienen prisa por lograrlo, y sin duda la pandemia ha sido el empujón definitivo para ir instaurando progresivamente, paso a paso, ese mundo -por ahora- distópico que se ha descrito arriba. Ellos, es decir, las élites que emplean el Foro Económico Mundial como herramienta para dirigir el mundo, lo llaman el Gran Reinicio o el Gran Reseteo, y en un artículo de su página web titulado Ahora es el momento de un “gran reinicio” (🔗) puede leerse «nos hace falta un Gran Reinicio del capitalismo» y «existen numerosas razones para apostar por un Gran Reinicio, pero la más urgente es la COVID-19».

Imagen tomada de es.weforum.org

Seamos realistas, porque es un hecho perfectamente palpable y que estamos viendo absolutamente todos nosotros, porque a todos nos está afectando. No hace falta ser demasiado astuto y espabilado para darse cuenta de que, tal y como lo expresa el diario digital especializado en economía LIBREMERCADO en este artículo (🔗) del 2 de febrero de 2021, la población ya se encuentra lo suficientemente sometida, debido al miedo provocado por la tragedia sanitaria, para acatar las órdenes de la élite que dirige el mundo y aceptar así los nuevos cambios del Gran Reseteo, que serán aceptados sin rechistar por todos los ciudadanos.

Y es que la ejemplar a la vez que sumisa respuesta ciudadana a las suspensiones de derechos y libertades fundamentales que han sido aplicadas por la práctica totalidad de los Gobiernos, es sin duda un óptimo aliciente para acelerar el Gran Reseteo mundial, es decir, la nueva normalidad a la que nos vienen preparando desde que comenzó la pandemia y que, sabiendo leer entre líneas, incluye medidas para la instauración de un modelo socialista mundial y sin fronteras, donde la censura de los medios, la vigilancia masiva de los ciudadanos y el control total de la atención médica serán los protagonistas indiscutibles de esa nueva normalidad, o lo que viene a ser lo mismo, ese Nuevo Orden Mundial.

Todos con mascarilla y sin rechistar. Imagen tomada de hosteltur.com

En el mismo artículo de LIBREMERCADO se resalta que, según la Agenda de Davos 2021, «a partir de 2021, la forma de viajar de las clases medias debe cambiar rotundamente», ya que según el multimillonario Bill Gates, uno de los miembros vip del Foro Económico Mundial, «los viajes en avión deben reducirse a más de la mitad en estos próximos años, ya que contaminan demasiado». Así, el Foro de Davos ha anunciado al término de la cumbre que las clases medias volverán a viajar en tren-cama, tratando de vender esta idea a la ciudadanía mediante un nuevo spot propagandístico, en el que destaca lo maravilloso que es hacer viajes en trenes nocturnos, como sucedía antes de la década de los 80.

Saquemos conclusiones: en base a lo expuesto, el avión no será ni más ni menos que un privilegio de ricos porque el precio, a fin de evitar que sea utilizado como medio de transporte masivo, se elevará hasta precios inaccesibles para gran parte de los ciudadanos de a pie -todo esto con la excusa de la contaminación-, y viajar en avión será algo del pasado para la clase trabajadora. Eso sí, Bill Gates y sus socios del Foro Económico Mundial viajarán tranquilamente en avión porque podrán permitírselo sobradamente y sin problemas, mientras que los demás tendrán que soportar un gran número de horas en las camas de los ferrocarriles para hacer un viaje que todavía hoy, en avión, se hace en apenas tres o cuatro horas. Y al hilo de esto, quiero incluir aquí el enlace a un artículo que detalla unos hechos bastante esperpénticos, aunque reales como la vida misma: la hipocresía de muchos famosos, los llamados green fakers -los verdes de mentira-, famosos que son ecologistas en la alfombra roja pero que dejan de serlo cuando retoman su vida privada. Un ejemplo entre varios: Leonardo DiCaprio voló en una ocasión casi 13.000 kilómetros en su avión privado para recoger un premio del grupo ecologista RiverKeeper Fishermen’s Ball. Lo dicho, esperpéntico. Aquí el enlace al artículo (🔗).

Otro de los aspectos interesantes abordados en la Agenda de Davos 2021 es el cuestionamiento del capitalismo actual, según la cual es el culpable de las grandes desigualdades existentes, y ha dado origen a un nuevo concepto: el de capitalismo entre partes o capitalismo inclusivo. Marc Benioff, CEO de la compañía Salesforce y poseedor de un patrimonio neto de 8.800 millones de dólares en mayo de 2020 (🔗), ha llegado a decir en una de las intervenciones en Davos que el capitalismo, tal y como lo hemos conocido, ha muerto. El Foro Económico Mundial lo aclara en el resumen de esta última cumbre: «Es hora de un nuevo capitalismo más justo, un capitalismo equitativo y sostenible que realmente funciona para todos y donde las empresas, incluidas las tecnológicas, no solo toman de la sociedad, sino que realmente devuelven y tienen un impacto positivo». Es decir, una empresa dejará de ser privada, no existirá un propietario y no tendrán el control de su compañía, modelo idéntico al que aplica el Partido Comunista Chino en su régimen. A este respecto, es muy significativo el hecho de que el invitado de honor del Foro Económico Mundial 2021 haya sido Xi Jinping, el presidente de la República Popular China. ¿Coincidencia?

«Todo está bajo control: el gran gobierno, la libertad y el virus». Portada de la revista The Economist del 28 de marzo de 2020

Fue precisamente el fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, quien acuñó en 2016 el concepto de Cuarta Revolución Industrial, también conocida como Industria 4.0 o Revolución industrial etapa número cuatro. Esta se basa en la Revolución Digital, la cual representa nuevas formas en que la tecnología se integra en las sociedades e incluso en el cuerpo humano. El propio Schwab, en su libro La cuarta revolución industrial, vaticina que «la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes». BBC News, en un artículo fechado en octubre de 2016 (🔗), comenta que esta última revolución trae consigo una tendencia a la automatización total de la manufactura para llevar la producción industrial a una total independencia de la mano de obra humana, lo que podría acabar con millones de puestos de trabajo en los 15 países más industrializados del mundo y, además, habrá importantes repercusiones que afectarán de lleno en cómo somos y nos relacionamos hasta en los rincones más lejanos del planeta. La revolución afectará al mercado del empleo, al futuro del trabajo, a la desigualdad en los ingresos y sus coletazos impactarán en la seguridad geopolítica y los marcos éticos.

La revolución tendrá que escribir una nueva relación entre los hombres y los robots. Pero detrás hay dilemas éticos y sociales por resolver, dicen los críticos. Imagen tomada de bbc.com

El controvertido multimillonario Elon Musk, cofundador de PayPal, SpaceX, Hyperloop, SolarCity, Neuralink y OpenAI, y director general de SpaceX, de Tesla Motors, presidente de SolarCity y copresidente de OpenAI, es la persona más rica del planeta, con una fortuna, en enero de 2021, estimada en 187.000 millones de dólares. Este señor es, además, uno de los grandes mecenas de la Inteligencia Artificial y la neurotecnología. Su empresa Neuralink está trabajando para hacer posible conectar el cerebro humano a internet. No, no es ciencia ficción. Está ocurriendo. El diario ABC, en este artículo (🔗) de su sección ABC Ciencia, lo refleja así: «No será de repente, pero Neuralink ideará un cordón neuronal artificial que podrá tomar el control de los cerebros de las personas». Utilizar un ordenador o cualquier aparato conectado como la televisión, la nevera y, por supuesto, el teléfono móvil solo con un pensamiento, mediante una interfaz de hilos más delgados que un cabello humano, que van cosidos al cerebro humano y que portan en su interior los electrodos que recogen la actividad cerebral. Esa es la verdadera naturaleza y ambición de Neuralink. Es decir, que habrá tecnologías, en un futuro cercano, que sean capaces de adivinar y transcribir nuestros pensamientos para que terceras personas sepan perfectamente y en cada momento qué es lo que estamos pensado.

Se está estudiando, asimismo, la posibilidad de insertar microchips en el cuerpo humano, de modo que pueda ejercerse el control del personal en un centro de trabajo, convertirse en un código de ingreso personalizado a diferentes espacios o monitorearse el estado de salud del propietario. Esta práctica, que nació como medio de control de mascotas, está ganado terreno a pasos agigantados y ya está entrando en la vida de las personas. Asumámoslo: existirán sistemas que nos conocerán perfectamente y serán capaces de predecir nuestros sentimientos, pensamientos, intenciones y decisiones y, por ende, manipularlos. Una ambición que todos los gobiernos y organismos ha pretendido a lo largo de la historia, pero no se ha tenido nunca el conocimiento biotecnológico requerido para ello ni el poder computacional necesario para hackear a millones de personas. Nunca, ni la Gestapo de la Alemania nazi, ni el KGB soviético, ni la CIA estadounidense, nadie tuvo el poder y lo medios para conseguirlo. Pero muy pronto, gobiernos y corporaciones tendrán los medios para hackear sistemáticamente a millones de personas y dejaremos de ser, para siempre, almas misteriosas y dueñas de nuestros propios sentimientos, ilusiones y pensamientos, y ya no tendremos secretos. Ni siquiera poseeremos nuestros sueños, ya que serán capaces de tener alcance a ellos, arrebatándonos aquello que hasta ahora era lo único que realmente poseía el ser humano como suyo propio. Todo esto, que será vendido e implantado como algo necesario para el bien de las personas por motivos sanitarios, de seguridad, etc., tendrá como resultado el peor y más férreo régimen totalitario de la historia de la humanidad.

Microchips insertados en las manos como sistemas de acceso, de identificación o de pago. Imagen tomada de youtube.com, minuto 30:39

¿Le asusta todo lo que acaba de leer? Pues no debería, porque ya está ocurriendo, y desde hace tiempo. Piense que las redes sociales, en las que un altísimo porcentaje de la población tiene cuentas abiertas y activas, están gobernadas por algoritmos cuya razón de ser no es otra que recolectar información acerca de nosotros, y existe por ahí, en algún sitio, un perfil psicológico nuestro perfectamente detallado, y algo o alguien, si tiene acceso a él, puede llegar a conocernos mejor que nosotros mismos. No es ninguna tontería y repito, esto ya está ocurriendo. Respecto a lo de acoplarnos un microchip… bueno, tampoco debería alarmarse por ello. Puede que no se haya percatado aún, pero desde hace años -muchos, probablemente- usted ya tiene un microchip acoplado, no físicamente dentro de su cuerpo, pero sí en su teléfono móvil, y éste es, poco más o menos, una extensión más de nuestro cuerpo que va con nosotros a absolutamente todos los sitios, nunca está apagado y está constantemente registrando nuestra posición en el sistema de geolocalización global. No es nuevo que las redes sociales, los teléfonos móviles de última generación -que no son otra cosa que potentes computadoras- y en general la alta tecnología son una muy buena herramienta, muy útil y capaz de facilitar enormemente la vida del ser humano, pero todo esto si se utiliza correcta y adecuadamente. De lo contrario, en manos con dudosas intenciones, y es lo que está ocurriendo, acarrea graves problemas sociales como el aislamiento, la depresión, la falta de comunicación y un largo etc. ¿Cuántos de nosotros no hemos visto a una pareja sentada a la mesa de un restaurante y cada uno de ellos estaba pendiente de su teléfono, ignorando a la persona que tenía enfrente? Una brecha del tamaño del ciberespacio en el ancho de una mesa. Y eso es, tristemente, parte del Nuevo Orden Mundial: las máquinas y los mundos virtuales usurpando el lugar de las personas.

Imagen tomada de infobae.com

En el mes de octubre de 2019 -apenas tres meses antes de que diera comienzo la actual pandemia- se celebró en Nueva York el Evento 201 (🔗), una puesta en escena de varios simulacros de pandemias basados en distintos escenarios posibles, con el objetivo de dar respuesta y anticiparse para abordar soluciones de manera global. Para ello se simuló un brote de un nuevo coronavirus zoonótico transmitido de murciélagos a cerdos y de éstos a personas, que eventualmente se vuelve transmisible de persona a persona y termina desembocando en una pandemia severa. En el ejercicio, la enfermedad comienza en granjas porcinas en Brasil, de manera silenciosa y lenta al principio, pero luego comienza a propagarse más rápidamente, extendiéndose eficientemente de persona a persona en los barrios de bajos ingresos y densamente poblados de algunas de las megaciudades de América del Sur y exportándose por transporte aéreo a Portugal, Estados Unidos, China y a muchos otros países. Aunque al principio algunos de ellos pueden controlarlo, continúa extendiéndose de manera implacable para que, finalmente, ningún país pueda mantener el control y todos se vean impotentes ante el desastre. Eso es, ni más ni menos, lo que ha ocurrido durante el año 2020 en todo el planeta.

Algo que llamó poderosamente mi atención y me causó cierta inquietud y sospecha fue el hecho de hallar, en el proceso de investigación y recolección de datos para la redacción de este artículo, un documento publicado en mayo de 2010 por la Fundación Rockefeller (🔗) llamado Scenarios for the Future Technology and International Development -en castellano Escenarios para el Futuro de la Tecnología y el Desarrollo Internacional-, en el cual se describe el escenario de una pandemia global con el titular  Â«Un mundo bajo un control más estricto del gobierno de arriba hacia abajo y más liderazgo autoritario, con la innovación limitada y cada vez en mayor retroceso de los ciudadanos». En dicho documento pueden leerse fragmentos como estos:

«Durante la pandemia, los líderes nacionales de todo el mundo han mostrado su autoridad e impulsado reglas herméticas y restricciones, desde el uso obligatorio de mascarillas a los controles de temperatura corporal en las entradas a los espacios comunes como las estaciones de tren y supermercados». Esto está ocurriendo a día de hoy.

«Los ciudadanos voluntariamente entregaron parte de su soberanía -y su vida privada- a estados más paternalistas, a cambio de una mayor seguridad y estabilidad». Esto está ocurriendo a día de hoy.

«[…] En los países desarrollados, esta mayor supervisión tomó muchas formas: los identificadores biométricos para todos los ciudadanos […]» -como aclaración, la identificación biométrica consiste en determinar la identidad de una persona mediante la captura de algún elemento biométrico, por ejemplo, tomando una foto del rostro, grabando la voz, o capturando una imagen de la huella dactilar-. Esto está ocurriendo a día de hoy. Un ejemplo: cámaras de reconocimiento facial, que ya son una realidad en ciudades como Londres y Moscú, entre otras.

Aunque es cierto que no hay evidencia de que este documento de hace diez años tenga relación alguna con la actual pandemia que sufre el mundo, también es cierto que fue extremadamente preciso en describir las restricciones extremas de las que la población global está siendo testigo, que fueron impuestas precisamente a raíz del estallido de 2020. Control más estricto de los gobiernos, liderazgos más autoritarios, retroceso en los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos, uso de mascarillas y controles de temperatura, aborregamiento y apatía de la población a cambio de una mayor seguridad y estabilidad y, por supuesto, la identificación biométrica de los ciudadanos mediante cámaras de seguridad instaladas por doquier, reconocimiento facial, conteo a las puertas de establecimientos, etc. Esto está ocurriendo tal cual se describió en este documento del año 2010, y del cual adjunto enlaces para su consulta, tanto del original en inglés como de su versión traducida al español. Bienvenidos al Nuevo Orden Mundial.

Recomiendo ver este vídeo del año 2014, en el cual un periodista de investigación describe -seis años antes de la actual pandemia- un escenario idéntico al de nuestros días y refiere cierta información que seguramente no deja a nadie indiferente:

Haga clic en la imagen para ir al video

¿Y qué hay de los test PCR (🔗)? Esta burda e imprecisa herramienta está sirviendo para manejar las estadísticas al antojo de los gobiernos y mandatarios y así poder tomar las decisiones políticas de una forma que podría llamarse arbitraria, con el respaldo de unos números que cada vez se demuestran más ambiguos e inexactos. Profesionales sanitarios y científicos han advertido de la facilidad con la que estos test arrojan falsos positivos, y de que mientras más repeticiones del test se hacen y mientras más se amplía la población testada, más disparatados e inconsistentes llegan a ser los datos que se obtienen, datos que, por cierto, son los usados por los gobiernos para decretar confinamientos e imponer restricciones severas que afectan a la vida y a la salud física y mental de millones de personas. Pero todo esto, aunque sea un hecho más que conocido, es oficialmente ocultado, ya que no les interesa publicar los verdaderos índices de contagio y poder seguir así justificando más confinamientos y privación de derechos y libertades.

Imagen tomada de abc.es

Tampoco es un secreto el papel jugado por las farmacéuticas en todo este oscuro entramado que pretende tumbar el mundo tal y como lo conocemos. A principios de los años noventa del siglo pasado, el tráfico de enfermedades fue una estrategia seguida por las compañías farmacéuticas para crear enfermedades y asustar a la población, para de ese modo ofrecerle un medicamento previamente desarrollado para tal enfermedad. Lucrativo negocio, ¿verdad? Tan lucrativo como inmoral. Si a día de hoy la gente más poderosa del planeta quisiera acelerar el cambio hacia la Cuarta Revolución Industrial, eliminando puestos de trabajo y reinventando el capitalismo, esta estrategia Problema-Reacción-Solución sería realmente eficiente para lograrlo:

  1. Crear un problema. Liberar el coronavirus y declarar una pandemia global.
  2. Crear una reacción. Llevar a cabo una brutal campaña mediante el bombardeo indiscriminado y despiadado de (des)información, con el objetivo claro de sembrar el pánico entre la población y destruir la economía forzando a muchos negocios a echar el cierre.
  3. Crear una solución. Como, por ejemplo, dotar a los millones de desempleados generados de una renta básica, con el objetivo de tenerlos dominados y bien atados, pero sobre todo, totalmente dependientes y anulados completamente, dóciles y obedientes, incapaces de poner objeción alguna al domino ejercido por los poderes de la élite, o la insistencia de la necesidad de vacunarse con algo que ni siquiera ha sido testado completamente y de lo que aún se desconocen los posibles efectos adversos que podría desencadenar. Y por supuesto, el famoso Quédate en casa, lo cual no sería de extrañar que desembocase en una restricción total a la hora de viajar, a la hora de decidir por nosotros mismos dónde queremos residir, etc., todo ello con el objetivo de establecer un control absoluto sobre la población.
Un video muestra el software de reconocimiento facial en uso en la sede de la compañía de inteligencia artificial Megvii en Pekín (China). Imagen tomada de nytimes.com

Supongamos que esta pandemia fue planeada. ¿Por qué sería ahora un excelente momento para activarla? La respuesta podría estar en la polémica red de telefonía móvil de última generación 5G, que es hasta 100 veces más rápida que su predecesora 4G y que ya está lista para ser completamente introducida. 5G tiene la capacidad, velocidad e infraestructuras necesarias para digitalizar plenamente a la sociedad, conectando mucho más de cerca a la humanidad con la red de internet y con la Inteligencia Artificial y por tanto, elevando a cotas hasta ahora desconocidas la vigilancia digital y la recolección de datos personales mediante el reconocimiento facial a través de nuestros smartphones, la geolocalización precisa a través de la red de satélites GPS o a través de modernísimos dispositivos domésticos como Amazon Alexa, un asistente virtual que puede controlar varios aparatos inteligentes que sean compatibles con este sistema, como focos, interfonos, cámaras de videovigilancia e interruptores inteligentes. Estaremos conectados a todo, todo el día, y en el menor tiempo posible, o lo que es lo mismo: monitorización intensiva cada segundo por el resto de nuestras vidas. Muchos creen, de hecho, que los confinamientos se han empleado para vaciar las calles de las ciudades e instalar la infraestructura necesaria para el 5G sin levantar demasiado revuelo.

Imagen tomada de bbc.com

¿Ha oído o leído usted alguna vez el concepto de operación de bandera falsa? Para quien no lo haya hecho nunca, se trata de una operación encubierta llevada a cabo por gobiernos, corporaciones u otras organizaciones, diseñada para aparecer como si fueran llevadas a cabo por otras entidades. Dicho esto, es más que razonable preguntarse si la actual pandemia de Covid-19 es una operación de bandera falsa. Vicente Fisac, en su artículo COVID-19: ¿Atentado de falsa bandera? (🔗), comenta que «reúne todas las premisas para serlo puesto que da pie a las tres etapas que cualquier Gobierno, corporación u organización (en este caso la élite que dirige y controla el mundo) debe desarrollar para someter a su antojo a la población: primero crear un problema (la pandemia), después liderar una reacción a su gusto; y finalmente (a eso aún no hemos llegado, pero estamos en camino) ofrecer una solución».

Cierto es que no existen pruebas de ello, pero sí abundan los indicios que hacen levantar las sospechas, y es que, como argumenta el autor en el mismo artículo, «se trata de un virus muy selectivo que se ceba en los viejos y enfermos (aquellos que generan más gasto a la sociedad); una aceptación global por parte de la población de la restricción de las libertades; un miedo alimentado día a día por los Gobiernos y los medios de comunicación; una imposición del “pensamiento único”, censurando a todos aquellos que piensan diferente; un empobrecimiento de la población que redunda en mayor ganancia para los muy poderosos; etc.», y prosigue: «los Gobiernos de todo el mundo están aprovechando esta pandemia para acelerar un cambio en la sociedad que entraña, entre otras cosas: empobrecimiento general de la sociedad, miedo, aislamiento social, mordaza a la libertad de expresión, adiós a las monedas y billetes sustituyéndolos por otros medios de pago más fáciles de controlar, aumento del tiempo de exposición voluntaria a medios de comunicación masivos con un claro mensaje unificado de adoctrinamiento; etc.». Sea o no algo previsto y puesto en marcha de manera planificada, la realidad es que todo lo expuesto en este último párrafo está ocurriendo, y todos y cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, lo estamos sufriendo en nuestras propias carnes. ¿Qué vendrá después? Si los pronósticos se cumplen, desde luego nada bueno, y el futuro que asoma se presenta cuanto menos turbador.

Imagen tomada de eleconomista.es

Como resultado de las deliberaciones de los Juicios de Núremberg celebrados tras finalizar la Segunda Guerra Mundial se recogió, en el denominado Código de ética médica de Núremberg (🔗), una serie de principios que rigen la experimentación con seres humanos, con el objetivo de proteger los derechos básicos y esenciales de las personas. Entre otros puntos, se cita que es absolutamente esencial el consentimiento voluntario del sujeto humano; que el experimento debe ser proyectado y basado sobre los resultados de experimentación animal de modo que los resultados previos justifiquen la realización del experimento; y que el experimento debe ser realizado de tal forma que se evite todo sufrimiento físico y mental innecesario y todo daño. Pero lo cierto es que, con el lanzamiento de la campaña de vacunación contra el Covid-19, cabe preguntarse si están siendo violados algunos de los derechos humanos fundamentales.

Imagen tomada de theconversation.com

De hecho, la aerolínea australiana Qantas (🔗) obligará a sus pasajeros a vacunarse contra el Covid-19 en los vuelos internacionales. Así reza en un artículo del diario El Mundo (🔗) de noviembre de 2020, en el que puede leerse que «la aerolínea australiana asegura que la vacuna contra el coronavirus va a ser una necesidad para reanudar los vuelos comerciales internacionales a mediados del 2021», de modo que junto al pasaporte de toda la vida, será necesario uno nuevo que indique si está usted vacunado o no contra el Covid-19.

Aunque no tendremos que esperar hasta mediados de 2021. Reino Unido ya ha impuesto la cartilla obligatoria de vacunación del Covid, como refleja el diario ABC en este artículo (🔗) con fecha 09 de diciembre 2020, aclarando que «los primeros 5.000 británicos vacunados ya tienen un documento que se teme funcione como un pasaporte para la movilidad y servicios esenciales». De este modo, y si se cumplen los peores pronósticos, los que se vacunen podrán moverse libremente, mientras que quienes no lo hagan quedarán de alguna manera fuera del sistema. Sea o no, lo cierto es que la propia ficha indica en su parte frontal: Asegúrate de mantener esta tarjeta en tu bolso o cartera. ¿Para qué, si la vacuna no es obligatoria? Si debe llevarse encima como un documento más de identificación es porque, ciertamente, en algún momento pueden requerirla.

Tarjeta de vacunación procurada por el NHS (National Health Service) británico. Imagen tomada de abc.es

El haber recabado toda la información necesaria para la redacción del artículo y el hecho de haberla analizado y comparado cuidadosamente, más que nada para evitar hacer referencia a fuentes de dudosa procedencia con contenido poco fiable e incluir, en este texto, solamente información consistente, contrastada e indicios reales de lo que está ocurriendo, me lleva a afianzar mi opinión acerca de la situación que toda la población del planeta lleva sufriendo desde principios del año 2020 y que, muy probablemente, se alargue durante todo 2021 e incluso llegue a dar sus últimos coletazos en 2022 -con todo lo que vendrá después, que posiblemente sea aún peor-. Y es que, tras haber seguido con mucha atención la evolución sociopolítica y económica en el ámbito internacional, me he formado mi propio juicio, ciertamente alejado de todo el veneno que los medios de comunicación mercenarios al servicio de los gobiernos quieren inocularnos de manera indiscriminada, que no es otra cosa que el miedo. Porque es muy importante tener en cuenta y comprender que lo único que se necesita para hacer a la gente esclava es el miedo, este es el arma más poderosa y codiciada por cualquier gobierno u organismo para someter a grandes masas y manejarlas a su antojo. El miedo. Y yo creo, sinceramente, que la pandemia está siendo empleada como una potentísima herramienta para meter miedo en la población e introducir cambios drásticos en nuestra forma de vida que de otro modo, hubiese sido imposible introducirlos.

Está claro: si las personas tienen mucho miedo, están aterrorizadas y el pánico campa a sus anchas, pedirán por sí mismas gobiernos muy fuertes que garanticen su seguridad, sin llegar a comprender que la situación que originó esa incertidumbre y zozobra pudo ser provocada adrede para, precisamente, establecer -a petición del propio ciudadano de a pie- un gobierno cuasi totalitario -si no totalitario del todo-. Pero cuidado, ya lo dijo Benjamin Franklin: «Quien renuncia a su libertad por seguridad, no merece ni libertad ni seguridad». Los gobiernos no nos han regalado ningún derecho ni libertad. Nos los han concedido -a cambio de otros deberes y obligaciones- las constituciones de cada país, y los gobiernos deben velar por el mantenimiento de esos derechos y libertades, cosa que no están haciendo e incluso los están arrebatando con la excusa de la pandemia. Esa es la realidad que se está viviendo a día de hoy.

Y para concluir el artículo, dejo aquí abajo un vídeo titulado The New Normal: What the 1% Has to Gain & What We Are About to Lose -traducido al castellano, La nueva normalidad: Lo que el 1% tiene que ganar y lo que nosotros tenemos que perder-, en inglés con subtítulos, ya que no he podido encontrar la versión traducida. Son muy significativas las palabras (minuto 49:02 del vídeo) de Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, con las que expresa clara y tajantemente: «La gente asume que simplemente estamos regresando al buen viejo mundo que teníamos, y que todo volverá a ser normal, como estamos acostumbrados a la normalidad, a la antigua. Esto es, digamos ficción, no sucederá». Bienvenidos al Nuevo Orden Mundial.