Ronda – El Burgo por el Valle de Lifa

Ruta Ronda – El Burgo siguiendo el itinerario de la Etapa 23 de la Gran Senda de Málaga – GR 249

Distancia aproximada: 24 km. Duración: 5 horas. Recorrido: Lineal. Nivel técnico: fácil durante todo el trayecto, con algunos tramos de la vereda tras pasar las ruinas de la Torre de Lifa que han de ser acometidos con precaución, por ser terreno irregular en pendiente y haber piedras y tierra suelta, aunque no requieren de una técnica ni esfuerzo especiales.

Captura de Google Earth

La Gran Senda de Málaga es una ruta circular que recorre la práctica totalidad de la provincia a lo largo de sus 739 km, repartidos en 35 etapas. Esta Gran Senda está integrada en un entramado mucho mayor, el Sendero de Gran Recorrido o sendero GR, que es la denominación que recibe una red europea de caminos presente en Francia, España, Bélgica y Países Bajos, entre otros. Estos senderos están concebidos para caminatas de más de dos jornadas y por lo general tienen una longitud mayor de 50 km.

Imagen tomada de la página web de la Gran Senda de Málaga

Los Senderos de Gran Recorrido tienen su propia señalización, la cual consiste en una raya horizontal blanca sobre otra roja y puede encontrarse en troncos de árboles, piedras o soportes colocados específicamente para tal fin. Estas dos líneas -blanca y roja- varían su forma y geometría según indiquen continuidad, cambio de dirección o dirección equivocada.

Imagen tomada de la página web de la Gran Senda de Málaga

En esta review explico la ruta que hice entre Ronda y El Burgo, siguiendo el itinerario de la Etapa 23 de la Gran Senda de Málaga – GR 249. Yo la hice en “sentido opuesto”, y es que, aunque mi punto de inicio fue la ciudad de Ronda, la etapa está pensada para comenzar en el municipio de El Burgo y finalizar en Ronda. 

Así, a las 09.45 de la mañana cogí el autobús en El Burgo y apenas 45 minutos después estaba en la entrada de Ronda apeado del autobús, reajustando el equipo y preparando los últimos detalles para la caminata que tenía por delante. Con un sol espléndido y sin rastro de nubes como suele ser habitual en el mes de septiembre en Andalucía, pronto dejé a mi derecha el Recinto Ferial de Ronda, para internarme por el camino que sale de la ciudad hacia las extensas llanuras de campos de cultivos salpicadas de casas de campo, antiguos cortijos, hoteles rurales y alguna que otra nave con materiales y aperos de labranza. A los 2,5 km aproximadamente de comenzar la ruta ya podía divisar, a mi derecha, el Lagar del Peinado, edificio que debió vivir su auge de actividad agropecuaria en los siglos XVIII y XIX pero que hoy día es tan sólo un conjunto de ruinas mal conservadas.

Seguí avanzando por el Camino de los Pescadores o Camino de Ronda
a Marbella, recorrido antiguamente por recuas conducidas por arrieros que transportaban pescado y otros productos procedentes de los puertos costeros y cuyo destino eran los pueblos del interior, hasta la Venta de Ramirón, una construcción de principios del siglo pasado ubicada en los Llanos de Aguaya, que ha sido rehabilitada para su uso en el turismo rural entre grandes extensiones llanas dedicadas al cultivo de secano y que poco han debido de cambiar desde el siglo XIX hasta nuestros días. 

Continué caminando aproximadamente 1,5 km hasta llegar al final de estos llanos, donde el paisaje cambia significativamente: la topografía se hace más pendiente y se requiere de un mayor esfuerzo físico para avanzar, y los terrenos de cultivo dan paso a bosques de encinas, cornicabras y matorral alto. 

Avanzando por estos maravillosos paisajes de belleza tan serrana, tan suya, y después de casi 9 km de marcha, llegué al Puerto de Lifa, punto ubicado aproximadamente en la mitad de la ruta y el de mayor altitud -1.169 msnm- y desde el cual pude disfrutar de unas excelentes vistas de las sierras y campos circundantes. 

A partir de este punto comencé a avanzar en descenso hacia el Cortijo de Lifa, haciendo una parada bajo la sombra de una gran encina junto al camino para refrescarme, comer algo y reajustar el equipo. 

Terminado el breve descanso y habiendo reanudado la marcha, después de apenas 2 km de sinuoso carril alrededor del cual el campo agreste da paso nuevamente a campos de cultivo bien cuidados y labrados, salpicado de piaras de cabras que descansan resguardándose del sol en cualquier sombra que les ofrece el más mínimo cobijo, llegué al conjunto de edificaciones que conforman el cortijo, algo similar a una pedanía en medio de ninguna parte.

Pasándolo y dejándolo a mi derecha, continué para internarme en el Valle de Lifa, no sin antes hacer una parada para observar y admirar los famosos restos de una torre ubicados en lo alto de un pequeño cerro de altitud 1.006 msnm, al borde del mismo en la cabeza de un tajo que está orientado hacia el Valle de Lifa. Parece ser que tuvo planta circular y se cree que pudo tener la cubierta abovedada. Los restos de muros que permanecen en pie son de fábrica de mampostería. La torre, de época nazarí y con una función puramente militar y estratégica, fue construida como consecuencia de la modificación de la frontera tras la conquista de esta zona por Pedro I en 1362. 

Una vez pasados los restos de este antiguo fuerte militar, continué por la vereda que cruza el Valle de Lifa hasta el Río Turón, la cual aprovecha en parte el trazado de una línea eléctrica existente discurriendo bajo ella o paralelamente a la misma. 

Espectaculares bosques mediterráneos de cornicabras, encinas y pinos salpicados con matorral alto, donde el protagonista absoluto es el silencio, solamente roto por el suave sonido del viento acariciando las copas de los árboles o por las breves y delicadas notas del canto de los pájaros. Una experiencia sublime en uno de los parajes más espectaculares y mágicos que pueden se contemplados y disfrutados.

Bordeando Buena Vista y dejándolo a mi derecha, llegué al cauce del Río Turón, que pude cruzar sin ningún problema dado que en la fecha en la que hice esta ruta -mediados de Septiembre- el río estaba totalmente seco, con lo que sólo tuve que atravesar su lecho, aunque con mucha precaución por tratarse de un terreno muy irregular y salpicado de cantos rodados que hacían el avance lento y algo difícil. 

Tras una pequeña subida llegué al Carril del Dique. Pasando el Cortijo de la Hierbabuena y tras continuar por el carril principal unos 4 km, abandoné el mismo para seguir por vereda hasta el pueblo, cruzando varios azudes -el Nacimiento, el Dique- y avanzando paralelamente al Río Turón en muchos de sus tramos. Y  tras casi cinco horas de caminata, rodeado de naturaleza y parajes maravillosos que bien podrían servir de inspiración para escritores, pintores o cineastas, llegué al pueblo de El Burgo, poniendo fin así a esta jornada tan digna de ser recordada por siempre.

Por último, me gustaría hacer mención de algunas herramientas, en mi opinión, muy útiles para la planificación de esta ruta. Estas son el Visor Iberpix del Instituto Geográfico Nacional para obtener la topografía detallada, y Google Maps y Google Earth, siempre útiles para obtener una perspectiva -aproximada- en 3D del terreno y poder hacer mediciones de distancias y tener así unos órdenes de magnitud previos.