LA TOSCANA

Viaje de ocho días a la región de Toscana, en Italia

¿Quién no ha oído hablar de La Toscana alguna vez? Ya sea por alguien de nuestro entorno, por TV, cine, revistas… el caso es que todos -o la mayoría de nosotros- sabemos que es una región de Italia que tiene un poco una mezcla de todo: grandes ciudades como Florencia, su capital, extensiones de terrenos cultivados con viñedos, de los cuales se obtienen sus mundialmente afamados vinos, zonas montañosas, zonas costeras… en fin, escenarios para todos los gustos. 

Italia es la cuna del Renacimiento, ese movimiento filosófico, humanístico y científico que sacó a Europa de los siglos oscuros de la Edad Media. Y dentro de Italia, Toscana fue el epicentro de ese movimiento. Su capital Florencia fue hogar de algunos de los genios artistas más grandes que ha dado la Humanidad -Leornado da Vinci, Miguel Ángel, Botticelli- y de hombres de Estado que sentaron las bases de lo que varios siglos más tardes sería la Teoría Política moderna -hablamos del genial Maquiavelo-. Pisa, famosa por su torre inclinada que nunca llega a caer -gracias en gran medida a los esfuerzos y el trabajo de los ingenieros modernos- fue el lugar de nacimiento del gran físico y matemático Galileo Galilei, donde también residió durante una etapa de su vida y en cuya torre dicen que hizo sus famosos experimentos relacionados con la gravedad de los cuerpos sólidos.

Podríamos continuar hablando sobre la historia de La Toscana y sus ciudades durante horas, días o incluso años, pudiendo dar de sí para escribir varios volúmenes. Pero ese tema lo dejo para Historiadores y webs especializadas en la materia y yo me centro en hablar del viaje, cuya review voy a dividir en jornadas y voy a describir lo más llamativo e interesante de los lugares en los que hemos estado. Por supuesto no ha sido posible visitar todo lo que cada uno de los sitios en los que hemos hecho parada puede ofrecer, por eso aquí sólo hablaré de lo que nosotros hemos visitado, adjuntando fotografías -la gran mayoría tomadas por mí mismo, pero otras tomadas de páginas web oficiales de turismo o incluso de Google Maps, en cuyo caso, figura la referencia del sitio origen de la foto si no es mía propia- y explicando el itinerario seguido tanto de toda la ruta como en cada ciudad en particular. 

Todo comenzó cuando viendo una serie de TV -americana- uno de los protagonistas nombró La Toscana como destino para su viaje de bodas. Cierto es que yo tenía en mente un viaje a Italia desde hacía tiempo, aunque cierto es también que nunca había pensado en esta región en concreto. Pues bien, empezamos nosotros también con “la broma” de visitar La Toscana y unos cuantos días más tarde, la broma pasó a ser una realidad. Ya teníamos una fecha de vacaciones cogida desde hacía tiempo, por lo cual lo que tuvimos que hacer es empezar a organizar el itinerario, reservar hoteles, tours… 

La primera cuestión a solucionar era el medio de transporte. ¿En avión? No había vuelos directos que nos interesaran. Todos eran con escala -de varias horas- y empezaba a salirse de precio. Por otro lado, para movernos por La Toscana por nosotros mismos de manera independiente y poder así visitar el mayor número de lugares posible, necesitaríamos un coche y viajar por carretera de unos lugares a otros. Por lo tanto, para solucionar esta primera cuestión decidimos hacer el viaje en nuestro coche propio y dividir el viaje de ida en dos jornadas. La primera hasta Montpellier en Francia, donde haríamos noche, para continuar al día siguiente hasta llegar a nuestra primera ciudad de destino, Lucca.

DÍA 1

El viaje fue tranquilo, sin sobresaltos ni contratiempos. Hicimos varias paradas para comer y descansar, repostar combustible y pagar las tasas en las autopistas de peaje. El paso de la frontera entre España y Francia fue rapidísimo. Tan sólo un agente francés nos paró para preguntarnos hacia adónde íbamos, dejándonos pasar al instante tras oír que nos dirigíamos a Montpellier. No sé en autovías y vías rápidas convencionales, pero en autopistas de peaje el límite de velocidad es de 130 km/h, ligeramente más alto que el establecido en España. Además, estas vías tienen siempre un mínimo de tres carriles. Aunque eso sí, el peaje se paga a precio de oro, al igual que el combustible.

DÍA 1: Viaje en coche entre El Burgo (Málaga) – Montpellier (Francia). Captura de Google Maps

DÍA 2

El viaje durante el segundo día fue lento y tedioso. Accidentes de tráfico, atascos y colas kilométricas -en autopistas de peaje (¡!)- especialmente en la frontera entre Francia e Italia y a la altura de Génova, donde la densidad de tráfico pesado -camiones tráiler principalmente- era bestial debido a que esta ciudad es uno de los puertos más importantes del Mediterráneo, con todo lo que eso conlleva de cara al tráfico de contenedores y por tanto al tráfico por carretera en sus alrededores. Además, en el espacio comprendido entre poco antes y poco después de pasar la frontera entre Francia e Italia, nos sorprendió un aguacero que nos hizo ralentizar la velocidad de marcha a apenas unos 30 o 40 km/h. Parecía que no íbamos a llegar nunca a nuestro hotel de Lucca. Además, las carreteras italianas -aún siendo autopistas de peaje- son de una calidad muy inferior a las carreteras españolas y francesas, pudiendo llegar a encontrarse curvas en este tipo de vías, con lo que parecen más autovías o vías rápidas convencionales que autopistas de peaje. Y si a esto añadimos que los italianos -por supuesto habrá de todo, pero por lo general- conducen de forma bastante agresiva, el viaje por carretera después de haber pasado la frontera no fue una experiencia agradable.

DÍA 2: Parte de la jornada la empleamos en el viaje en coche entre Montpellier (Francia) y Lucca (Italia), nuestra primera ciudad de destino en La Toscana. Captura de Google Maps

Pero como nada es para siempre y estando de viaje hay que llevar una buena reserva de paciencia, haciendo uso de ésta finalmente llegamos -a media tarde- a nuestro destino. 

A partir de aquí, el itinerario a seguir por La Toscana durante los próximos cinco días sería el siguiente:

Captura de Google Maps

Tras soltar nuestro equipaje, ducharnos y comer algo, nos fuimos a dar una vuelta por las calles de la ciudad. Y teníamos ganas de empezar nuestro tour dada la fama que tiene como uno de los lugares más interesantes para visitar dentro de La Toscana.

Lucca (🔗) es famosa, entre otras cosas, por mantener aún intactas sus murallas medievales, las cuales albergan un centro histórico que conserva su esplendor original desde la Edad Media, aunque la función de éstas nunca fue defender la ciudad de los ataques enemigos. Dado que las murallas perdieron su importancia militar, se convirtieron en paseos peatonales rodeando la antigua ciudad, y como dato curioso y anecdótico, añadir que fueron usados durante unos cuantos años del siglo XX para carreras de coches. Hoy en día siguen aun totalmente intactas.

Ubicada al norte de la ciudad de Pisa, Lucca es una ciudad cuyo casco antiguo ofrece al visitante la posibilidad de “volver” a la época medieval y renacentista paseando entre sus iglesias, torres y palacios.
Hogar del genio Dante Alighieri durante una parte de su exilio, el escritor incluyó en la Divina Comedia muchas referencias a las grandes familias feudales lucchesi.

Lucca es conocida como “la ciudad de las 100 torres y las 100 iglesias”, y no porque este sea el número exacto de monumentos que existen en la ciudad, es más bien un “apelativo” que da idea de la grandiosidad monumental de su casco histórico, albergando numerosas torres, campanarios, iglesias y palacios renacentistas.

Comenzamos dando un paseo por su casco antiguo, pasando por la Vía Fillungo (🔗), donde ya puestos, nos metimos en una pizzería a disfrutar de las famosas “pizzas personalizadas” que el chef nos ofreció.

Después seguimos callejeando, pasamos por una heladería –gelatería– y nos dirijimos, con nuestro helado, hacia la Piazza del Giglio, sentándonos en los escalones a los pies de la estatua para disfrutar de las -por fin- buenas temperaturas del anochecer. Un rato más tarde nos dirigíamos a la que sería nuestra última visita del día, las famosas murallas medievales de Lucca, para observarlas con su iluminación nocturna.

DÍA 3

Tras levantarnos, asearnos y tomar el desayuno en el hotel, nos encaminamos de nuevo al casco antiguo de la ciudad. Nuestra primera parada es la Porta San Pietro, una de las seis portas que se abren en la muralla para dar acceso al recinto interior.

Fotografía tomada de lemuradilucca.it

A continuación nos dirigimos a la Catedral de San Martín (🔗), ubicada en la Piazza Antelminelli, edificio de estilo gótico de época medieval con campanario de planta cuadrada e impresionantes fachadas.  

Tras un paseo por los alrededores de esta magnífica catedral y observar su torre y sus imponentes fachadas -pero sin llegar a entrar al interior del templo- nos dirigimos hacia la Torre Guinigi (🔗). Lo interesante de este monumento es subir a su terraza, donde hay árboles sembrados, y poder disfrutar de una panorámica de la ciudad y sus montañas al fondo. Nosotros, esta vez, nos conformamos con pasear y observarla desde su base y callejear por las callejuelas de sus alrededores. He de decir que aún desde abajo es un imponente monumento medieval de ladrillo rojo que merece la pena visitar.

Fotografía tomada de lucca.com

A escasos minutos andando vamos a parar a la Piazza Anfiteatro (🔗), una curiosa plaza que fue reconstruida sobre las ruinas de un antiguo anfiteatro romano, que en sus días de esplendor albergó combates a muerte entre gladiadores y otro tipo de formas extremas de entretenimiento. 

Ahora, dos mil años después, la plaza está adornada con cafés y tiendas y podemos pasear tranquilamente, explorar y admirar las casas y edificios dispuestos en forma oval, con sus pintorescas fachadas de color amarillo. 

Tras estar un buen rato observando la plaza y disfrutando de su ambiente bullicioso, nos dirigimos hacia la Basílica di San Frediano (🔗), una de las iglesias más antiguas de Lucca. Construida en el siglo XII y de estilo románico, posee un campanario de planta cuadrada y una fachada principal con un hermosísimo mosaico que representa la ascensión de Cristo.

Continuando nuestro recorrido por la ciudad, nuestra siguiente parada es la Iglesia de San Miguel en Foro (🔗)Chiesa di San Michele in Foro-, una enorme basílica católica romana construida sobre un antiguo foro romano. Posee una impresionante fachada con columnas y arcos que llegan hasta la parte más alta, coronada por una escultura del Arcángel Miguel matando un dragón, además de una torre campanario de base cuadrada.

Nuestra siguiente parada es la Plaza de Napoleón (🔗)Piazza Napoleone-, la más grande de la ciudad. Tiene una amplia planta rectangular y está salpicada de cafés y comercios donde pararse a descansar, tomarse un refrigerio y comer. Está flanqueada por grandes árboles bajo los cuales podremos sentarnos a la sombra y disfrutar del ambiente y el bullicio de esta parte de la ciudad. 

Esta plaza está relacionada históricamente con la familia Bonaparte, y en ella podremos observar una estatua de Elisa -hermana de Napoleón-, que gobernó esta ciudad durante los primeros años del siglo XIX.

En el lado oeste de la plaza se encuentra el Palacio Ducal que, con su imponente fachada salpicada de ventanas, fue el hogar de Elisa durante su gobierno.

Fotografía tomada de lucca.com

Y antes de finalizar nuestra visita aprovechamos, ya que nos pillaba de camino hacia el hotel, para pasar de nuevo por la Porta San Pietro, y observar desde fuera las murallas medievales (🔗), ahora con la luz natural de sol y con la cual pudimos observar mejor los detalles y la grandiosidad de la misma. Y efectivamente no defrauda. Grandiosa.

Tras ponernos de nuevo en carretera de camino a nuestro nuevo destino y dejar atrás Lucca, me voy con la sensación de haber descubierto una “joya oculta” para mí. Porque yo no conocía esta ciudad de nada antes de haberla visitado, quizá porque está algo eclipsada por la potente proyección internacional de sus vecinas Florencia y Pisa. En cualquier caso, Lucca es una ciudad maravillosa, bien conservada y merecedora de todo tipo de halagos. Por supuesto, con más tiempo hubiese sido lo ideal entrar en el interior de las iglesias,que sólo hemos visto desde el exterior, además de visitar lugares como el Palacio Ducal -su interior-, el Orto Botanico Comunale di Lucca y la subida a lo alto de la Torre Guinigi, entre otros. Quizá en otra ocasión…

Siguiendo con el itinerario previsto, nos dirigimos a la ciudad de Pisa (🔗). Y nuestra primera visita será, tras dejar el coche en una zona fuera del bullicio y el intenso tráfico del centro, a unos 25 minutos caminando, la archifamosísima Torre de Pisa.

Decepcionante. Vista en persona es más pequeña de lo que aparenta en fotografías, revistas, TV… y para mí, el interés real de esta torre, que no es otra cosa que la torre campanario de la Catedral de Pisa, es la inclinación de la misma, desafiando durante siglos las leyes de la física y manteniéndose en pie sin terminar de colapsar -eso sí, hay que considerar las atenciones y los esfuerzos de ingenieros y especialistas modernos de cara a mantenerla en su posición-. Si a esto añadimos que cuando llegamos al lugar eran casi las una de la tarde, en pleno mes de julio, un sol abrasador y una aglomeración de gente bestial alrededor del monumento -principalmente asiáticos-, que hacía tarea casi imposible sacar una fotografía decente, la visita no fue ni mucho menos agradable. Pero, aún dicho todo esto, la construcción merece todos mis respetos y llegué a observarla con admiración dado que se trata de una obra de entre los siglos XII y XIV, con todo el valor histórico que eso conlleva.

De la Torre de Pisa pasamos a la Catedral de Pisa, paseando por sus alrededores y observando y admirando sus imponentes fachadas repletas de arcos, columnas, ventanas y enormes puertas de entrada al templo. 

Y de aquí pasamos a ver el Baptisterio de Pisa, dedicado a San Juan el Bautista, frente a la catedral y en el extremo occidental de la Piazza dei Miracoli -nombre con el cual es conocida en el mundo la Piazza del Duomo (Plaza de la catedral)-. Se construyó entre los siglos XII y XIV. Es el baptisterio independiente más reconocido del mundo. Hay que añadir que el conjunto patrimonial de la plaza (🔗) -Torre, Catedral y Baptisterio- es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Tras comer algo en los alrededores de la plaza, lo cual dicho sea de paso, no recomiendo en absoluto dado que la relación calidad/precio es nefasta -aunque puede ser una solución si es muy tarde y necesitas comer y descansar tras salir de ese hervidero de gente-, nos dirigimos hacia el río Arno para contemplar de cerca la Iglesia de Santa María della Spina (🔗), pequeño edificio de planta rectangular construido en el siglo XIII y del que dicen es uno de los edificios góticos más destacados de Italia.

A escasos cinco minutos caminando por la rivera del Arno, nos encontramos con el Palazzo Blu (🔗), museo, centro cultural y galería de arte con obras creadas desde el siglo XIV hasta nuestros días. Su fachada de color azul y el arco de piedra a la entrada hacen que este edificio destaque de entre los que lo rodean. 

Aprovechando la zona en la que estábamos, nos fijamos con detenimiento en el río y los edificios que lo flanquean a ambos lados. Merece la pena echar un vistazo y yo me atrevería a decir que es incluso un punto de interés turístico por su belleza. 

A escasos metros del Palazzo Blu está el Ponte di Mezzo sobre el río Arno, puente en arco construido en el siglo XX en hormigón armado, piedra blanca de Verona y pórfido. 

Siguiendo en dirección norte y callejeando por el centro de la ciudad, vamos a la que es nuestra última visita en Pisa, la Piazza dei Cavalieri (🔗), que es, tras la Piazza del Duomo, la plaza más importante de la ciudad. En tiempos pasados llegó a ser el centro del poder civil, y en la actualidad es un centro de atracción cultural y estudiantil, en la cual se encuentran la sede central de la Scuola normale di Pisa, la Chiesa di Santo Stefano dei Cavalieri y varios Palazzos

Aunque lo pueda parecer, Pisa no es sólo su Torre Inclinada. Hay otras atracciones turísticas de gran belleza y dignas de ser visitadas y contempladas. También merece la pena dar un paseo tranquilamente por las calles de su centro histórico y observar las majestuosas fachadas de los grandes edificios que una vez fueron la residencia de poderosas familias pisanas. 

Dejando Pisa a media tarde y metiéndonos de nuevo en carretera, el siguiente destino sería el pintoresco pueblo de Volterra (🔗). Con un fuerte pasado etrusco y romano, su amurallado casco antiguo de laberínticas y estrechas callejuelas nos permite viajar en el tiempo y situarnos en la Edad Media, estimulando nuestra imaginación acerca de cómo sería la vida cotidiana en esas mismas calles varios siglos atrás. El Renacimiento ejerció una fuerte influencia en la localidad, principalmente arquitectónica, aunque las grandes y majestuosas construcciones de esta época no alteraron su aspecto medieval, constituyendo un armonioso conjunto urbanístico. Son conocidos su Teatro Romano, razonablemente bien conservado, y su Porta dell’Arco, de época etrusca. 

Tras esta rápida visita, salimos del pueblo para dirigirnos a la que fue nuestra última parada del día, San Gimignano (🔗), lugar además donde hareíamos noche. Muy similiar a Volterra en historia, también tiene pasado etrusco y romano y un casco histórico amurallado -el cual ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco-, famoso por albergar numerosas torres construidas por adineradas y poderosas familias medievales que competían entre sí intentando erigir el monumento más alto, símbolo de su poder. Estas torres, de las cuales se conservan quince de las setenta y dos torres que llegaron a existir y que han llegado a ser el símbolo internacional de San Gimignano, podían tener diferentes finalidades como hostales, graneros-almacenes, prisiones o incluso no tener ninguna función en absoluto -podía ser construida únicamente para demostrar el poderío y riqueza de la familia-. 

Antes de finalizar la jornada e irnos al hotel a descansar, cenamos en un local en la Piazza Della Cisterna y para el postre pedimos, como no podía ser de otra manera, los famosos cantuccini, uno de los dulces más famosos, típicos y apreciados de la gastronomía toscana. Es un bizcocho seco -y duro- con trozos de almendra y que se sirve cortado en rebanadas de aproximadamente un centímetro de grosor, acompañadas  del vin santo, un tipo de vino de postre italiano de sabor tirando a dulzón, en el cual puede mojarse el bizcocho. 

Después de disfrutar de este típico postre, nos dirigimos hacia la que dicen que es -llegó a ser galardonada como tal- la mejor gelatería del mundo. Sí, en San Gimignano, un pueblo en mitad de la Toscana rural. Un buen sitio para visitar y poder disfrutar de un helado (🔗) mientras paseamos por la plaza o las calles circundantes.

Y después de comernos el helado sentados tranquilamente y disfrutando, ahora sí, de la buena temperatura en uno de los grandes bancos de piedra de la Piazza del Duomo, nos dirigimos al hotel poniendo fin a esta larga, intensa e inolvidable jornada por las tierras toscanas. 

DÍA 4

Tras disfrutar de un buen desayuno a base de productos típicos de la tierra en el comedor del hotel, junto a una gran balcón cristalera que nos permitía admirar unos paisajes típicamente toscanos con sus campos de viñas, sus caminos hacia las casas campestres flanqueados a ambos lados por cipreses y a algún que otro lugareño en la lejanía haciendo las labores del campo, salimos del pueblo de San Gimignano hacia la ciudad de Siena (🔗), nuestro siguiente destino. 

Ubicada casi en el centro geográfico de la Toscana, tiene una intensa y convulsa historia entre la Baja Edad Media y el final del Renacimiento, con numerosos personajes históricos forjando su destino a lo largo de los siglos. La Siena de nuestros días es muy similar a la ciudad de los siglos XIII y XIV y su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco por considerarse que es la viva representación de una ciudad medieval. 

Su Universidad, fundada a mediados del siglo XIII y famosa por sus facultades de Derecho y Medicina, se encuentra entre las más famosas de Italia y hace de esta ciudad un importante centro cultural incluso a nivel internacional.

En nuestra visita, y tras dejar el coche en un aparcamiento de pago -es prácticamente imposible o muy difícil aparcar en Siena, especialmente en los alrededores de su casco histórico- nos vamos a dar un paseo por las estrechas e intrincadas callejuelas medievales del centro, lo cual nos brinda algunas de las maravillosas vistas por las que es famosa la ciudad.

Nos encaminamos hacia la Piazza del Campo (🔗), una de las plazas medievales más grandes y bellas que se conservan a nivel de Europa y es el eje en torno al cual gira la vida de la ciudad. En esta plaza se celebra el Palio de Siena, una famosa carrera de caballos que enfrenta a las contradas o distritos de la ciudad y tiene su origen en la Edad Media.

Estando en esta misma plaza, podremos observar el Palacio Comunal de Siena (🔗)Palazzo Pubblico-, construido aproximadamente entre finales del siglo XIII y principios del XIV como sede del Gobierno y que en la actualidad conserva esa misma función, dado que es la sede del Ayuntamiento de la ciudad. 

El Palazzo está unido a una hermosísima torre de ochenta y ocho metros de altura construida en ladrillo y mármol blanco, la Torre del Mangia (🔗), un campanario medieval que en el momento de su construcción llegó a ser una de las torres más alta de toda Italia y que se proyectó con la idea de que alcanzase la misma altura que el Duomo de Siena, símbolo de que Iglesia y Estado poseen el mismo estatus.

Tras salir de la plaza y disfrutar de una fabulosa comida a base de pizza, lasaña y prosciutto e melone en un restaurante escondido en una pequeña plazoleta, aislado del bullicio de la Piazza del Campo pero a escasos minutos andando de la misma, nos encaminamos hacia la majestuosa Catedral, el Duomo di Siena (🔗), de la cual dicen que es una de las iglesias más impresionantes que pueden verse en Italia. Se trata de un enorme e imponente edificio de estilo románico-gótico construido en el siglo XIII.
Su fachada principal es la armoniosa combinación de sus tres arcos, un enorme ventanal circular acristalado -rosetón-, varios mosaicos y un sinfín de esculturas y adornos capaces de hacer perder la noción del tiempo al observador que fije su atención en esta obra de arte. Las fachadas laterales y el campanario están adornados con franjas blancas y negras, los colores de la ciudad de Siena. 

El edificio es aún más famoso por su interior, del que dicen que visitarlo es una experiencia mística, albergando numerosas obras de arte, arquitectura e ingeniería. Lamentablemente no llegamos a entrar por motivos de tiempo -había una cola de gente considerable y la hora a la que estábamos no nos hubiese permitido hacer la visita que merece-, y esta es la gran espina que se me quedaría clavada de este viaje. 

Tras dejar atrás la belleza y los encantos de esta magnífica ciudad, nos dirigimos hacia nuestro próximo destino, disfrutando durante el viaje de las vistas que nos ofrecen los campos toscanos y los pueblos en la lejanía, con sus antiguas casas de fachadas de piedra y sus campanarios alzándose orgullosos, testigos durante siglos de la historia de esta legendaria región italiana.

Después de apenas una hora en coche llegamos a Montepulciano (🔗), un hermoso y típico pueblo toscano ubicado en lo alto de una pequeña colina. Se espléndido casco antiguo medieval está salpicado de elegantes palacios renacentistas, antiguas iglesias y bulliciosas plazas. Desde algunos de sus miradores se pueden disfrutar de algunas de las vistas más bellas que puede ofrecer La Toscana con los valles Val d’Orcia y Val di Chiana como telones de fondo. 

En primer lugar nos dirigimos al hotel (🔗), para dejar el coche, soltar el equipaje, ducharnos y descansar. Y nuestra sorpresa fue mayúscula cuando descubrimos el lugar: es un recinto enorme, que también contiene un Spa y un gimnasio el cual podemos disfrutar de manera libre y gratuita -entra dentro de los sesenta y cinco euros que pagamos-. Es tan grande que tenemos que coger el coche para ir desde la recepción hasta nuestra habitación, que dicho sea de paso no es una habitación: es una “casita” independiente con dos plantas que tiene un dormitorio, un sala de estar y un cuarto de baño, todos ellos enormes. Pero la cosa no acaba ahí. Junto a nuestra “casita” hay una piscina, desde la cual se puede disfrutar, a la vez que nos refrescamos y nos tumbamos al cobijo de las sombrillas, de unas vistas realmente espectaculares y maravillosas ya no solo del pueblo de Montepulciano, que se alza junto al hotel, sino también de los campos toscanos que nos rodean. Y la casualidad quiso que esa tarde estuviésemos solo nosotros allí, en aquella zona del hotel, con lo cual tuvimos la piscina, las tumbonas, las sombrillas, las fantásticas vistas… todo el conjunto para nosotros solos. Increíble. De todos los alojamientos en los que estuvimos durante el viaje, este fue, con mucha diferencia, el mejor de todos. Relación calidad/precio francamente espectacular.

Después de esta experiencia totalmente inesperada nos dirigimos, paseando tranquilamente, hacia el pueblo, donde visitamos una bodega en la cual compramos el famoso Vino Nobile di Montepulciano (🔗), cenamos pizza y disfrutamos de los famosos dulces típicos de la zona. Además, nos dio tiempo a pasear por la Piazza Grande y asomarnos a uno de sus miradores para deleitarnos con las espectaculares vistas de los valles toscanos. 

Y para poner fin a esta jornada, que sin duda fue la mejor de todo el viaje, nos encaminamos tranquilamente al hotel disfrutando de la agradable temperatura de la noche y pasando otro rato -el último- en la piscina, donde una vez más nos brindó unas vistas mágicas…

DÍA 5

Tras levantarnos y desayunar en el hotel -tuvimos que coger el coche para poder ir al comedor desde nuestra “casita”, dada la enormidad del recinto-, recoger nuestro equipaje y hacer el check out, nos dirigimos, no sin pena por tener que dejar el lugar, hacia la última ciudad que visitaríamos en el viaje. 

Con una población de más de 350.000 habitantes, Florencia (🔗) es el centro histórico, artístico, económico y administrativo de La Toscana. Llegó a ser la capital de Italia durante un corto periodo del siglo XIX y durante la Edad Media fue un importante centro -a nivel internacional- económico, financiero y cultural. Bajo el dominio de la famosa y poderosísima dinastía de los Médici (🔗) conoció su época de mayor esplendor y proyección. 

En Florencia se originó, durante la segunda mitad del siglo XIV, el movimiento artístico denominado Renacimiento, y es considerada por muchos como una de las cunas mundiales del arte y de la arquitectura, así como también una de las ciudades más hermosas del mundo. No en vano, su centro histórico es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (🔗) y en él pueden admirarse obras de reconocido prestigio internacional en los campos de la ingeniería y la arquitectura, así como obras de arte de primer nivel en cualquiera de los numerosos museos que podemos encontrarnos paseando por sus calles.

Ante tal perspectiva que se nos ofrecía, estábamos deseosos de visitar tan magnífica ciudad. Así que sin demorarnos demasiado, llegamos al hotel, soltamos el equipaje y nos dispusimos a sacar el máximo provecho a las dos jornadas que nos esperaban en ella. El DÍA 5 lo dedicaríamos a pasear tranquilamente por los puntos más destacados de la ciudad, sin prisas, parando a comer, a tomarnos algo en los innumerables cafés repartidos por todo el centro y sobre todo a admirar la grandiosidad monumental realmente merecedora de la proyección internacional que ejerce. 

Nos encaminamos en primer lugar hacia la Piazza del Duomo (🔗), donde podemos admirar la imponente la plaza y sobre todo, la grandiosidad y majestuosidad de la Catedral de Santa María del Fiore (🔗) y de su famosa cúpula, diseñada por el genial Filippo Brunelleschi y aún hoy en día un misterio para los ingenieros y arquitectos modernos, por no saberse exactamente cómo fue construida ni qué técnicas se emplearon para erigir tamaña obra en pleno siglo XV, sin los medios ni los conocimientos que poseemos actualmente.

Después de estar boquiabierto un buen rato observando el edificio, y en especial su maravillosa cúpula, de la cual pienso personalmente que es una obra sublime que fusiona de manera majestuosa el arte y la ingeniería, nos dirigimos a la Piazza della Signoria (🔗), la mayor plaza de Florencia donde se encuentra, entre otros lugares de interés, el Palazzo Vecchio, sede del Ayuntamiento de la ciudad, y varias fuentes ornamentales y esculturas repartidas por la plaza, todas ellas de gran belleza.  

Continuamos nuestro recorrido hacia la Piazza di Santa Croce (🔗), una amplia y bulliciosa plaza de planta rectangular famosa por albergar la Basílica de la Santa Cruz, una hermosa basílica erigida durante el siglo XIII.

Captura de Google Maps

Tras salir de la plaza nos dirigimos hacia la que sería nuestra siguiente visita, el Forte di Belvedere, encontrándonos por el camino y de casualidad, la que un día fue la casa del famoso físico y matemático Galileo Galilei en Florencia -en realidad nunca vivió allí de forma permanente, sino solo para estancias muy cortas de tiempo- y que hoy es una casa museo dedicada a esta importante figura de la ciencia.

Y después de callejear superando varias cuestas bastante empinadas -a esto hay que añadirle que eran más o menos las cuatro de la tarde, en julio, con más de 30 grados a la sombra…- llegamos por fin al Forte di Belvedere (🔗). Es una construcción militar, ubicada en lo alto de una colina dentro de los terrenos de los Jardines de Bóboli. Con vistas al río Arno, se cree que fue construido a propósito en este lugar para reforzar el que pudo ser uno de los puntos débiles de las murallas que envolvieron completamente la ciudad de Florencia. Desde aquí disfrutamos de unas espectaculares vistas de la ciudad y se dice que el mismísimo Galileo Galilei estudió las estrellas y los planetas desde el Forte di Belvedere.

Y desde aquí nos dirigimos al que es, posiblemente, el mirador más famoso de Florencia, la Piazzale Michelangelo (🔗). Fue construida en plena remodelación urbanística de la ciudad, durante su corto periodo como la capital de Italia en el siglo XIX. Está dedicada al famoso artista renacentista Miguel Ángel y contiene réplicas de algunas de sus obras más famosas, como el David

Luego de haber disfrutado de unas fantásticas vistas de la ciudad, donde cómo no, el elemento protagonista es la Catedral y su maravillosa cúpula, nos dirigimos hacia el Ponte Vecchio (🔗) sobre el río Arno, uno de los iconos de la ciudad y uno de los puentes más famosos del mundo. Su actual diseño es medieval del siglo XIV y desde entonces ha albergado tiendas y una gran actividad comercial. En la actualidad, la mayoría de los comercios son joyerías y relojerías, algunas de ellas muy exclusivas.  

Para conectar el Palazzo Vecchio (🔗) -sede del Gobierno de Florencia- con el Palazzo Pitti -residencia de la familia Médici, a su vez gobernantes de la ciudad- el Gran Duque Cósimo I de Médici ordenó la construcción del corredor superior, adquiriendo de este modo el aspecto que tiene en la actualidad. 

A diferencia de todos los demás puentes, el Ponte Vecchio fue el único de Florencia que no demolieron los alemanes tras su retirada de Italia durante la Segunda Guerra Mundial. 

Tras caminar por los alrededores del puente, cruzarlo y admirar lo curioso de este monumento, nos dirigimos hacia el que sería el último lugar a visitar durante ese día, la Piazza di Santa Maria Novella (🔗), en la cual está la famosa Basílica de Santa María Novella (🔗), iglesia construida entre los siglos XIII y XV y considerada Patrimonio de la Humanidad. En su interior alberga la Farmacia de Santa María Novella (🔗), la farmacia más antigua de Europa que data del año 1221 y que todavía hoy sigue activa.

Fotografía tomada de www.visitflorence.com

Y para finalizar este día, antes de irnos al hotel decidimos dar una vuelta sin rumbo fijo, sólo callejear por el centro histórico de Florencia. Paramos a cenar y optamos por un plato de pasta especialidad del chef, que consistía en unos espaguetis en salsa de tomate natural condimentada con especias y con unas bolas de carne similares a las albóndigas y que fue el mejor plato de pasta que comí durante todo el viaje. Y después, fuimos a por nuestro postre a Magnum Firenze, donde pudimos hacernos un helado personalizado eligiendo tipos de chocolates y guarniciones.

Y terminado nuestro postre, nos encaminamos tranquilamente hacia el hotel, poniendo así fin a esta jornada intensa y llena de sensaciones y con la idea de descansar y coger fuerzas para la que sería otro día de visitas y nuevas experiencias.

DÍA 6

Tras darnos una relajante ducha y disfrutar de un buen y consistente desayuno, nos encaminamos de nuevo hacia el centro histórico de Florencia. Para este día, habíamos contratado una visita guiada que incluía un paseo por esta parte del casco urbano y además una visita a dos de los más importantes museos de la ciudad: la Galleria della Accademia y la Galleria degli Uffizi.

Aunque gran parte de lo que sería mostrado durante toda la visita ya lo habíamos visitado por nuestra cuenta el día anterior, en mi opinión siempre es recomendable llevar un guía porque de este modo es más fácil entender el origen y el por qué del monumento, la obra de arte… además de que se aprenderán numerosas y curiosas anécdotas que de otro modo es probable que no lleguemos a conocer en absoluto. 

El punto de encuentro es en la puerta de entrada de la Galleria della Accademia. El guía es un hombre italiano, florentino para más señas, de mediana edad y la verdad, un tío muy majo y con vastos conocimientos acerca de la historia de su ciudad. 

La visita empieza aquí, en la Galleria della Accademia (🔗), donde entramos con preferencia por tener concertada la guía y en su interior podemos contemplar el majestuoso e increíble David de Miguel Ángel. Una obra escultórica digna de ser admirada con detenimiento dado los detalles tan conseguidos que pueden apreciarse en todo el conjunto. Pero no sólo está el David, muchas otras obras de arte pueden verse en las grandes salas de la Galería, algunas de renombrados artistas del Renacimiento.

Después de visitar esta Galería nos dirigimos al centro, hacia la Piazza del Duomo, donde nuestro guía nos habló largo y tendido acerca de la misma, de la Catedral y de su cúpula, continuando más tarde por las calles circundantes y haciendo de vez en cuando una parada en algún punto singular para explicarnos su historia y los motivos por los que merecía nuestra atención. Tras una parada para comer -nosotros optamos por comer en un lugar magnífico, comida italiana relación calidad/precio fantástica y además a escasos cinco minutos andando de la Piazza del Duomo– reanudamos el recorrido, afrontado la última parte de esta jornada.

Nos encaminamos hacia la Piazza della Repubblica (🔗), una enorme plaza de planta rectangular situada en pleno Centro Histórico de Florencia y el resultado más notable de la remodelación urbanística de la ciudad cuando ésta pasó a ser la capital de Italia durante el siglo XIX. La entrada al recinto es un enorme arco triunfal integrado en una monumental fachada, flanqueado a ambos lados por pórticos de menor tamaño.

Nuestra siguiente parada sería la Piazza della Signoria, en la que sumergidos en el bullicio de la misma, el guía nos explicaría la historia y algunas curiosidades del que fue -y aún hoy sigue siéndolo- el centro de poder de la ciudad.

El siguiente lugar a visitar fue la Galleria degli Uffizi (🔗), palacio-museo que contiene una de las colecciones de arte más afamadas, antiguas e importantes del mundo. Es, además, una de las pinacotecas más visitadas de Italia. Esta Galería alberga obras de arte de autores como Leonardo da Vinci, Botticelli, Filippo Lippi y su hijo Filippino Lippi, Miguel Angel Buonarroti, Rafael Sanzio, Tiziano… Un verdadero lujo y un auténtico paraíso para cualquier historiador del Arte.

Y por último nos encaminamos hacia el último lugar que entra dentro del itinerario, el Ponte Vecchio, ya visitado el día anterior pero que, como ya pasó anteriormente, el guía se encargó de contarnos su historia con más detalle y algunas anécdotas curiosas acerca de esta asombrosa estructura.

Y como siempre ocurre en todos los viajes, llega el momento de ponerle fin quedando lugares de gran interés por visitar, ya sea por falta de tiempo o por otras circunstancias. Aquí en Florencia nos ocurrió con, por ejemplo, la Catedral de Santa María del Fiore, a la que no llegamos a entrar debido a la cola monumental de gente -principalmente asiáticos- que había esperando, y con la Basílica de Santa María Novella, la cual alberga la farmacia más antigua de Europa, entre otros.

DÍA 7

Tras levantarnos, desayunar y meter las maletas en el coche, hicimos el check out en el hotel con la idea de ponernos en camino pronto y llegar a Montepellier lo antes posible, dado que al igual que en la ida, haríamos noche en el camino de vuelta en el mismo hotel. El viaje pasó tranquilo y sin incidentes, mejor climatología y para nuestra fortuna, sin grandes atascos o retenciones. No así en el sentido contrario a la altura de Niza, donde pudimos ver que a causa de un accidente había una retención de, me atrevería a decir, decenas de kilómetros. A la altura de la ciudad de Génova, aún en Italia, pasamos por el tristemente célebre Puente Morandi, el cual menos de un mes después de que nosotros mismos lo cruzásemos en nuestro camino a Francia, colapsaba una sección de más de doscientos metros de longitud, derrumbándose. Las consecuencias de aquello son de sobra conocidas.

DÍA 8

Madrugando y tomando nuestro acostumbrado desayuno en el hotel, nos pusimos de nuevo en camino, transcurriendo el viaje con total normalidad y tranquilidad hasta que sobre las once de la noche, poco más o menos, llegábamos a nuestro destino después de ocho días de viaje, de los cuales cuatro días y medio los habíamos pasamos recorriendo La Toscana, esa tierra mágica con tanta historia y tradición que tantas maravillas puede ofrecer al visitante, ya sea en sus zonas rurales o en sus grandes ciudades.