La Víbora – Ruta 2

Ruta por el paraje de La Víbora haciendo parada en la Fuente y el Cortijo de la Víbora Alta y en el Cortijo de la Víbora Baja

Captura de Google Earth

Distancia aproximada: 11 km. Duración: 3 horas. Recorrido: Lineal. Nivel técnico: fácil durante todo el trayecto, excepto en el tramo comprendido entre el Cortijo de la Víbora Baja y la cota 976, siendo un terreno muy pedregoso con matorral y vegetación alta donde el avance se hace lento. Es necesario hacer uso del scrambling para subir al mirador natural de cota 976 msnm.

Esta Ruta#2 por el paraje de La Víbora (pincha aquí para leer la review de la Ruta#1) transcurre en su mayoría por carril, excepto en un tramo de aproximadamente 1,5 kilómetros que lo hace por un terreno bastante agreste y pedregoso. Es, por tanto, una ruta tranquila que no requiere un gran esfuerzo físico y en la cual podemos disfrutar tranquilamente del paisaje mientras caminamos, sin tener que prestar demasiada atención a dónde estamos pisando -excepto, repito, en un tramo de 1,5 km que detallaré más adelante-.

La ruta comenzó en la intersección de la carretera MA-5400 -que une los municipios de El Burgo y Serrato- con el Carril de las Víboras -coordenadas 36°50’28.8″N 4°57’46.7″W-, un lugar idóneo para dejar estacionado el coche y fijarlo como punto de inicio y final del recorrido. Caminé por la pista forestal una distancia aproximada de 3 kilómetros hasta llegar al Cortijo de la Víbora Alta, una edificación de la que solo quedan ruinas situada a los pies del carril mismo. En este mismo punto, me desvié hacia mi derecha -en el sentido de la marcha- y continué por la pista una distancia aproximada de 1 kilómetro hasta llegar a la Fuente de la Víbora Alta. 

Es ciertamente un elemento muy curioso, una joya oculta podría llamarse, que más que una fuente propiamente dicha es un abrevadero para el ganado que consta de 15 piletas -si no las conté mal- de diferentes tamaños y geometrías labradas en piedra. Junto a la fuente, en un recinto cerrado por una alambrada y al que está prohibido el paso, se puede observar una balsa de agua contraincendios y una pista de aterrizaje para helicópteros. Para una lectura más detallada acerca de esta fuente, se puede visitar  la página www.conocetusfuentes.com, sitio muy interesante con el patrocinio y colaboración de importantes instituciones a nivel nacional e internacional.

Después de esta visita y de disfrutar de los paisajes y la maravillosa paz y tranquilidad que sólo un sitio como este puede transmitir, emprendí de nuevo la marcha volviendo sobre mis pasos hasta el Cortijo de la Víbora Alta. 

Paseando por sus alrededores y observándolo con detenimiento, nuestra imaginación, inevitablemente, retrocede en el tiempo varias décadas para intentar vislumbrar cómo habría sido ese lugar tan solitario ahora, pero  un hervidero de actividad antaño, hogar de una o varias familias que no conocieron otra cosa que una vida de sacrificios, esfuerzos y privaciones en épocas demasiado duras para ser siquiera comprendidas por las sensibilidades del siglo XXI, en el que por el contrario, no concebimos una vida plena de comodidades y bienestar. 

Continuando por el carril en dirección al puto de inicio de la ruta, caminé aproximadamente 2 kilómetros hasta llegar a un cruce, en el cual me desvié hacia mi derecha para adentrarme -también por carril- entre bosques de pinos, disfrutando de la brisa fresca, del canto de los pájaros y del sonido del viento mientras deambulaba entre las ramas de los árboles. Tras una corta caminada, de aproximadamente 1 kilómetro, llegué al Cortijo de la Víbora Baja. Al igual que del anterior, sólo quedan la ruinas de lo que en su día tuvo que ser el centro de una animada actividad agrícola y ganadera en tan privilegiado paraje.  

Es una lástima ver como estas construcciones, tan típicas de la Andalucía rural y que de tantas situaciones y hechos históricos han tenido que ser testigos a lo largo de las décadas, son ahora simples ruinas manteniéndose en pie con muchas dificultades. Y es que cuando el Gobierno, durante la década de los 60, compró muchos de los cortijos esparcidos por toda Andalucía con la intención de repoblar miles de hectáreas con bosques de pinos para crear un pulmón verde, estas construcciones cayeron en el olvido, y cuando volvieron a ser recordadas fue simplemente para extraerles las tejas de sus cubiertas -con el fin de reutilizarlas en nuevos edificios, principalmente en el incipiente auge inmobiliario de la Costa del Sol-. Y este hecho fue su tiro de gracia, porque como es sabido, si a una construcción se le priva del elemento de unión que es la cubierta -el tejado-, los muros quedan sin otra sujeción que sus cimientos, siendo mucho más vulnerables al deterioro y a los derrumbes. Si se hubiese gestionado aquel patrimonio de forma diferente, con la sensibilidad de nuestros días, otra suerte muy distinta hubiesen corrido esos centenares de cortijos que en vez de ser sólo ruinas, probablemente hoy serían refugios, albergues, casas rurales, museos… 

Y es aquí donde dio comienzo el único tramo con alguna dificultad técnica. Durante poco más de 700 metros hacia el sur me encontré, como ya indiqué antes, con un terreno muy pedregoso con matorral y vegetación alta donde el avance se hizo lento -principalmente para evitar destrozarme las piernas y articulaciones por dar un paso en falso o meter el pie en un agujero o hueco entre piedras-. Superado este pequeño trecho, llegué a una pequeña elevación rocosa, de cota 976 msnm y que por sí misma es un mirador natural desde donde se pueden disfrutar, después de trepar hasta su parte más alta haciendo scrambling, de unas fantásticas vistas de los bosques de pinos circundantes, de las sierras que encierran la Hoya de El Burgo y del mismo municipio. 

Llegado hasta aquí, tan sólo me quedaba volver sobre mis pasos hacia el punto de inicio de la ruta, disfrutando de un agradable paseo ya al atardecer, no haciendo esta hora del día más que engrandecer la sensación de paz y de tranquilidad que ya de por sí transmite este maravilloso lugar, refugio perfecto para desconectar, aunque sólo sera durante unas horas, de las preocupaciones mundanas, del estrés y el ruido de las grandes urbes e incluso para pensar y reencontrarse con uno mismo.  

Por último, me gustaría hacer mención de algunas herramientas, en mi opinión, muy útiles para la planificación de esta ruta. Estas son el Visor Iberpix del Instituto Geográfico Nacional para obtener la topografía detallada, y Google Maps y Google Earth, siempre útiles para obtener una perspectiva -aproximada- en 3D del terreno y poder hacer mediciones de distancias y tener así unos órdenes de magnitud previos.