SEGOVIA

Visita de dos días a la ciudad de Segovia, en la Comunidad Autónoma de Castilla y León

Vista del Alcázar de Segovia desde el Mirador de la Pradera de San Marcos. Junto con el Acueducto, es uno de los monumentos más emblemáticos y visitados de la ciudad castellana.

Segovia tiene esa particular belleza de las viejas ciudades castellanas, donde su grandes y majestuosos monumentos, testigos mudos de los avatares de la historia, se integran armoniosamente con el entorno, no sólo urbano, sino también con esos campos y paisajes españoles de identidad y belleza únicos. Unos paisajes duros de terrenos hostiles en los que el hombre, a través de una convivencia milenaria con el medio, ha forjado lo que hoy conocemos como la magnífica y moderna ciudad que ahora tenemos la suerte de poder visitar, contemplar y disfrutar.

Campos en los alrededores de Segovia

Se tiene constancia de que los primeros asentamientos en la zona se remontan a hace unos 60.000 años, cuando los neandertales se establecieron en una zona cercana a donde hoy se alza vigilante el majestuoso Alcázar.

Entre el año 98 y 94 a.C. tuvo lugar la campaña militar que terminó con la conquista de Segovia por parte del Imperio Romano, dirigida por el militar y político Tito Didio, convirtiéndose el antiguo asentamiento celtíbero en una civitas romana -unidad administrativa semiautónoma con edificios públicos representativos tales como el foro, la basílica, el teatro, templos, baños, estructuras y obras de ingeniería civil y otras construcciones representativas de la urbe romana de la época-. El famoso Acueducto es la gran obra de este período que aún queda en pie. Su imponente aspecto, sus dimensiones y su belleza y elegancia austeras hacen de este monumento uno de los más visitados y conocidos de la ciudad de Segovia. No en vano, hoy en día se considera la obra de ingeniería civil mejor conservada de la Hispania romana.

El Acueducto

Tras la caída del Imperio Romano llegaron los visigodos, de los cuales se cree que pudo existir un poblamiento de cierta importancia, dado que se han descubierto restos de un templo religioso visigodo del siglo VI bajo la actual Iglesia de San Juan de los Caballeros.

Se cree que durante la época musulmana Segovia fue abandonada y se convirtió en tierra de nadie, al parecer porque a los nuevos pobladores no les gustó demasiado el clima de la zona, y en ella habitaron solamente pastores y viajeros que iban de paso. En el año 1088 comenzó la repoblación con cristianos procedentes del norte de la península y Francia, tarea llevada a cabo por el conde Raimundo de Borgoña tras la conquista de Toledo por parte de su suegro, el rey Alfonso VI de León, llamado el Bravo.

Con una ubicación privilegiada dentro de la red de rutas de la trashumancia, llegó a convertirse en un importante centro del comercio de la lana, y comenzó su actividad la célebre y famosa industria pañera -llegando a alcanzar en el siglo XV fama mundial-. En el siglo XII se construyó la Antigua Catedral de Santa María frente al Alcázar, además de numerosas iglesias de estilo románico. Segovia se convirtió en una ciudad importante de Castilla, extendiendo su territorio hasta la mayor parte de lo que hoy es provincia de Madrid, parte de la provincia de Toledo y Ávila. A finales de la Edad Media llegó a tener una importante aljama hebrea -barrios donde habitaban las comunidades judías durante la Edad Media en la península ibérica, en las que se vigilaba que la vida de sus miembros, sus costumbres y su moral se ajustaran a lo establecido por la religión judía-. El rey Alfonso X el Sabio acondicionó el Alcázar como residencia real y dos siglos más tarde, el 13 de diciembre de 1474, Isabel la Católica fue proclamada reina de Castilla en la antigua iglesia de San Miguel.

Alfonso VI de León. Imagen tomada de museodelprado.es

Entre 1520 y 1522 tuvo lugar la guerra de las Comunidades de Castilla, teniendo la ciudad de Segovia una intervención destacada al mando del noble y político Juan Bravo -quien finalmente sería ejecutado tras la derrota de las comunidades-. El auge económico de la ciudad continuó durante el siglo XVI, aunque, como muchas otras ciudades castellanas, entró de nuevo en decadencia y a finales del siglo XVII contaba con una población de tan solo 8.000 habitantes.

Durante el siglo XVIII se construyó el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso -en 1721 por orden de Felipe V, el primer Borbón- y el Palacio Real de Riofrío -en 1751 por orden de Isabel de Farnesio, viuda de Felipe V-, y en 1764 se inauguró, en el Alcázar de Segovia, el Real Colegio de Artillería, la academia militar en activo más antigua del mundo.

Durante este siglo se intentó llevar a cabo un plan para revitalizar la industria textil de la ciudad, aunque no surtió el efecto deseado y al igual que ocurrió en otras ciudades castellanas, se produjo un deterioro de la economía y un declive demográfico del que tardaría muchos años en recuperarse.

La primera mitad del siglo XIX fue especialmente dura para Segovia, dado que en 1808 fue saqueada por el ejército del general Napoleón Bonaparte durante la Guerra de la Independencia, y durante la Primera Guerra Carlista fue atacada por las tropas leales al infante Carlos María Isidro de Borbón, también conocido como Don Carlos, aunque sin éxito de cara a la toma de la ciudad.

Después llegó la Guerra Civil Española (1936 – 1939), ese desastroso y cruel conflicto fratricida que causó la muerte de más de 500.000 personas, a cuyo comienzo los sublevados no tuvieron ningún problema para hacerse con el control de la ciudad, a pesar de la casi inexistencia de fuerzas militares y de algunos pequeños incidentes en las zonas de mayor influencia obrera.

En 1985 el casco antiguo de Segovia y su Acueducto fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, un legado que recuerda las diferentes culturas y civilizaciones que dejaron su impronta en la ciudad a lo largo de los tiempos y del cual somos afortunados de poder disfrutar hoy en día.

En la actualidad, Segovia es una ciudad moderna, bien comunicada y con unas fantásticas infraestructuras, con multitud de alojamientos y una magnífica gastronomía de la que hacen gala sus numerosos restaurantes y mesones, algunos de ellos de fama nacional e internacional.

Aunque Segovia no tiene la espectacularidad monumental o el telón de fondo histórico-cultural de otras ciudades españolas, sí es verdad que tiene algunas de las mejores joyas del Patrimonio Nacional que las generaciones actuales hemos tenido la suerte de heredar para nuestro disfrute y deleite, como pueden ser el impresionante Acueducto romano y el majestuoso y elegante Alcázar, además de otras reliquias de las que hago mención a continuación y que a mi juicio son visitas obligadas en esta ciudad castellana. Me dejo lugares atrás que no pudimos visitar por falta de tiempo y que, como siempre digo, quedan pendientes para un segundo viaje. 

Acueducto romano

Esta colosal obra de la ingeniería hidráulica (🔗) se conserva en un estado excepcional desde su construcción a principios del siglo II d.C, durante el final del reinado del emperador Trajano o a principios del de Adriano, aunque si bien es cierto que ha sido intervenido y restaurado en varias ocasiones a lo largo de la historia. Conducía las aguas a través de un tramo de más de quince kilómetros desde el manantial de la Fuenfría, ubicado en un paraje denominado La Acebeda, hasta la misma ciudad de Segovia.

La arquería que hoy vemos y que tanto admiramos es, en realidad, una estructura “auxiliar” sobre la que discurre el canal que transportaba el  agua desde la captación hasta el corazón mismo de la urbe. La parte más visible, famosa y fotografiada de esta estructura es la que cruza la Plaza del Azoguejo, y no es para menos, ya que se trata de un tramo de gran espectacularidad en el que se puede observar la grandeza y la belleza, a partes iguales, de esta singular obra de ingeniería hidráulica.

El Acueducto romano a su paso por la Plaza del Azoguejo

Está construido mediante sillería en seco con bloques de granito, es decir, superpuestos sin el empleo de argamasa u otro tipo de material a modo de “pegamento” entre dichos bloques. Se sabe que había una cartela sobre los tres arcos de mayor altura en la que figuraba la fecha y el maestro constructor, elemento desaparecido en algún momento de su historia para dejar tan solo el hueco que lo albergaba. Justo encima de donde debió estar la inscripción se pueden observar dos nichos, uno a cada lado del Acueducto y donde -en uno de ellos- estuvo la escultura de Hércules Egipicio, según la leyenda, el fundador de la ciudad. En la época de los Reyes Católicos se colocaron en ambos nichos las imágenes de la Virgen del Carmen y de San Sebastián respectivamente, aunque a día de hoy solo se conserva la primera de ellas, en la cara del Acueducto que da a la Plaza del Azoguejo.

Como ha sucedido en la mayoría de las obras y monumentos que no han dejado de tener una utilidad clara a lo largo de su historia, el Acueducto se ha mantenido casi en perfecto estado de conservación debido a que hasta prácticamente nuestros días, ha sido un canal activo que ha conducido el agua hasta la misma ciudad de Segovia, concretamente hasta el Alcázar.

En la época de los Reyes Católicos se realizó la primera gran obra de restauración del Acueducto, a cargo del prior del monasterio cercano de los Jerónimos del Parral, reedificándose treinta y seis de los arcos y respetando la estética y funcionalidad de la obra original. En el siglo XVI se colocaron en los nichos las imágenes de la Virgen del Carmen y San Sebastián.

La contaminación ambiental, la erosión natural del granito, el tráfico rodado -que hasta 1992 todavía podía circular bajo las arcadas- y la realización de conciertos y otras actividades musicales -origen de contaminación acústica y vibraciones transmitidas al terreno y a las construcciones circundantes- han contribuido a un deterioro evidente que ha comprometido seriamente el estado de conservación e incluso la estabilidad de la obra en algunos tramos, llevándose a cabo en los últimos años un proceso de restauración con el fin de darle continuidad en el tiempo a esta obra bimilenaria. 

Podría decirse que el Acueducto ha sido -y es- la columna vertebral de la ciudad, el eje de referencia a partir del cual se ha desarrollado urbanísticamente, siendo Segovia y su Acueducto un todo indisoluble e impulsando su desarrollo hacia el sur de la ciudad, siguiendo el trazado de la obra romana.

Como es habitual con este tipo de monumentos, su majestuosidad y estética imponentes, unido al hecho de que “siempre han estado ahí”, son el caldo de cultivo perfecto para crear un halo de misterio y leyenda a su alrededor e inspirar el folclore popular. Así, la tradición dice que había una niña que todos los días tenía que subir hasta la montaña para recoger agua y bajar de nuevo con el cántaro lleno. Harta de aquella tediosa y dura labor, pidió al demonio que hiciera algo para que ella no tuviese que subir y bajar de la montaña a diario con su pesada carga de agua. El demonio le concedió el deseo, a cambio de que si terminaba el Acueducto antes de que el gallo cantara, tendría que pagarle con su alma. La niña aceptó y el demonio comenzó a construirlo. Pero justo cuando le quedaba una sola piedra para terminar la tarea, el gallo cantó, con lo cual la niña, finalmente, no perdió su alma. El lugar donde hoy puede verse la imagen de la Virgen del Carmen es el hueco que dejó la última piedra que el demonio no pudo colocar.

Hay un fantástico artículo de National Geographic del año 2016 referido al Acueducto, en el que además de una rápida descripción de la estructura figura una colección de magníficas fotografías tomadas desde diferentes ángulos. Por cierto, en el artículo se menciona algo que quizá sorprendería a muchos… Aquí el artículo:

El Acueducto de Segovia es más… 

Alcázar de Segovia

Este elegante, majestuoso e imponente edificio ubicado en la Ciudad Vieja es, junto con el Acueducto, uno de los monumentos más destacados de la ciudad y uno de los más visitados y fotografiados de España. 

El Alcázar ha sido fortificación romana, fortaleza militar, residencia real, edificio institucional donde se custodiaba el tesoro, el archivo y la armería real, prisión de estado y además, Real Colegio de Artillería y Archivo General Militar. Su nombre es de origen árabe, siendo conocido durante la dominación musulmana de España como «Al Qasar», que significa «fortaleza», nombre acortado de «Al-Quasaba». Con su característica forma de proa de barco, es una de las fortalezas más singulares de Europa y constituye un claro ejemplo del poder y el esplendor de la Corte castellana durante la Edad Media.

Tiene una planta de geometría irregular, ya que se adapta al terreno sobre el que fue construido. En el exterior del edificio se pueden observar un foso, un puente levadizo y una torre del homenaje, elementos clásicos de las fortalezas militares medievales, además de un magnífico patio diseñado por el arquitecto, matemático, geómetra y militar español Juan de Herrera. En el interior existen una capilla y varias salas magníficamente decoradas por pintores y artistas mudéjares.

Aquí dejo el enlace a la página web del Alcázar de Segovia, la cual contiene información muy útil y de interés acerca de horarios de visita, noticias de actualidad, una galería de fotos y un breve repaso histórico de su bimilenaria existencia:

Alcázar de Segovia

Mirador de la Pradera de San Marcos

Este tranquilo parque es un área verde ubicada a los pies del Alcázar, desde el cual puede disfrutarse de una de las mejores y más impresionantes vistas del castillo, apreciándose de forma clara su característica forma de proa de barco. Es un sitio perfecto para colocar una manta sobre el césped y disfrutar de la paz y la tranquilidad a la sombra de los árboles, en contraste con el bullicioso ambiente urbano que ofrece una ciudad moderna como Segovia.

Catedral de Segovia 

La Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Asunción y de San Frutos de Segovia, popularmente conocida como la Dama de las Catedrales (🔗) por su grandiosidad y elegancia, fue construida entre 1525 y 1577, en parte con la colaboración altruista de los segovianos, sustituyendo así a la Catedral Vieja de Santa María -entonces situada en lo que hoy son los jardines del Alcázar- y destruida durante la Guerra de las Comunidades en 1520. Es una de las catedrales góticas más tardías de Europa, ya que se construyó en una época en la que la arquitectura renacentista era la predominante.

La Catedral de Segovia desde los campos. Imagen tomada de catedralsegovia.es

Su claustro fue trasladado piedra a piedra desde la antigua Catedral de Santa María y es la única parte del antiguo templo que ha llegado a nuestros días.

Junto a la armonía de dimensiones que define su interior y entre otros muchos encantos y maravillas arquitectónicas que posee, destacan sus imponentes vitrales, siendo de los más importantes del patrimonio vidriero español y en cuya composición intervinieron los mejores maestros vidrieros de la época tanto de España como de Europa.

Una de las vidrieras de la Catedral. Imagen tomada de commons.wikimedia.org

Plaza Mayor de Segovia

Esta magnífica plaza de planta casi rectangular, está ubicada en el casco antiguo y en ella se encuentran algunos de los monumentos más emblemáticos e importantes de la ciudad, como el ábside de la Catedral, el Teatro Juan Bravo o el Ayuntamiento.

Conocida históricamente como Plaza de San Miguel -nombre tomado de la antigua iglesia de San Miguel, que siglos atrás ocupó parte de la actual plaza-, durante la Edad Media fue el lugar de celebración del mercado de la ciudad y fue entonces cuando adquirió el nombre de Plaza Mayor. Fue en este mismo lugar donde Isabel la Católica fue proclamada Reina de Castilla el 13 de diciembre de 1474. Posteriormente, en 1532, la iglesia fue demolida -y reconstruida apenas unos metros más atrás- para poder así agrandar la plaza hasta las dimensiones actuales.

Durante el periodo conocido como la Restauración Borbónica (1874 – 1931), fue rebautizada con el nombre de Plaza de la Constitución, aunque popularmente siempre mantuvo el nombre de plaza mayor. Después de la Guerra Civil Española, pasó a llamarse Plaza de Franco, y tras el final de la dictadura, cambió nuevamente su nombre al de Plaza Mayor. 

Iglesia de la Vera Cruz

Este templo católico (🔗), anteriormente conocido como la Iglesia del Santo Sepulcro, está ubicado en el barrio de San Marcos, al norte de la ciudad, y su construcción ha sido tradicionalmente atribuida a la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón, comúnmente conocidos como los Caballeros Templarios, aunque actualmente se cree que fue construida por la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén.

Erigida en el año 1208 en estilo románico, posee una nave de planta dodecagonal, que circunda un pequeño templete de dos alturas, a la que están anejos tres ábsides, una sacristía semicircular y una torre de planta cuadrada, conocida como el Mirador de la Vera Cruz y desde el cual se puede disfrutar de una fantástica panorámica del Alcázar.

Su arquitectura se basa en los templos romanos de los primeros tiempos del cristianismo, y fue muy utilizada por las diferentes Órdenes Religioso-Militares creadas en el contexto histórico de las Cruzadas. Para su construcción, se cree que pudo tomarse como ejemplo la Mezquita de la Roca y la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, ya que tanto los Caballeros Templarios -que tuvieron su sede en la primera- como la Orden del Santo Sepulcro -con sede en la segunda- construyeron muchas de sus iglesias siguiendo la estética de sus sedes en Tierra Santa.

En 1531, tras la unificación de la Orden del Santo Sepulcro con la Orden de los Hermanos Hospitalarios -también conocida como la Orden de San Juan o la Orden de Malta-, el templo pasó a depender de esta última. Con la desamortización de Mendizábal (1836 – 1837), las propiedades de la Orden de Malta se subastaron, lo que para la Iglesia de la Vera Cruz significó abandono y deterioro, llegando a ser utilizada como un pajar. En 1919, el rey Alfonso XIII la declaró Monumento Nacional, y más tarde, ya con el general Francisco Franco rigiendo los destinos de España, fue devuelta a la Orden de Malta, institución que sigue siendo su propietaria en la actualidad.

Edad Media, templos religiosos, Caballeros Templarios, el Santo Sepulcro, las Cruzadas… un cóctel místico como pocos envuelto en un halo de misterio que no podía escapar al imaginario y la superstición popular, y por supuesto, a las leyendas, como la que cuenta que durante la vela de un caballero de la orden caído en un ataque por parte de los infieles, fue atacado por grajos y cornejas, dañando el cuerpo hasta dejarlo como la carroña. El prior del templo lanzó una maldición a estas aves, por lo que desde entonces no se han vuelto a ver otros pájaros que las golondrinas por los alrededores de la iglesia. Otra leyenda cuenta que, debido a su pasado templario, se acumulan enormes riquezas amasadas por sus caballeros y que están enterradas bajo el edificio, imposibles de recuperar dado que la fuerte presencia de los espíritus de aquellos caballeros impiden profanar su legado.

Lo que está claro es que es un lugar místico cargado de historia, una historia turbulenta de guerras entres diferentes creencias religiosas, frecuentado siglos atrás por monjes guerreros custodios de los más importantes templos religiosos de la época. Un lugar alejado de los puntos de afluencia turística como son el Acueducto y el Alcázar pero que sin lugar a duda, es visita obligada en la ciudad de Segovia.

Barrio de la Judería

Este barrio medieval ubicado al sur de la ciudad, estuvo habitado por la comunidad hebrea al menos desde finales del siglo XII -aunque es muy probable que ya existiese una comunidad desde la segunda mitad del siglo XI- hasta la expulsión de los judíos de España en 1492. Como casi todas las juderías, llegó a ser una de las comunidades más ricas y pobladas del Reino, con varios personajes destacados entre los que se encuentra Abraham Seneor, rabino, banquero, político y último Rabino mayor de Castilla, alto cargo de la hacienda castellana. 

Siempre castigada y perseguida, la comunidad judía de Segovia no tuvo una convivencia tranquila ni pacífica. Tras las revueltas anti-judías que tuvieron lugar en las principales juderías de las ciudades de casi todos los reinos cristianos de la península ibérica, parte de la comunidad de la ciudad de Burgos se estableció en Segovia, alrededor de la Sinagoga de Burgos -de ahí su nombre-. En el año 1410, se acusó a la comunidad de profanar la sagrada forma en el interior de la Sinagoga Mayor -acerca del modus operandi hay diferentes versiones, dependiendo de quién lo narre-, por lo que la sinagoga, su principal templo para el culto y los estudios teológicos, fue incautado y entregado a la Iglesia Católica. En 1412, la reina Catalina de Lancáster, mujer de Enrique III de Castilla, llamado el Doliente, emitió una ley ordenando a los judíos de la ciudad reubicarse y asentarse en la zona tras el Convento de la Merced -que existió desde 1367 hasta 1835, cuando la desamortización eclesiástica de la primera mitad del siglo XIX provocó el abandono y la ruina de muchos monumentos históricos religiosos-. En 1481, los Reyes Católicos decretaron la reclusión de la comunidad en la judería, obligándolos de este modo a vivir en un barrio segregado, construyéndose además ocho puertas con arco de ladrillo para la entrada al recinto y permitir así su abastecimiento.

Desafortunadamente, nosotros no tuvimos tiempo de visitar el Barrio de la Judería de Segovia como se merece, con calma y disfrutando de todos los monumentos, casas, corrales y calles por entre las que siglos atrás una floreciente y poderosa comunidad hizo su vida. Una comunidad cuyo legado aún permanece en nuestra sociedad actual, en forma de rico patrimonio cultural heredado de aquellos judíos que se vieron forzados a abandonar su querida Sefarad, como ellos mismos llamaban a la península ibérica durante la Edad Media y término que aún hoy en día se usa en la lengua hebrea moderna, para referirse a la actual España. 

Segovia está incluida en la Red de Juderías de España – Caminos de Sefarad (🔗), una Asociación constituida por municipios en los que de algún modo u otro estas sociedades con estilos de vida, creencias y rituales propios dejaron, durante la Edad Media, su eterno legado.

Murallas de Segovia

El trazado de estos enormes e imponentes muros (🔗), que siglos atrás constituyeron el recinto amurallado de la ciudad, tienen su origen en el siglo II d.C., durante la época romana. Tras la reconquista cristiana de Segovia en el año 1088 por parte de Alfonso VI de León, llamado el Bravo, se llevó a cabo el refuerzo de las defensas de la ciudad, levantándose unas murallas fortificadas cuya geometría se asemeja mucho a lo que se conserva en la actualidad.

El final de la Edad Media trajo consigo la pérdida del valor defensivo de la construcción, dando paso a la edificación de edificios -mayormente viviendas- adosados a ella, aprovechando los muros como un cerramiento más. Más adelante, ya en el siglo XVII, la muralla perdería su valor territorial -ya que hasta entonces separaba al clero y la nobleza que vivían intramuros, del pueblo llano que lo hacía extramuros- y todo valor simbólico. En el siglo XIX llegó a considerarse un obstáculo para el desarrollo urbanístico y se demolieron algunos de los tramos. Pero afortunadamente, durante el siglo XX la suerte cambió para  los restos de las murallas que aún se conservaban y las autoridades comprendieron su valor patrimonial y la necesidad de conservarlo, iniciándose así un proceso de restauración y conservación que está activo aún en nuestros días. En 1941, la parte intramuros de la ciudad, junto con las murallas, fue declarada Conjunto Histórico Artístico, y en 1985 la UNESCO declara el casco antiguo de Segovia, su muralla y el Acueducto, Patrimonio de la Humanidad.

El perímetro amurallado se adapta a la topografía de la roca sobre la que se asienta la ciudad vieja, con una longitud aproximada de 3,4 kilómetros, una altura media de 9 metros y un ancho aproximado de 2,50 metros. Está construida con toda clase de materiales y se estima que algunas de las partes se conservan desde los inicios de la Edad Media.

Las murallas aún conservan varias de las puertas, que eran los puntos más débiles pero a la vez los más importantes, con funciones de control del tránsito de personas y mercancías -similar a lo que hoy conocemos como una aduana- con carácter fiscal, policial y jurídico. Aún pueden visitarse las Puertas de San Andrés, de Santiago y de San Cebrián, habiendo desaparecido las de San Juan y San Martín.

Segovia no es solamente el majestuoso Acueducto, su imponente Alcázar y el sabroso cochinillo. Tiene muchísimo más que ofrecer, tanto, que en un par de días es imposible visitar todas las atracciones turísticas -y no turísticas- que podemos encontrar en la ciudad. Monumental y llena de historia, es además muy “recogida”, en el sentido de que es bastante asequible el recorrerla a pie, que es como mejor se disfruta de un lugar, pudiendo hacer paradas para observar, comentar, tomar fotografías, anotaciones… Definitivamente es una ciudad que cautiva, a la que se desea volver bien para visitar todo aquello que quedó pendiente en las anteriores visitas o bien por el gusto de volver a pisar tan magnífica tierra, poseedora además de una gastronomía sublime cuya fama traspasa fronteras. Segovia es, sin lugar a dudas, una de las grandes joyas de nuestro riquísimo patrimonio nacional.